Aguascalientes, México, Martes 20 de Noviembre de 2018
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El regreso del presidencialismo absoluto

06/09/2018 |
¿Que Enrique Peña Nieto hacía y deshacía en el PRI mientras fue presidente? Falso. Desde el primer año de su gobierno Peña Nieto se enemistó con muchos de los priístas más influyentes del país, entre ellos Carlos Salinas de Gortari, que formaron un frente para hacerle contrapeso al presidente de la República. Peña Nieto no hizo y deshizo con las mayorías que algún día logró tener en ambas cámaras. ¿O qué no se acuerdan cuando Peña Nieto anunció con bombo y platillo que enviaría una iniciativa para modificar la Constitución para que se legalizaran en todo el país los matrimonios entre personas del mismo sexo? Fueron los priístas los primeros en oponerse y su iniciativa no pasó. ¿O qué tampoco se acuerdan cuando Peña Nieto anunció, también con bombo y platillo, que las policías municipales desaparecían también modificando la Constitución? También fueron los priístas, junto con muchos panistas, los primeros en oponerse a dicha iniciativa que tampoco pasó. Cierto es que Peña Nieto logró mucho durante el primer año y medio de su mandato, cuando todavía tenía legitimidad, pero lo conseguido, es decir las reformas estructurales, se alcanzó gracias a concesiones y prebendas no sólo a los partidos opositores, sino a los mismos priístas. Así que no. Peña Nieto no fue el presidente todopoderoso y con tintes dictatoriales que tantos han querido dibujar. El que parece sí tendrá estas prácticas es el presidente electo AMLO. Y para muestra lo sucedido el martes en la primera sesión ordinaria de la Cámara de Senadores. Pareciera que en la primera votación respecto a la solicitud de licencia de Manuel Velasco para dejar su escaño y regresar al gobierno de Chiapas, los senadores de MORENA fueron agarrados en curva. Nadie les avisó que AMLO y Velasco eran socios estratégicos y que el Verde tenía ya una alianza con el partido del presidente. Por eso le votaron en contra su solicitud. Seguramente, al enterarse de tal cosa, AMLO enfurecido por el descuido llamó a su hombre fuerte en el Senado, Ricardo Monreal, para pedirle que arreglara el embrollo. Y así fue. Los senadores, que en la primera votación fueron idealistas, tuvieron que agachar la cabeza, traicionar lo que sentían y volver a votar pero ahora a favor de la licencia. Eso sí que es dictar línea y no fregaderas. Ese sí que es el presidencialismo absoluto.