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Miércoles, 5 de Agosto de 2020

Fue un placer

Lo pensé más de dos veces, pero creo que hubiera sido una descortesía irme a la francesa: sin despedirme.

Terminan aquí, en estas líneas, treinta y nueve años de historia entre este diario y el que escribe –o escribía-; ¿las razones? Digamos que, como siempre sostuve, no existen las eternidades y que esto algún día iba a terminar.

En la puerta del diario, donde saldré por última vez, me encontraré al joven aquel de 16 años que llegaba por primera vez a trabajar, sin tener ninguna noción de futuro. Nos veremos a los ojos, y no sé si sea la respuesta de mañana que esperaba aquel tipo que fui. Ojalá no me pregunte que le tiene el futuro, porque entonces bajaré la vista y le diré: ‘qué sé yo, ¡déjame en paz!’

No diré mucho más y como suelo hacer siempre cuando hay que repartir culpas, la ruindad se las dejo a otros, a mí no me cabe en los bolsillos; me voy en paz.

En los ojos de quien me leyó alguna vez fue que cree el espejo donde yo me fui creando, donde hilé las frases de lo que ha sido mi vida: mis sueños, mis tristezas, mis días luminosos y aquellos días oscuros. Fue un verdadero placer.

Como quien sube a un barco, veo desde la cubierta cómo se desdibujan los contornos de esa patria mía que levanté con mis palabras; pronto me dirigiré a la proa para intentar adivinar el futuro.

Fue un verdadero placer.

Redacción

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