Aguascalientes, México, Lunes 23 de Septiembre de 2019
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EN 3 MINUTOS

21/09/2019 |
Aún entre los diputados de MORENA y de sus grupos aliados, que padecieron la gangsteril actitud de chantaje de los ‘maestros’ de la CNTE, quedó la sensación de sometimiento, pues la orden fue clara: acatar las órdenes de Palacio y no mover ni una coma a los dictámenes sobre las leyes secundarias de la contrarreforma educativa, en tanto que a muchos les quedó el mal sabor de boca de saberse testigos, y a la vez víctimas, de una simulación educativa.

No hay que estar sobrado de perspicacia o de intuición para entender que la Coordinadora venció en el pulso, que impuso sus condiciones a la Presidencia y que ésta, a su vez, se encargó de ordenar al Legislativo que la aprobara, ante la mirada pasmada de una oposición que parece desintegrarse en su nadería.

Hay que remontarnos medio siglo para recordar que en este país así se hacían las cosas y lo que se dictaba desde Los Pinos, ahora desde Palacio Nacional, era ya la ley y la tarea de legislar un adorno, una especie de barniz para dar la impresión de que existía la separación de poderes, y para entender en cuánto la contrarreforma no sólo es regresiva en cuanto a que regresa el mando de la educación a lobbies poderosos, sino también es otra muestra de que los avances democráticos alcanzados en los últimos años se están borrando a golpe de memorándums y decretos.

Ayer en Mérida, donde realizó su conferencia mañanera, AMLO fue desafortunado al hablar de la aprobación, por parte de la Cámara de Diputados, de las leyes secundarias, señalando que se ponía así fin a la ‘imposición’ de la reforma que promovió Aurelio Nuño el sexenio pasado, sin reparar que justamente de imposición estamos hablando cuando se usa el poder sobre la mayoría legislativa para hacer leyes a modo.

Más desafortunado, si cabe, fue la afirmación, descabellada y delirante, de que la pasada reforma pretendía ‘privatizar la educación’, un extremo supuesto que debe venir de la caja mágica donde se guardan los más críticos y secretos de los otros datos, pues nadie, ni los enemigos de la reforma de EPN, habían reparado en que se intentaba vender un sistema educativo en quiebra, en el supuesto improbable de que alguien pretendiera adquirirlo.

‘Fue un error garrafal’, dijo AMLO de la reforma que acaba de ordenar derogar y esperamos que su contrarreforma no lo sea igual, aunque de dimensiones aún más profundas y amplias.

Y es que si es grave equivocarse en economía, en materia de política de salud o en seguridad, mucho más lo será dejar en manos de grupos de presión como el CNTE la educación de millones de niños en edad escolar, pues estamos hablando de errores cuyas consecuencias se extenderán al futuro, a manera de una onerosa hipoteca para el futuro del país.

 
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