Aguascalientes, México, Lunes 21 de Enero de 2019
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Bicicleteros

21/01/2019 |
No recordamos exactamente quién fue aquel desafortunado político mexicano que en una gira oficial, hará una década, por los Países Bajos, no tuvo mejor opinión de Ámsterdam que la de ‘pueblo bicicletero’, pues los había y los hay que se pensaron que el signo de bienestar de una ciudad es nada menos su parque vehicular y luego la infraestructura vial, una lógica errada, poco sustentable y que aquí se ha seguido desde un se asocia el paso a desnivel con no sabemos qué signo de estatus.

Y mientras el asunto del desabasto de carburantes exhibe al gobierno federal, no por que esté luchando contra el saqueo de nuestros recursos sino porque está incumpliendo sus plazos, sus previsiones y sus promesas, y se agrava aumentando así el riesgo de paralizar una parte del territorio, los hay que, tratando de ponerle al mal tiempo buena cara, repararon en dos asuntos que pueden tratarse como el lado amable de la crisis que padecemos.

Las autoridades municipales reportan un notorio descenso en el número de percances viales, lo que siempre será positivo, aunque de alguna manera refuerza esa lógica que algún columnista de un diario nacional expresó con sarcasmo al sugerir que si queremos que se terminen los robos en las carreteras qué tal cerrarlas, que al fin es decir que la solución a la enfermedad es la muerte o barbaridades de esa naturaleza.

Lo cierto, lo dicen los reportes oficiales, es que se ven menos autos en las calles de la ciudad y eso tiene sus ventajas, como lo tiene el hecho de que en el intento de hacer rendir el combustible que tanto cuesta ahora conseguir, algunas dejan esa absurda costumbre de ir a la tienda de la esquina en auto y los que tienen que usar el auto porque no queda de otra conducen más lentamente, buscando así que lo que llevan en el tanque dure un poco más.

Por algún momento eso nos hace pensar en una ciudad más sustentable, con un parque vehicular más proporcionado, una inversión pública en obras que estimulen la convivencia y con un transporte público de calidad, movilizado con energías renovables y una ciudadanía más dispuesta a caminar sus trayectos cortos y, ¿por qué no?, subirse a la bicicleta para los más largos.

Y aunque esto suene a utopía pues sabemos que restablecido el abasto de gasolinas aquí nadie se acordará de la necesidad de avanzar hacia una ciudad más orientada a lo deseable, que no se generalice también la escasez de diésel, pues entonces no nos quedará de otra que la bicicleta y hasta los carros de mulas.
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