Aguascalientes, México, Sabado 25 de Marzo de 2017
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08/03/2017 |
El Estado ya no lo es todo

 

No es novedad que el Estado utilice su poder para coaccionar a sus enemigos. O mejor dicho, no es novedad que los gobernantes utilicen su poder para amedrentar a quienes les estorban.

Según Moisés Naim el poder se ejerce a través de cuatro canales. El primero es la fuerza o coacción que la puede utilizar la policía, el ejército, un cártel de la droga o cualquiera que sea bueno para los golpes. El segundo es el código el cual se manifiesta a través de las costumbres, las tradiciones y la moral. Aquí no se utiliza la coacción, ”el código activa nuestro sentimiento de obligación moral”, dice el autor. El tercer canal es el mensaje. Este es el tipo de poder que utilizan los verdaderos líderes. Convencen con su carisma, con argumentos, o con una buena campaña de publicidad. ”El poder canalizado a través del mensaje es la capacidad de persuadir a otros y hacerles ver la situación de tal forma que se sientan impulsados a promover los objetivos o intereses del persuasor”, señala Naim. El ultimo canal es la recompensa. Haz esto y yo te doy aquello. Hago esto para que me pagues tanto. Hago tal para que me asciendas en el trabajo. Hago tal para que me regales algo. Creo que este canal no necesita de mayores explicaciones.

Concentrémonos brevemente en el primer canal de poder: la coacción o la fuerza. Se supone que en México, y en la mayoría de los países del mundo, el Estado ejerce el monopolio de la violencia o de la fuerza. Solamente el Estado tiene el derecho de coaccionar a alguien si ese alguien no cumple o viola la ley. Pero en los hechos la coacción es utilizada por muchos que no pertenecen al Estado para alcanzar sus propios objetivos. El ejemplo más claro en México es el crimen organizado.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando el Estado, que tiene ese monopolio, se extralimita en sus facultades?, ¿qué sucede cuando alguien es aplastado por la fuerza del Estado, no por violar la ley o evadir ciertas normas, sino por serle incómodo a algún funcionario o gobernante?

Hace siglos, cuando el poder del Estado era absoluto, ser enemigo de un monarca o de un funcionario poderoso era un suicidio. En aquellos tiempos no existían contrapesos y el poder, como ya dije, era absoluto. No hay que irnos muy atrás. Todavía en el México del siglo XX el Estado en nuestro país imponía su propia agenda a través de la fuerza y a sus enemigos los aplastaba. Esa fue la forma por medio de la cual el PRI gobierno logró mantenerse tanto tiempo en el poder.

Pero las cosas han cambiado. Y si no lo creen compren y lean con detenimiento el libro ”El fin del poder” del autor al que ya hice referencia, Moisés Naim.

Daré algunos ejemplos aislados para demostrar cómo los gobernantes ya no son lo que eran antes. Primero están los contrapesos dentro del mismo Estado. Ahí está el Congreso y la Corte Suprema de Estados Unidos que, cuando se lo proponen, son capaces de bloquear prácticamente en todo al que se supone es el hombre más poderoso del mundo libre. Aquí mismo en México tenemos al Poder Judicial de la Federación, que se ha convertido en los últimos años en el poder que le pone freno a las ambiciones autoritarias de los Ejecutivos, incluido el federal. ¿Y fuera del Estado? Estos son los contrapesos que más me gustan.

Todos los días aparecen cualquier cantidad de micropoderes capaces de coartar el actuar de todo un Estado por muy grande, rico y poderoso que éste sea. Hoy mismo, mientras escribo esto, se da a conocer que Wikileaks está llevando a cabo la mayor filtración de documentos clasificados de la CIA. ¡De la CIA! Un grupito de hackers poniendo en jaque a la agencia de inteligencia más poderosa y sofisticada del mundo.

Hace no muchos años otro genio de la informática, Snowden, espantado por ver lo que su gobierno hacía, se las arregló y sacó a la luz miles y miles de datos de la hasta ese momento impenetrable NSA (Agencia de Seguridad Nacional).

Hay más. Medios de comunicación libres capaces de poner en jaque a gobernantes corruptos o abusivos (véase el ejemplo de Donald Trump), periodistas independientes que por sí solos pueden con todo un aparato estatal (Aristegui aunque a muchos les caiga mal), influencers o youtubers, la mayoría de ellos menores de 30 años, que con toda libertad desnudan los excesos del poder, ONG'S con agenda propia que no dejan respirar al gobierno, las redes sociales que han cambiado la forma de entender la comunicación, corporaciones o emprendedores que no se dejan amedrentar por nada ni por nadie etcétera, etcétera.

¿Que cómo terminará esto? No tengo la menor idea. Pero lo cierto es que conforme pasan los días, gracias a la tecnología, a la innovación, a las redes sociales, y a la presión individual y social, el poder absoluto que en antaño los gobernantes ejercían se va mermando. Esto, en un país tan corrupto como el nuestro, en el que se abusa tanto desde el poder estatal a través de las policías, de las agencias de inteligencia, de las procuradurías, de Hacienda, etcétera, es una excelente noticia para los ciudadanos que ya no están a merced de los caprichos de los gobernantes o burócratas. El ejemplo más claro lo vimos, y lo escribí aquí, hace una semana. El caso de las tres indígenas: mujeres, pobres e indígenas (un triple pecado en México), que después de años de lucha, lograron que la dizque todo poderosa PGR tuviera que pedirles disculpas por haberlas procesado injustamente. Me quedo con la frase que dijo la hija de Jacinta a la que ya hice referencia hace dos semanas: ”nos chingamos al Estado”. 

No veo lejano el día en que los papeles se revierten y estos micropoderes logren someter a los gobiernos y a los políticos corruptos. Ese día estaremos del otro lado.
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