Aguascalientes, México, Jueves 23 de Febrero de 2017
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Manual para quedarse chiflando en la loma

22/02/2017 |
Hace algún tiempo un par de ricachones hablaban de un conocido mutuo; según entiendo se trataba de alguien al que las cosas no le habían rodado bien. A los primeros, con sus cuentas de varios ceros en el banco, el fracaso del tercero parecía resultarles divertido. Uno de ellos, secándose las lágrimas detrás de las gafas y enseñando los dientes, dijo que al infortunado:
-Las autoridades deberían investigarlo –carcajadas-, por empobrecimiento inexplicable.
Lo increíble es que existe gente que ve con sincera extrañeza, que los demás no se vuelvan millonarios, como si ese fuera el destino natural del hombre.
Ardo en deseos de que un editor con olfato consiga los derechos y edite ese documento capital que son los diarios de la esposa de Javier Duarte. Me entero apenas que la señora se llama Karime Macías y que, en ese relato de cómo se fue construyendo su fortuna personal –con dinero público y la ayuda de los socorridos testaferros y prestanombres-, hay una joya de la literatura donde escribe y repite, a renglón seguido: “me merezco la abundancia”.
Ahí tienen los arqueólogos del futuro nuestro Código de Hammurabi particular, que le explique al hombre del futuro cómo fue esa asombrosa –y esperemos que para entonces extinta- civilización de los mexicanos. Leído como libro de historia debe ser fascinante y en signo de novela, debe de ser uno de los mejores textos para asomarse a las entretelas del alma de los zafios. Un libro imperdible.
Cuento esto luego de que acabo de pasar uno de esos trances tan comunes, en que una tentativa económica se nos va al traste.
No se trataba de merecernos la abundancia –parece que en casa no tenemos los necesarios métodos para conseguirla-, sino de un asunto mucho más doméstico y modesto: la obtención de una beca parcial para los estudios de uno de nuestros escuincles.
Llegado el momento de buscarle una nueva escuela y buscando la mejor opción para que siga sus estudios (somos de esos románticos que seguimos pensando que la educación es el camino), encontramos la opción que nos pareció la más adecuada, cosa en la que el escuincle estuvo de acuerdo.
Sabía yo que dicho plantel tiene un programa de becas parciales; más que eso, muchos conocidos míos me han contado que en su día han logrado esos apoyos: algunos del 20 por ciento, otros por el 30 y algunos hasta el 40 del total de la matrícula.
No es una escuela cara, pues parece que la calidad está asegurada, aunque sí costosa. Decidimos solicitar el apoyo. Lo hicimos por dos causas: primero porque nos vendría bien y lo necesitamos. Así de simple. Pero más nos movió el hecho de que sabemos de decenas de casos de gente que conocemos, con ingresos que multiplican por mucho los míos, que gozan del beneficio.
Sin empacho, que tampoco es que seamos gente de ir con la mano extendida por delante, así lo comenté: si no lo necesitáramos, no nos atreveríamos para pedirlo.
Unos amigos nuestros, que tienen a sus hijos allí estudiando, que gozan de apoyos parciales y que tienen un negocio que les deja millones, nos explicaron: van y te investigan; te preguntan cuánto ganas, cuánto gastas, etcétera.
Para nosotros el procedimiento, nos enteramos, sería distinto. Ahora la institución contrató a una empresa que realiza el procedimiento. Hace uno los trámites por la Internet. Hay que entregar comprobantes de ingresos, enumerar los gastos, hacer un pago y escribir un tipo de ensayo (así lo llaman ellos) para justificar la solicitud.
En mi caso, lo notamos al hacer el trámite, el grueso de mis gastos se me van en los asuntos domésticos y en el pago de seguros, es una pulsión de clasemedieros: tener seguros de vida, de gastos médicos mayores, para los vehículos e incluso un fideicomiso para asegurarles a los escuincles un monto equis para que puedan iniciar sus estudios universitarios. Se trata de no dejar a los deudos en la orfandad y en la inopia y al hacer cuentas cae en cuenta que se trata de un barril sin fondo.
Tengo yo, entre otros, un seguro que es una verdadera curiosidad y, en el fondo, un timo. Es el que le dejaría a mis sobrevivientes la mayor cantidad de dinero, aunque siempre que yo me muera antes de los sesenta años. Me he gastado demasiado en pagarlo como para cancelarlo, así que le dan ganas a uno de morirse relativamente joven para que no se trate de dinero tirado a la basura.
En fin que se cumplieron los trámites. Hace unos días me dieron la fecha para consultar el resultado y ésta se llegó. Tocando madera, para que nos ofrecieran el apoyo máximo abrimos la página web, para enterarnos, con consternación, que nos lo habían negado.
Nada qué reclamar, nada en absoluto. Ellos ofrecen ese apoyo y piden sus requisitos. En ellos está la protestad de concederlo o no. En un texto breve explican las posibles razones de la negativa: el alumno solicitante no cumplió satisfactoriamente con las pruebas de admisión –que no es el caso-; su promedio escolar no es satisfactorio –que parece que tampoco es la causa: el escuincle no es un Einstein, pero es un estudiante bueno-; no acreditamos la necesidad del apoyo; o se les acabaron los fondos destinados para tal fin.
Yo supongo, pienso a toro pasado, que en el ensayo de marras no abundé o no me expliqué lo suficiente. Me limité a decir; lo pedimos porque está claro que lo necesitamos. Tal vez si me hubiera inventado una tía tetrapléjica a mi cargo, un vástago que echa babas y tiene los ojos fuera de las órbitas, o una tragedia familiar de ese tipo… Pero en fin, no lo conseguimos y recortaremos aquí y acá, dejaremos de desayunar caviar, venderemos el Monet, los caballos pura sangre… porque es mi obligación y porque lo hago con gusto. Eso no tiene vuelta de hoja… A menos que convenza al muchacho que estudie para prestanombres.
Como sea nos causó asombro, y mucho, cuando en casa repasamos apellidos de reconocidos ricachones de los que sabemos tienen, o tuvieron, estas becas.
Son, aunque con algunos tenemos algo parecido a la amistad, gente de esa que, como doña Karime, se merecen la abundancia y tienen los méritos. Suponemos que uno de ellos es saber aparecer como menesterosos cuando se trata de estos asuntos o de las declaraciones de Hacienda.
Hacer lo contrario, al parecer, es el mejor y más directo camino para quedarse chiflando en la loma.