Aguascalientes, México, Martes 23 de Julio de 2019
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Ninis y criminales

14/05/2019 |
Hay dos tópicos que hay que combatir, si es que alguna vez se quiere ir a fondo en la muy sobada y anunciada intención de atajar la inseguridad atacando sus causas, pues suele identificarse como tales a la pobreza, como si ser pobre arrojara a las personas al robo y el asesinato y la otra, la del desempleo, como si la tropa de ladrones, mininarcos, sicarios y demás lacras sean delincuentes profesionales, dedicados en exclusiva a tareas criminales por carecer de un puesto de trabajo.

La primera de las señaladas causas no se sostiene, pues basta ver un mapamundi del crimen y entender que no son las sociedades más pobres las más peligrosas e inseguras y porque sin hacer en el tópico de la bondad innata de cierto estrato social, la mayoría de las personas que viven en este país son personas honestas, lo mismo que veríamos en un mapa rojo sobre las zonas inseguras del país, más ligadas al alto consumo de drogas lo que necesariamente nos habla de puntos donde no es que falte el dinero.

Es cierto, porque hay estudios y evidencias que lo demuestran, que la miseria puede arrojar a algunos a emplearse para las redes delincuenciales, pero siempre en la base piramidal de las estructuras criminales, donde se encuentran los pequeños cacos, los halcones del narcotráfico y los que ocupan los puestos más bajos en aquellas, y por cierto los peor pagados, que luego suelen ser los de más riesgo.

Recién en la semana el presidente López Obrador dijo que a la fecha su Gobierno habría entregado ya 14 millones de apoyos directos a diferentes capas de la población, supuestamente las más marginadas, la de los adultos mayores, a madres trabajadores y a productores del campo, vía entrega de estímulos o vía las famosas becas, aunque no se especifica en qué proporción los jóvenes sin trabajo y sin estudios han sido apoyados, sobre todo por medio del programa de becas de capacitación que algunos dicen que es de pobre cobertura.

Llama la atención, en cambio, que basta leer por la página que sea la crónica criminal que diariamente se escribe en este país, para saber que en los crímenes de sangre en que se ven involucrados miembros del crimen organizado, como victimarios o víctimas, es casi nula la identificación de los delincuentes como desempleados, pues la inmensa mayoría atienden talleres de trabajo manual, de tal manera que no es que la tropa de ninis sea el semillero de la delincuencia.

Se deben buscar otras causas, que son a la vez consecuencias de la descomposición social, tales como la cultura que enaltece la violencia, el desprecio a la vida y esa apología que se hace del criminal como una pervertida forma del hombre hecho a sí mismo, donde lo que priva es el afán del mucho lucro, con el menor esfuerzo y el poco respeto por la integridad de los semejantes.

 
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