Aguascalientes, México, Jueves 13 de Diciembre de 2018
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John McCain

28/08/2018 |
Es muy difícil que un político tan conservador, libertario y pro armamentista como Paul Ryan logre ponerse de acuerdo en algo con su antítesis, la política progresista, abiertamente socialista y opositora a las armas, como Elizabeth Warren. En general lo que quiero decir es que en Estados Unidos es muy difícil que los republicanos, empezando por los más radicales, logren tener algún tipo de coincidencia con los demócratas, incluyendo también a los más radicales. Pues eso está logrando en estos días el senador republicano John McCain, fallecido el sábado en su rancho en Arizona. Toda la clase política en EUA ha cerrado filas y ha coincidido en homenajear a quien consideran como un auténtico héroe, como un guerrero de la política que pese a su férreo carácter, sus posturas radicales en cuestiones tan espinosos hoy día como las armas y el espíritu bélico de Estados Unidos en el mundo, supo ganarse el respeto y la admiración de casi todos sus colegas en política, incluso de aquellos quienes detestaban lo que él defendió hasta la muerte.

John McCain era considerado un halcón. Es decir y en lenguaje muy llano, un halcón en política es alguien con posturas radicales que prefiere el enfrentamiento por sobre la diplomacia. Para McCain, por ejemplo, Rusia fue siempre, hasta su muerte, el enemigo número uno de Estados Unidos. Si por McCain hubiera sido EUA habría intervenido militarmente en Ucrania para frenar la anexión de Crimea impulsada por Vladimir Putin. McCain siempre fue un defensor de que Estados Unidos debía de ser el policía del mundo y que para eso había que utilizar muchas veces la fuerza. Pero eso no impidió por ejemplo que el senador hoy fallecido fuera uno de los principales impulsores de que EUA firmara la paz con Vietnam, país que lo mantuvo preso durante dos años y que lo torturó hasta saciar. Sus posturas radicales en las cuestiones atrás comentadas contrastan con sus posturas progresistas en asuntos como el tema migratorio con México o la reforma sanitaria. A nadie se le olvida que hace pocos meses, visiblemente afectado por el tumor que lo aquejaba y recién operado de la cabeza acudió al Senado a estropearle los planes a su último ultra enemigo Donald Trump que quería echar para abajo el programa sanitario conocido como Obamacare. McCain, con una enorme cicatriz al aire y con su rostro morado por la operación, viajó de Arizona a Washington DC exclusivamente para votar en contra de la propuesta de Trump de cancelar el sistema de salud creado por Obama. Su voto fue el que hizo la diferencia. Su voto estropeó los planes de Trump.

McCain no fue un tipo de medias tintas ni mucho menos fue un santo. Fue alguien tajante, directo, necio con sus ideas, alguien que siempre defendió lo que él creyera aunque esa posición fuera en contra de su partido, un auténtico maverick, un tipo duro en cuestión de guerras y armas, un político con muchos claroscuros que no obstante hoy tiene consternado con su muerte a toda la clase política de EUA, a demócratas y a republicanos, a periodistas de la FOX (conservadores) y de CNN (progresistas) que reconocen en el senador por Arizona a un político auténtico digno de todos los honores.