Aguascalientes, México, Sabado 18 de Noviembre de 2017
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Carlos Santamaría, un solitario en bicicleta

Fotografía cedida por Editorial Planeta del 8 de septiembre de 2017, donde se muestra al ciclista Carlos Santamaria mostrando su libro 'La ruta que cambió mi vida', en Ciudad de México (México). Ahora que escribió un libro para contar cómo recorrió América en bicicleta durante 117 días y cinco horas, el mexicano Carlos Santamaría saca en cuenta que si logró la proeza considerada "Récord Guiness" f (EFE)
10/09/2017 12:30:02 México, 10 sep (EFE).- Ahora que escribió un libro para contar cómo recorrió América en bicicleta durante 117 días y cinco horas, el mexicano Carlos Santamaría saca en cuenta que si logró la proeza considerada "Récord Guiness" fue por su tendencia a aislarse.
"Me gusta la soledad, en mi vida cotidiana estoy solo y me ayudó mi tendencia a quedarme conmigo mismo", dijo en entrevista a Efe el deportista de 25 años.
Santamaría, originario de San Luis, fue un buen peleador de taekwondo que llegó a compartir entrenamientos con los campeones olímpicos mexicanos Guillermo Pérez y María Espinoza, pero un día supo que no iba a llegar tan lejos como ellos y dio un giro a todo.
Su historia en el ciclismo empezó cuando tomó prestada la bicicleta de su abuelo y pedaleó sin rumbo fijo, su buena preparación y una disciplina de asceta heredada del entrenador español Ireno Fargas en los tiempos del taekwondo, le permitieron llegar pronto a 100 kilómetros y en unos meses triplicó esa distancia.
"Una tarde le dije a mis padres que me iba de San Luis a Acapulco, mi cuerpo se adaptaba cada vez mejor, pero la idea del recorrer de Alaska a Argentina vino después", asegura.
Con 85 kilos de peso, el mexicano no es el típico rutero fuerte y fibroso pero de constitución delgada y a veces pequeño de estatura. Es probable que por eso nunca hubiera sido un buen ciclista profesional, pero la dificultad de no tener el físico ideal se rindió ante su perseverancia y su insistencia en ver la apuesta, no como un sacrificio, sino como acto de alegría.
"Cuando me entrenaba con Fargas si llegaba tarde no podía entrar al entrenamiento; al salir del taekwondo mantuve la disciplina y eso ayudó. A veces, como en la zona desértica de Perú, me pregunté qué hago yo aquí y en otras sentí miedo, pero nunca me pasó por la meta rendirme", observa.
El libro de Santamaría cuenta las penurias de chico que viajó de Alaska a Colombia acompañado por un carro, pero después siguió acompañado por sí mismo y por sus obsesiones entre ellas la de llevar poco peso en su equipaje.
"Fue algo que cuidé de una manera metódica, busqué ponerle llantas ligeras a mi bicicleta y en la parte final solo que quedé con la ropa que llevaba puesta para no cargar peso", confiesa.
Casi todas las buenas historias de su hazaña están resumidas en su libro "La ruta que cambió mi vida", publicado por la editorial Planeta. Ahí cuenta las carencias materiales, su encuentro con un oso, cómo estuvo a punto de parar en el hospital y de malograr el récord por el ataque de una avispa y cómo se paseó por los terrenos de la agresiva Mara Salvatrucha del Centroamérica.
Sin embargo hay cuentos que quedaron fuera, algunos simpáticos o de corte humano, como el que le sucedió en Montana, Estados Unidos, donde se encerró en el baño de una cafetería luego de varios días sin bañarse y con agua del lavabo y el jabón de manos se hizo un aseo "de gato" que cambió sus olores.
"No sé si hubiera podido correr en el Tour de Francia, llegué tarde al ciclismo y los profesionales empiezan desde temprano. Esta vez seguí mi pasión y como pasa cuando lo hago, salieron los buenos resultados", señala.
Carlos Santamaría, estudiante de Ingeniería Física cree que su vida es como un viaje largo en bicicleta y lo asume kilómetro a kilómetro sin preocuparse por el futuro.
"Si miras adelante ves la carretera y con frecuencia te sientes chico pero cada pedaleo es un menos hacia la meta", dice y parece referirse no solo a su deporte sino al hecho de asumir la vida como un aventura en la que como consecuencia de la pasión, a veces llegan los récords.
EFE