Aguascalientes, México, Martes 18 de Junio de 2019
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Prevenir y lamentar

26/03/2019 |
Hace escasas semanas, en el Senado de México, un grupo de editores de diarios del interior de México, plantearon ante el grupo de senadores de MORENA, las deficiencias del mecanismo de protección a periodistas y defensores de los Derechos Humanos, y salieron del encuentro con la admisión de sus interlocutores de que el protocolo estaba fallando y de que el Legislativo se ocuparía de su parte para ampliar la protección de estos dos grupos, amenazados en lo general por la naturaleza de sus actividades.

Allí se habló también, por cierto, de cómo el protocolo estaba condenado a fracasar cuando estaba en manos de las administraciones estatales o municipales, muchas veces fuente de las amenazas contra los activistas e informadores y de la circunstancia de que el acoso a ambos colectivos no se limitaba a las amenazas físicas, sino al uso de las fiscalías y las tesorerías estatales como medio de persecución, un asunto del que los senadores de la mayoría morenista dijeron tener ya información detallada.

Ayer tocó, justo cuando se conocía del asesinato del sexto periodista ultimado de diciembre a la fecha, esta vez en Sinaloa, que este asunto llegara a la conferencia de prensa mañanera del presidente López Obrador, donde compareció el subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Alejandro Encinas, quien admitió los fallos en el sistema de protección, el peores de los cuales es que está diseñado para reaccionar a un ataque más que a prevenirlos, lo que poco consuela a los que han pedido ser incluidos en el protocolo.

Aquí sobra decir que en esto de la prevención las medidas deben estar destinadas al grueso de la población, pues en las zonas calientes del país, aunque luego esto es válido para casi todo el territorio, los que trabajan bajo amenazas no son sólo los defensores de los DDHH y los informadores, sino toda la población, mujeres y hombres, adultos y menores de edad.

Como sea el subsecretario Encinas partió del necesario reconocimiento de que el sistema tenía fallos, que estaba diseñado para actuar cuando el niño ya está ahogado y anunció una serie de medidas para que este protocolo sea efectivo y los activistas y periodistas tengan la mediana certeza de que salir a la calle no es ya en sí un acto donde se juegan la integridad y hasta la existencia.

Es pronto, demasiado, para poder señalar hasta dónde llegará y alcanzará el esfuerzo para que esas medidas sean efectivas, aunque por lo pronto queda la tranquilidad de que entre los que ahora mandan en este país se reconoce que hay un problema de extrema gravedad y se dicen preocupados por alcanzar soluciones, lo que como sea es un buen inicio.

 
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