Aguascalientes, México, Viernes 21 de Septiembre de 2018
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Restauración

30/08/2018 |
Que cada cual según sus convicciones y el estado mental en que se encuentre, dictamine qué tiene esto de positivo o negativo, de avance democrático o salto pa’atrás, pero el caso es que a partir de este día primero no es que vayamos a vivir una época inédita, pues los mayores recuerdan muy bien lo que fueron esos años en que un partido imponía su ley a fuerza de tener mayorías en las Cámaras que integran el Congreso de la Unión.

Aunque se trató de un proceso, a veces tortuoso, pongamos que todo comenzó en 1977, en el inicio del sexenio de José López Portillo con la reforma que impulsó Jesús Reyes Heroles y que comenzó a dar cabida a los legisladores de la oposición en detrimento de las mayorías que desde los años treinta del siglo pasado obtenía cada tres años el PRI, cuya última mayoría en la Cámara de Diputados fue la de la LVI Legislatura, que se inauguró en 1994 con 300 diputados del tricolor, en una Cámara que había sido ampliada a 500 miembros en 1988.

Fue la siguiente Legislatura federal, la segunda del sexenio de Ernesto Zedillo, la primera de nuestra historia reciente donde la pluralidad se impuso, pues la mayoría que conservó el PRI, ese partido hegemónico de leyenda, se limitó a 239 legisladores, justo el 47 por ciento, lejos ya de la capacidad de avalar las iniciativas presidenciales, que antes de eso no eran sino decretos bien disimulados.

24 largos años vivimos el sueño del pluralismo que hoy queda en suspenso, por decir lo menos, cuando la nueva Legislatura federal tenga una amplia mayoría y el control del partido del próximo Presidente, que no sabemos si tratará de gobernar por decreto, aunque él mismo se ha encargado de adelantar cambios constitucionales que da por hechos consumados ‘desde el primer día del nuevo Gobierno’.

247 diputados federales tendrá MORENA, la mitad menos tres, aunque AMLO se asegura las mayorías necesarias si se suman los 60 diputados que tendrán sus partidos aliados el PT y el PES, que podríamos aventurarnos servirían como formaciones satélites como fue el caso de aquel PARM ya desaparecido; en el Senado las cosas van del mismo palo, pues la formación que fundó y encabeza López Obrador tiene 55 de 128 senadores, que seguramente podrán contar para lo que se necesite con los 14 de sus aliados, lo que le da también el control de la Cámara Alta con 69 votos.
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