Aguascalientes, México, Lunes 27 de Marzo de 2017
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Triste domingo

27/03/2017 |
Rompo el aire con ayes y quejidos, escribió el poeta, inspirado en el siempre terrible Salmo 38. Y todo, ya que ando citando poetas, porque se llegó la bíblica modorra del domingo.
Sobra decir que los domingos no me gustan. Creo que no le gustan a casi nadie, pero igual me equivoco. Siempre tienen ese tono de final de algo, cuando uno sabe de la emoción del viernes y la placidez del sábado. Para ya dejar a los poetas en paz, citemos por último a Juan de Yépez, de cuya pluma salió aquello de “salí tras ti y eras ido”.
Lo que pasa es que para mí el domingo tiene doble drama. Es un día aburrido por definición, pero es peor cuando se convierte, como es en mi caso, en una especie de lunes: yo tengo que venir a la oficina y comenzar la semana laboral.
Suelo despertarme temprano. Desayunar alguna cosa, hacer un par de cafés y salir de casa poco después a hacer algo de ejercicio. Luego vengo a trabajar y procuro volverme mi casa, que no es la suya (¿qué diablos voy ir a hacer a casas ajenas?), a comer y reposar la tarde.
Cuando estoy preparándome el desayuno enciendo la televisión. Casi siempre hay por allí algún partido de futbol español, holandés o inglés… En mi oficina suelo poner en la televisión el juego de los Pumas, o del Toluca, que son los que juegan el domingo a las doce. A las tres siempre dan el partido estelar de la Liga Española y suele quedar alguna cosa más que ver para media tarde.
Yo agarré la costumbre esta de reventar de futbol los domingos cuando era niño. Aburrido como siempre me resultó el día este, me consolaba esas mañanas con los juegos que daban en el Azteca, que narraba Ángel Fernández o, mucho mejor, con los de CU, que narraban en un estilo casi mántrico Carlos Albert y el mismísimo José Ramón.
Pero tampoco le hago al feo a otros deportes. Hasta hace poco más de un mes, los domingos también me podía hartar de futbol americano, a partir de las once y con juego nocturno y la semana entrante ya podremos tener en la pantalla juegos de beisbol a patadas, incluida la transmisión de Beisbol esta noche, en la ESPN.
Hoy me desperté sobre las 7 y media. Cuando me enteré quién era y dónde estaba (yo soy yo y estaba en mi habitación), busqué el mando de la televisión y la encendí. Puse la TVE, para ver el comienzo del Telediario, sólo para enterarme que en España el cambio de horario comenzó ya; esto me recordó –y me amargó el despertar- que en una semana aquí vamos a andar ya con esa payasada, que tanto me hace daño. Soy de los que se marean por tener que madrugar una hora antes.
Estaban ya casi al final del informativo, que es cuando dan los deportes. Ahí fue que me acordé que este día no habrá consuelo de futbol. Los locutores y reporteros llenaron el espacio deportivo con resultados de juegos de ayer, de la eliminatoria europea y de baloncesto, de su Liga local.
O sea que hoy me espera una de esas jornadas de tedio, que me hacen prefigurarme el purgatorio, donde lo peor debe ser el hastío.
Ya sabemos que el torneo de la NFL terminó y no será hasta septiembre, en casi medio año, en que podamos ver un juego. Lo del beisbol, pues también se sabe: no será hasta el próximo domingo que se realice el Opening Day, que significa juegos de pelota todos los días y hasta entrado noviembre.
En mi Face me sale una fotografía, que dice abajo que fue tomada por mí hace cuatro años. Se trata de una mesa que no es la de mi casa, ni la de mis padres, ni ninguna de las que acostumbro usar para comer. Es la mesa de un restaurante, pero no reconozco los detalles para saber cuál es. En la mesa, con un mantel blanco, hay una botella de vino de la Rioja y una copa. Ergo: estaba sólo. Hay una canastilla con pan y un cubierto para una persona. Debí tomarla yo desde mi silla.
Reparo entonces en que se trata de la Casa Ávila de la vieja terminal del aeropuerto de la Ciudad de México. Y allí recuerdo. Volaba por la Airfrance a París y de allí a Barcelona, donde estaría una noche, para luego hacer el trayecto por avión a Sevilla, a donde llegué la mañana del jueves santo, justo para instalarme en el hotel de la calle de Alemanes, frente a la Giralda, y reventar de procesiones de Semana Santa, que ese año tocó muy temprano. El domingo de Resurrección fue el 31 de marzo.
Y es que a mí los únicos domingos del año que me gustan, son justo los de Resurrección, pero si estoy en Sevilla y tengo comida en Las Piletas y billete en el bolsillo, para ir a la corrida que abre el abono sevillano. Si torea Morante, pues más que mejor.
Pero eso es el pasado, y el presente me tiene aquí, sentado y quejándome de la aburrición de los domingos sin futbol, sin pelota, sin juegos de la NFL. Para que vean cómo está el aburrimiento, ahora mismo estoy escribiendo con el sonsonete de una mujer que narra, si es que tal cosa se puede hacer, un juego de golf.
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