Aguascalientes, México, Viernes 25 de Julio de 2014
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Juan Manuel Ponce Sánchez

23/07/2014 |
Ya de niño su papá, que era trabajador de la empresa textiles San Marcos, se dirigía a él como licenciado. Fue el mayor de siete hermanos de una familia numerosa que apenas y tenía lo necesario para vivir bien. Con mucho esfuerzo el jerarca de la familia, que luego combinó su trabajo de obrero con el de comerciante, logró que su primogénito completara sus estudios hasta licenciarse, Cum Laude, como abogado en la quinta generación de Derecho de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, su Alma Máter.

Juan Manuel Ponce Sánchez nació en esta ciudad el 5 de octubre de 1964. A los siete años de edad, a la vez que estudiaba la primaria, comenzó a trabajar al lado de su progenitor, a quien acompañaba a ferias y tianguis dentro y fuera del Estado a vender diversos productos.

Y así fue hasta que ingresó a la carrera de Derecho. Ya universitario, obtuvo su primer trabajo formal en la Dirección del Registro Civil. Su primera jefa fue la licenciada Ernestina León Rodríguez. De ahí emigró al municipio de Calvillo, donde se hizo cargo de la oficina de la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia. Fue su primer contacto con una de sus dos grandes pasiones dentro del mundo de las leyes: el Derecho Familiar. Con la otra, el Derecho Laboral, tuvo contacto meses después cuando ingresó a la Secretaría del Trabajo Estatal a prestar su servicio social.

Una vez graduado, con los máximos honores como estudiante, puso su propio despacho. Ubicado justo en frente del Palacio de Justicia, el nuevo bufete legal carecía de prácticamente todo: de clientes, de escritorios y de sillas. Su papá le regaló la pintura, su mamá el escritorio y las sillas las tuvo que tomar prestadas de su casa. 

Sin embargo la aventura como litigante, al menos en ese momento, duró poco. Al poco tiempo de instalar su despacho el novato abogado se encontró un sábado por la mañana con el licenciado José de Jesús Ramírez, mejor conocido como “El Compañerito”, quien recién había sido nombrado por el gobernador como presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Sin dudarlo dos veces, el nuevo titular de la Junta invitó a Ponce a unírsele. Ponce no lo pensó; sin siquiera pensarlo aceptó emocionado la invitación. A esa oficina ingresó como secretario de acuerdos, luego fue secretario general, después presidente del Tribunal de Arbitraje y finalmente Presidente Auxiliar. Fueron cuatro años suficientes para sensibilizarlo profundamente en esta área del Derecho Social.

Una vez cerrado su ciclo en la Junta, Ponce Sánchez regresó al mundo del litigio y reabrió su despacho. Durante cuatro años se desempeñó como abogado externo de la Comisión Federal de Electricidad, al tiempo que tomó en sus manos otros asuntos sobre todo de las materias familiar y laboral.

En 1996 el Poder Judicial del Estado lanzó una convocatoria abierta a cualquier abogado que estuviera interesado en ser juez. Abogado litigante, Juan Manuel Ponce percibía que lo suyo era realmente la impartición de justicia, por lo que decidió inscribirse para aplicar el examen correspondiente. Junto con él muchos abogados más, algunos de ellos con una dilatada experiencia y con gran reconocimiento y prestigio estatal, aplicaron la prueba. Tras realizar el examen y luego de ver quienes eran los otros aspirantes, Ponce se sintió inseguro, lo más probable –se dijo a sí mismo- es que se quedaría en el camino. 

Un jueves por la mañana, el entonces presidente del Supremo Tribunal de Justicia, el licenciado Roberto Macías, lo mandó llamar a su oficina. “A usted lo andaba buscando. Felicidades, pasó el examen y será por lo tanto juez”. Impávido, Juan Manuel Ponce no creía lo que estaba oyendo. “Asumirá como juez mañana mismo, será el titular del Juzgado Mixto de Calvillo, así que aquí lo espero temprano para llevarlo a su nueva oficina”.

Ponce le respondió, “estoy preparado magistrado, pero le quiero pedir un favor, déme un poco de tiempo, tengo un despacho en funcionamiento con varios asuntos pendientes y quisiera por lo menos explicarles a mis clientes sobre la situación y ponerlos en manos de otros colegas”. “Perfecto, entonces que sea el lunes, el lunes lo espero temprano”. Sólo tres días y medio le dio, no tuvo de otra más que aceptar el plazo y ponerse a trabajar para cerrar como era debido el despacho.

Durante tres años y tres meses, hasta febrero de 1999, fue juez mixto en Calvillo hasta que recibió un nuevo nombramiento, por parte del Supremo Tribunal de Justicia, como Juez Primero de lo Familiar, desde donde rompió con algunos de los paradigmas en esta y otras materias del Derecho, al ser el primero en la Entidad en dictar sentencias fundadas en los Tratados Internacionales.

Ocho años después, en el 2006, el Congreso del Estado le otorgó el nombramiento como magistrado del Supremo Tribunal de Justicia.

Durante su amplia trayectoria como litigante e impartidor de justicia, Ponce no dejó nunca de ejercer una de sus grandes pasiones: la cátedra. Cantidad de generaciones han aprendido de él sus nutridos conocimientos, sobre todo del ámbito laboral. Por muchos, y basta con preguntarle a algunos abogados egresados de la UAA, es considerado como uno de los mejores catedráticos que tiene el Departamento de Derecho de la máxima casa de estudios.

Pues con este cúmulo de experiencias y responsabilidades, hace poco más de un mes, en una sesión que apenas y duró 14 minutos, la mayoría de sus compañeros magistrados lo eligieron como su representante.

Hoy miércoles, a las once de la mañana, en el Salón de Plenos del Palacio de Justicia, Juan Manuel Ponce Sánchez rendirá protesta como presidente del Supremo Tribunal de Justicia.

Quienes lo conocen bien lo definen como una persona introvertida, estudiosa, pero sobre todo discreta y prudente. “Sabe escuchar”, me dijo un magistrado. 

Aunque exigente, algunos allegados a él aseguran que es incapaz de gritarle a alguien. Yo mismo, como su alumno que fui, constaté su carácter sereno y afable y su profundo conocimiento del Derecho. 

Juan Manuel Ponce está convencido de que el presidente del Supremo Tribunal de Justicia no es el jefe del Poder Judicial. El presidente, en efecto, no le manda ni a los jueces ni a los magistrados, más bien los representa. Está también convencido de que el máximo órgano de este Poder es el pleno del Supremo Tribunal, pleno que está integrado por siete magistrados. “Ahí todos somos pares”, expresó hace unos días en una entrevista.

¿Que qué esperan sus pares de él? Muchas cosas, pero hay sobre todo una que desde hace meses se escucha en los corrillos del Poder Judicial: comunicación. Magistrados y jueces piden se restablezca ese canal de diálogo que -dicen- desde hace mucho tiempo se perdió entre el presidente del STJ y ellos. En específico, los magistrados dicen, “somos un órgano colegiado”.

Otra demanda que seguramente el nuevo presidente ya habrá escuchado y anotado entre sus pendientes más urgentes, es la revisión profunda en las áreas de Contraloría Interna del Poder Judicial, de Informática (que ya es vieja y obsoleta) y de Notificaciones.

Hoy inicia su período de cuatro años Juan Manuel Ponce, por el bien de Aguascalientes, por el bien de los justiciables, no se le puede desear más que el mayor de los éxitos.

 

Twitter: @enricoags