Aguascalientes, México, Lunes 24 de Septiembre de 2018
Seguir a hidrocalidod en Twitter   RSS  
           

Enfermos y familiares

21/09/2018 |
Se sabe que los padecimientos como el cáncer y las enfermedades crónico degenerativas golpean no sólo a las personas que las padecen, sino que afectan sensiblemente a sus familias, tanto por la necesidad de cuidados y el estrés que produce el padecimiento, para el paciente y los suyos, y también por los altos costos que estos males representan, una circunstancia que se agrava en lo posible cuando estamos hablando del Alzheimer, pues el sólo procurar cuidados a quien está enfermo supone un desgaste emocional y económico que resulta en un calvario compartido.

Las cifras son elocuentes, como lo son las tendencias del avance numérico de la enfermedad, ya que las estimaciones de la OMS hablan de la posibilidad, dado el aumento en años en la esperanza de vida, de que en las próximas tres décadas el número de quienes la padecerán sea tres veces el estimado actual, que para el año pasado alcanzaba ya casi los cincuenta millones de personas, en el mundo, pero que podría alcanzar el millón de personas entre los 12 millones de adultos mayores que hay en México.

En Aguascalientes, pese a que somos pocos en un territorio pequeño, se habla de una estimación de 11 mil personas que están en alguna etapa del padecimiento, y se habla de estimaciones pues mientras muchas, miles, no están diagnosticadas, los hay que ya declarada la enfermedad no tienen acceso a una atención adecuada.

Incurable como es, el Alzheimer requiere de cuidados y fármacos que se usan para paliar los síntomas y tratar de mejorar la condición de los que la padecen, en tratamientos que son tan costosos que la UNAM estimó que los costos promedio para el cuidado de los enfermos puede superar los 450 mil pesos anuales, una cifra que está al alcance de muy pocas familias en este Estado, de tal manera que se calcula que sólo un once por ciento de los que lo sufren tienen una atención calificada de adecuada.

El asunto se agrava en cuanto a que se combinan la falta de diagnóstico y las dificultades que implica cuidar a los que sufren este mal, a la carencia de especialistas y de unidades de atención para éstas, tanto en el sector público como en el privado, ante la ya citada expectativa de que el número de afectados pueda triplicarse en los siguientes años, lo que también significa multiplicar por tres las familias que, junto con su familiar enfermo, serán víctimas de este mal de los nuevos tiempos.
Editoriales pasadas