Aguascalientes, México, Domingo 23 de Septiembre de 2018
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El Reportaje: No llegan los derechos para ellas

Las empleadas domésticas siguen sin gozar de derechos laborales. (Hidrocálidodigital )
14/03/2018 12:31:10

MERCEDES


Para llegar hasta aquí, Mercedes ha tenido que transitar por un largo sendero. Un camino en el que se topó, al igual que el 10.88 por ciento de la población femenina de Aguascalientes, con el rostro más severo de un trabajo remunerado: la humillación, el acoso, la esclavitud y la explotación.

Mercedes forma parte de este porcentaje de mujeres que se dedican a las labores domésticas remuneradas, una actividad a la que también, por increíble que parezca, se han sumado hombres que no tienen otra posibilidad de trabajo más que atender las necesidades de hogares que no son los suyos.

Desde sus nueve años de edad, Mercedes, conoció la necesidad y el hambre, dos factores que la llevaron a internarse en un hogar que no era el suyo con la finalidad de ayudar a su madre económicamente. Desde esa edad trabaja y siempre, se ha dedicado a lo mismo.

De pequeña, porque no existía posibilidad de que fuera contratada y mucho menos, que recibiera un esquema de protección, seguridad y prestaciones en un empleo, y ahora, ya superando el medio siglo de vida, para garantizar que sus hijos no sientan tanto la ausencia de una madre. El trabajo de medio tiempo, le va bien.


MARÍA


La historia de María como empleada de un trabajo en el que el 98 por ciento de quienes lo desempeñan día con día no cuentan con ningún esquema de Seguridad Social, mucho menos con atención médica y prestaciones del IMSS, aguinaldo, vacaciones y la posibilidad de comprar una casa vía INFONAVIT, empezó a sus escasos 8 años de edad.

Cuando apenas tenía ganas de jugar en sus ratos libres, María no podía hacerlo, tenía otras obligaciones “importantes” como cuidar a una señora conocida de su mamá.

“Ahorita ya me gusta mi trabajo, en aquel entonces no, yo decía que no era para mí, pero con el tiempo he aprendido a valorar, y el tiempo también me recompensó, hoy trabajo para una familia muy bonita que me trata siempre bien. No se acuerdan de mi cumpleaños, pero estoy contenta”.

A veces, las trabajadoras domésticas ni siquiera son para quienes las contratan, seres con identidad, ni sus nombres llegan a conocer o es frecuente dato de olvido.

Para María, lo más cruel de su historia llegó cuando todavía no tenía la mayoría de edad. Fueron años de mucha angustia, fue acosada y víctima de abuso por parte de su empleador. Una historia que prefiere olvidar, el tiempo, le hizo perdonar.

“He tenido suerte, sólo a mis trece y catorce años pasó algo que marcó mi vida. El señor me atacó, esto te marca para toda la vida”.

“Yo no cambiaría mi vida, a pesar de todo. Hay casos peores que el mío, a mi amiga, hace unos días su patrona le pegó. Neurótica la acusó de robo”, una acusación que con frecuencia enfrentan quienes a esto se dedican, al grado de ser, en algunas casas, requisito indispensable el abrir bolsas y paquetes personales antes de terminar la jornada laboral.


ANGÉLICA


Sobre Angélica recaen todas y cada una de las obligaciones económicas de su hogar, su esposo desde Estados Unidos poco hace por la familia que algún día, decidieron formar.

Recibió 150 pesos por trabajar en una casa en la que de inicio, serían pocas las actividades a realizar, pero, como en la mayoría de los casos, a través del tiempo “se ofreció” lavar, planchar y cocinar, todo, por el mismo precio.

Tiene cuatro hijos, una de ellas, siendo menor de edad, ya se convirtió también en mamá, llegando una boquita más para alimentar con 250 pesos diarios repartidos entre todas las necesidades de su hogar.

 

Sandra Macías
Redacción