Usuario Api Rest14/06/20195min50

Élites mayas participaban en grandes eventos públicos en Teotihuacan

Fotografía cedida este jueves, por la Revista Arqueología Mexicana, que muestra parte de la excavaciones en la Plaza de las Columnas, en la zona arqueológica de Teotihuacán (México). EFE/INAH/Revista de Arqueología Mexicana/SOLO USO EDITORIAL / NO VENTAS

México, 13 jun (EFE).- Élites mayas participaron en grandes eventos públicos en Teotihuacan, de acuerdo con recientes hallazgos que demuestran que la relación entre las culturas teotihuacana y maya es más antigua que lo que se pensaba, informó este jueves el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México.
Como parte del ciclo de conferencias “La arqueología hoy”, que se realiza en El Colegio Nacional, se presentaron los avances del Proyecto Complejo Plaza de las Columnas, encabezado por el arqueólogo japonés Saburo Sugiyama, de la Universidad Estatal de Arizona y Universidad Prefectural de Aichi (Japón).
En la conferencia “Descubrimientos recientes en Teotihuacan: excavaciones en la Plaza de las Columnas”, la antropóloga Nawa Sugiyama, de la Universidad de California-Riverside, detalló los avances de este proyecto realizado por un grupo multidisciplinario e interinstitucional.
Sugiyama dio a conocer cuatro casos de hallazgos que demuestran que las élites mayas participaron en grandes eventos públicos en la Plaza de las Columnas de Teotihuacan antes de “La Entrada”, evento relatado por el epigrafista Davis Stuart a partir de su estudio de la Estela 31 de la ciudad maya de Tikal, en Guatemala.
De acuerdo con el relato de Stuart, el 14 de enero del año 378 d.C., Siyaj K’ak’, emisario del rey teotihuacano Átlatl-Cauac (Búho Lanzadardos) llegó a Tikal, en el día en que murió el gobernante de esa ciudad maya, Chak Tok Ich’aak.
Este evento daba testimonio de lo que se consideraba las primeras interacciones entre ambas culturas.
El primer hallazgo citado por Sugiyama que cuestiona esa cronología es el de más de 2.400 restos de esqueletos humanos localizados en lo que se ha llamado Ofrenda A1. Entre los restos hay dientes con incrustaciones y otros con la corona dental limada y afilada intencionalmente.
Sugiyama destacó que al menos tres cráneos muestran una deformación craneal de tipo tabla recta, algo muy significativo ya que este tipo de alteración y las mutilaciones dentales no eran comunes en Teotihuacan, sino en el área maya.
Actualmente, estos restos óseos son analizados para determinar su procedencia.
El segundo hallazgo es un gran depósito de cerámica denominado Ofrenda D1, posiblemente los restos de un gran festejo. Se registraron 3.500 huesos, la mayoría de animales, y más de 10.000 tepalcates (vasijas) cerámicos rotos, probablemente destruidas como parte de un ritual.
Se identificaron diversos tipos de loza foránea con distintos elementos iconográficos, entre ellos los relacionados con la cultura maya.
Los restos de fauna recuperada demostraron que se sirvió un banquete compuesto principalmente de conejos y codornices. Asimismo, el análisis paleobotánica identificó productos como la yuca y el tabaco, entre los productos exóticos que fueron traídos de tierras lejanas a la gran fiesta.
“Dichas fiestas son escenarios para la interacción y dinámica en la construcción de alianzas, en negociaciones de poder y en la construcción de la identidad social. Estos datos del consumo ritualizado revelan las estructuras sociopolíticas y simbólicas subyacentes de una sociedad”, comentó la antropóloga.
Por otro lado, se halló una concentración de fragmentos de muros con pintura mural de estilo maya, demolidos intencionalmente, de los cuales se recuperaron más de 1.000 fragmentos que aún están en proceso de limpieza, restauración, escaneo y documentación.
Otro hallazgo, que es conocido como Ofrenda D4, incluye piezas líticas asociadas a elementos marinos y restos de animales sacrificados, entre ellos un mono araña, especie que no es nativa de la región centro de Mesoamérica y cuyo hábitat natural está ubicado más hacia el sur. Se está determinando su origen.
“Los datos de fechamiento por radiocarbono de la Plaza de las Columnas requiere de una cronología refinada de las interacciones entre Teotihuacán y los mayas, marcada por dos periodos: el Temprano, con el que fechamos la Ofrenda A1, entre 300 y 350 d.C., y otro, que es el Tardío, cuando destruyeron los murales mayas, que fue en algún momento entre 350 y 450 d.C.”, indicó Sugiyama.

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