Aguascalientes, México, Viernes 31 de Octubre de 2014
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Ben Bradlee 2 de 2

29/10/2014 |
Aquel que quiera conocer a detalle la historia del Watergate, que lea el libro “Todos los hombres del presidente”, de los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward. No pretendo, pues sería imposible hacerlo en un solo artículo, resumir aquí esta apasionante etapa de la historia estadounidense, que marcó un antes y un después en la forma de hacer periodismo en el mundo. Lo que sí quisiera es plasmar algunos extractos, como lo hice en el artículo del pasado domingo, del libro “La vida de un periodista”, del recién fallecido Ben Bradlee, en los que su autor narra, como protagonista indiscutible, sus sentimientos y emociones dentro de la trama político-periodística, que él junto con la dueña del Washington Post orquestaron de forma magistral. Por eso es que habrá unos saltos muy grandes en la secuencia cronológica de los hechos, ya que –como expuse arriba- mi intención no es sintetizar el escándalo del Watergate sino sólo recoger las mejores frases y expresiones de nuestro homenajeado.

“The Washington Post comenzó a trabajar en ella (en la historia del Watergate), a primera hora de la mañana del 17 de junio de 1972”. “Califano llamó aquella mañana a Howard Simons, director adjunto del Post, para decirle que cinco tipos habían entrado ilegalmente en el Comité Nacional Demócrata horas antes y se iban a presentar cargos contra ellos”. “Woodward cubrió la lectura de cargos, se sentó en el banco de la primera fila y desde allí oyó a James McCord Jr., susurra CIA cuando el funcionario encargado de leer los cargos le preguntó qué clase de empleado del gobierno retirado era... Bingo... No hay en el idioma Inglés otras tres letras que, ordenadas de aquella determinada forma y pronunciadas en circunstancias similares, puedan despertar tan rápidamente el apetito de un buen periodista como C-I-A”. “En su visita rutinaria a la Policía, pasadas las tres de la madrugada, el periodista Gene Bachinski echaba un vistazo a algunos de los objetos encontrados en los bolsillos de los arrestados, incluidas varias agendas, en dos de las cuales encontró el nombre de Howard Hunt, junto con la anotación C.B y Casa B.”.

Con esa simpleza dio inicio la investigación periodística más famosa de la historia. Continúa Bradlee diciendo: “En menos de cuarenta y ocho horas habíamos conseguido relacionar lo que los republicanos llamaban un robo de poco monta con la Casa Blanca y con el centro neurálgico de los esfuerzos para conseguir que Richard Nixon ganara un segundo mandato... Aún no lo sabíamos, pero nos encontrábamos frente a la mayor historia de nuestra generación, la historia que nos pondría a todos en el mapa”.

Empiezan aquí los saltos cronológicos y las ideas y sentimientos del director del Post escritas –me han de disculpar- en desorden: “Al principio, los contraataques de la Casa Blanca consistieron en tomarse a risa el Watergate, calificándolo de robo de tres al cuarto y declarando que el interés del periódico era puramente político”. “Woodward se enteró de más cosas a través de un amigo, famoso en la redacción por sus fuentes absolutamente extraordinarias... El amigo era quien pronto se habría de convertir en garganta profunda”. “A últimos de septiembre, Clark MacGregor, director de campaña en el Comité de Reelección del Presidente, aumentó un poco la presión a la que nos sometían al exigir una cita con Katharine (la dueña del Post) y conmigo”. “Mucha gente se preguntaba entonces cómo podía el Post seguir adelante con la historia cuando el presidente de los Estados Unidos y todos los altos cargos del presidente lo negaban todo constantemente, y continuar apoyando a Woodward, Bernstein y Garganta Profunda... La respuesta no es muy complicada, poco a poco, semana a semana, sabíamos que nuestras informaciones eran ciertas... Poco a poco, tan pronto como la comprobábamos, empezábamos a darnos cuenta de que la información que salía de la Casa Blanca era incorrecta, que aquellos estadistas estaban mintiendo”.

“Una de las mejores historias apareció en el Post el 10 de octubre de 1972: Agentes del FBI han determinado que el incidente de allanamiento del Watergate es parte de una enorme campaña de espionaje y sabotaje político llevada a cabo en nombre de la reelección del presidente Nixon y dirigida por miembros de la Casa Blanca y el Comité para la Reelección del Presidente”. “La Casa Blanca calificó la historia de compendio de absurdos, pero el New York Times llevaba en primera página su crónica sobre el tema, citando en gran parte al Post”. “A medida que nos acercábamos más y más a Nixon, yo me volvía más precavido”.

Vino después la reelección, abrumadora por cierto de Richard Nixon, y con el transcurrir de los meses parecía cada vez más complicado mantener con vida una historia que amenazaba con apagarse y que por si no fuera poco, tenía todo en contra, empezando por el hombre más poderoso del mundo, el presidente de los Estados Unidos, quien meses después terminaría dimitiendo.

¿Qué pasó para que los periodistas no se rindieran ante una historia que parecía no llevar a ningún lado? ¿Qué papel jugó el periódico en este escándalo de connotaciones mundiales? Dice en su libro Bradlee: “He pasado muchas horas intentando distinguir entre las verdades y los mitos creados por el deseo de la magnífica y nueva América de exaltar a los hombres y mujeres relacionados con la prensa, y he encontrado la respuesta a esa pregunta... Primero tuvo lugar el Watergate... sin la participación del Washington Post... Tipos con guantes de goma, cargados con billetes de cien dólares, avanzados aparatos electrónicos de escucha y walkie-talkies entraron por la fuerza en las oficinas del CND, y nada tuvo el Post que ver con ello... En segundo lugar, la energía del periódico, en particular la destreza y persistencia de Woodward y Bernstein fijaron para siempre al Watergate en la historia... Pero Woodward y Bernstein hicieron el trabajo duro con el apoyo de Katherine Graham”. “Desde junio de 1972, la noche en que se produjo la entrada ilegal en el cuartel general demócrata, hasta agosto de 1974 y la dimisión de Nixon, el Watergate y The Washington Post habían estado indisolublemente unidos... Nixon –no el Post- había pillado a Nixon, pero las informaciones del Post obligaron a mantener la historia en el orden del día nacional, y a mantenerla ahí hasta que el mundo entendió lo gravemente socavada que había sido la Constitución”.

“Los periódicos se ocupan de dar diariamente pequeños bocados a una fruta cuyo tamaño desconocen... Puede llevar docenas de bocados descubrir que se trata de una manzana... Pueden ser necesarios docenas y docenas más de bocados antes de que tengas una verdadera idea de lo grande que es la manzana... Así ocurrió con el Watergate”.

Descanse en paz... Ben Bradlee.

@enricoags