Aguascalientes, México, Lunes 19 de Noviembre de 2018
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Servidores públicos: eficiencia o amabilidad

23/02/2018 |
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en su Artículo 108 quiénes deben ser considerados servidores públicos. Como muchos artículos y conceptos de nuestra máxima ley, este artículo que originalmente hablaba de funcionarios públicos fue modificado para incluir a una gama más amplia de personas. En 1982 el Constituyente Permanente (el Congreso de la Unión compuesto por las Cámaras de Diputados y Senadores cuando se avocan a proponer, discutir y aprobar o rechazar cambios a la CPEUM) modificó su redacción para incluir el término servidores públicos a efecto de establecer la naturaleza del servicio a la sociedad.
A partir de entonces, servidores públicos son todas aquellas personas que laboran para el Estado recibiendo pago por su trabajo sin importar la clase de empleo, cargo o comisión que desempeñen ni el nivel de la función o la institución donde presten sus servicios. De esta forma, el Artículo 108 cambió de ser limitativo a enunciativo. Por supuesto, esta nueva redacción también incluye al Presidente de la República, a los Diputados, a los Senadores, a los Gobernadores, a los Diputados locales, a los Presidentes Municipales, Regidores y Síndicos, todos de elección popular y de este artículo derivan las Leyes de Responsabilidades de los servidores públicos.
Los y las ciudadanas comunes y corrientes, como usted, como yo, nos encontramos cada día con muy diferentes tipos de servidores públicos. Los hay solícitos, amables, serios, trabajadores, gritones, prepotentes, flojos, diligentes, indolentes, eficientes, lentos, rápidos, inteligentes, no tan inteligentes, sonrientes, bien humorados, regañones, apáticos, corajudos, irrespetuosos, atentos, pre juiciosos, de mente abierta, legalistas, caprichosos… Toda la gama de actitudes que se dan en el ser humano: buenas y malas pero finalmente humanas.
Aprovecho para comentar algo que viví hace pocos días y que ejemplifica esas actitudes: Escogí un día cualquiera para pagar mi impuesto predial. El hombre encargado de dar las fichas en Palacio Municipal de Aguascalientes, me otorgó una que decía TE225. Me senté y esperé pacientemente que en la pantalla apareciera mi turno. Pasaron 15, 20, 25 y 30 minutos y ni un solo TE apareció en la pantalla mientras las otras letras se repetían constantemente. Por mis vecinos de silla que tenían fichas TE del 160 en adelante me enteré que TE quiere decir tercera edad. Qué horror, el hombre ni me había preguntado mi edad. Solo con verme supo que ya estoy en esa etapa. Y yo que creía que no se me notaba (carita asombrada). También me enteré que algunos ya tenían más de una hora esperando que saliera su ficha. Ninguna de las personas que estaban laborando ahí se había percatado del tiempo que había transcurrido sin que apareciera una ficha TE. Al ir a reclamar, una empleada me dirigió con otro empleado que ni siquiera me volteó a ver; otro me trató con prepotencia gritando que esperara mi turno; otro más se dirigió a mi como si fuera una niña y trató de explicarme que el “sistema” era el que escogía aleatoriamente los números y cuando ya estaba yo al borde de la desilusión total, acudió uno que entendió el problema y lo resolvió no sólo para mí sino para todos y todas los TE, que ya para entonces éramos más de cien. Me pregunto si todavía seguiríamos ahí de no ser por ese empleado.
Todos los servidores públicos son pagados gracias a que todos y todas los que habitamos este país pagamos nuestros impuestos directos e indirectos y los servicios que el Gobierno nos brinda. Algunos exagerados en mi opinión, como el cambio de placas cada sexenio o el requisito de llevar copias del acta de nacimiento de fecha reciente para casi todos los trámites, desconociendo los actos oficiales de anteriores administraciones y con ello la decisión soberana del pueblo. La motivación de todos esos trámites es puramente recaudadora de gobiernos que pierden el enfoque de que lo que es más importante en la sociedad son las personas y que son a ellas a quien deben servir. Para eso son servidores públicos y para eso les pagamos.
Si yo tuviera que escoger qué cualidad prefiero en un servidor público después de la honestidad, diría sin lugar a equivocarme que prefiero la eficiencia. Esa cualidad permite que los trámites se lleven a cabo bien y de inmediato. Para mi es muy importante que la gente sea amable pero definitivamente prefiero eficiente sin amabilidad (no grosero claro) que amable e ineficiente. Ahora que si estuviera en Utopía me recetaría las dos: eficiencia con amabilidad. Hay servidores que conjuntan las dos. Lástima que son la minoría.