Aguascalientes, México, Martes 25 de Junio de 2019
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EN 3 MINUTOS

06/04/2019 |
En el entendido de que el arte de gobernar no goza de buena prensa y la autoridad por el hecho de serlo provoca recelo general, uno que va creciendo conforme el ejercicio del mando desgasta a quien lo tiene, lo que las encuestas suelen reiterar es que el mandatario estatal no es que haya gozado mucho tiempo de la confianza de la población del Estado, generando un rechazo que se incrementa conforme crecen problemas irresueltos, el principal de ellos el de la inseguridad, seguido por la presunción de que el Gobierno se conduce de manera por lo menos poco clara.

Suponemos, sin que eso signifique que otra cosa que eso: una suposición, que casi al mediodía del mandato en curso, al responsable de la Administración se le ocurrirá transitar la segunda mitad de su sexenio en mejores términos que lo que está transcurriendo el primer tramo y que tiene la ventaja de que el señalamiento general es claro, pues la gente quiere sentirse segura y demanda más transparencia en el manejo de los recursos gubernamentales, de tal manera que el inquilino de Palacio debe saber ya quiénes en su equipo más que ayudarle están lastrando no su popularidad, que ya es grave, sino su acción de gobernar.

En el entendido de que esa potestad de gobernar es un mandato ciudadano, podemos señalar que lo que seguro es un señalamiento molesto, el de su baja aprobación, puede ser también una oportunidad de enmendar el rumbo, pues lo cierto es que sólo uno de cada tres ciudadanos manifiesta confianza en sus acciones y que si las cosas siguen igual o siguen empeorando, esa magra porción de la ciudadanía puede reducirse todavía más.

 
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