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Martes, 14 de Julio de 2020

La obsesión permanente por alcanzar la felicidad suele hacernos caer en la depresión.
Foto: Hidrocálidodigital

La obsesión por la felicidad trae efectos contrarios

Aguascalientes.- La búsqueda interminable de la felicidad está provocando en muchas personas un efecto contrario de presión y de ansiedad, esto al no lograr alcanzar lo que les vendieron tras recurrir a todo tipo de...

Aguascalientes.- La búsqueda interminable de la felicidad está provocando en muchas personas un efecto contrario de presión y de ansiedad, esto al no lograr alcanzar lo que les vendieron tras recurrir a todo tipo de fórmulas de autoayuda, incluso en el sector salud se está acudiendo a tratamientos con estos estándares para ayudar a pacientes con depresión o cualquier otro problema mental, de acuerdo a un estudio realizado por la Escuela de Psicología de la Universidad Cuauhtémoc.
La denominada “happycracia”, que es entendida como la búsqueda de la felicidad, ha obligado a muchas personas a recurrir a libros de autoayuda, cartas astrales, entre otros, que lamentablemente, en vez de permitirles alcanzar la felicidad, han logrado un efecto contrario.
Lamentablemente, por décadas se ha obligado a la población a “ser feliz” con ciertas rutinas, como viajar por el mundo, tener determinado tipo de cuerpo, tener el celular último modelo, entre otros, persiguiendo todos el mismo ideal de felicidad.
Andrea Berrones Moreno, integrante de la Escuela de Psicología de la Universidad Cuauhtémoc, mencionó que en esta búsqueda impuesta de la felicidad, irónicamente, se está logrando el efecto contrario: una angustia provocada por la presión, por la ansiedad de no poder alcanzar lo que les vendieron tras recurrir a todo tipo de fórmulas de autoayuda.
Las tecnologías para medir nuestro estado de ánimo y nuestras emociones están al servicio de los intereses económicos y políticos. Son una mercancía más, comercializada con distintos envoltorios. Si la búsqueda de la felicidad es insaciable, es lógico que ahí esté un negocio multimillonario.
Lo peor del caso es que en innumerables ocasiones hemos visto en el sector salud y, concretamente, en la salud mental, que la efectividad de un tratamiento psicológico utiliza básicamente los mismos estándares impuestos por la denominada “happycracia”.

Redacción

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