Aguascalientes, México, Viernes 21 de Septiembre de 2018
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EN 3 MINUTOS

11/09/2018 |
Muchas veces escuchamos que la violencia en curso y muchos de los problemas comunitarios vienen de lo que los expertos dieron en llamar ruptura o descomposición del tejido social, aunque la metáfora debería ser bien explicada para que sea de dominio común cómo es que ese tejido se descompone y se desgarra, pues es allí donde hay que trabajar para combatir muchos de los más graves males colectivos que padecemos.

La figura fue muy socorrida hace una década cuando se habló de que en urbes como Ciudad Juárez la imparable violencia tenía que ver justo con la descomposición de eso que articula a la colectividad, y se detectó que eran los hijos de aquellas mujeres empleadas en las plantas maquiladoras de esa ciudad fronteriza los que, tras criarse en la calle como hijos en hogares monoparentales, donde la jefa era una adolescente que se pasaba el día trabajando para procurarse la subsistencia, los que luego se integraron a aquellas tropas de sicarios que hicieron de esa capital una de las más violentas del mundo.

No es difícil, ahora que sabemos que las condiciones aquellas se reproducen aquí desde hace ya un par de décadas y que uno de cada cinco embarazos aquí se da en menores de edad, entender de dónde vino la rápida degradación de la convivencia, la explosión de la violencia y las altísimas tasas de jóvenes adictos al alcohol y las drogas, y por allí tratar de comenzar a desenredar esta endemoniada madeja.

 
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