Aguascalientes, México, Viernes 18 de Agosto de 2017
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¿Cuántos elefantes caben en…?

18/08/2017 |
Todo cabe en un jarrito… Donde comen dos, comen tres…
Vamos a ver: Tal vez sea cierto eso de que donde comen dos, pueden comer tres; quizás hasta cinco. Todo es asunto de reducir las raciones o engañar al hambre. Si queremos estirar el asunto, llegaremos necesariamente al momento en que no hay agua que sirva para echarle a la olla de frijoles.
Un asunto que puede ejemplificar este asunto es el de la migración.
Mucho se dice, cuando en algún país comienzan a aparecer las lamentables demostraciones de xenofobia, que hay que recordar que tal nación se formó con el esfuerzo de los emigrantes, verbigracia los Estados Unidos. Este argumento, con otros matices, se usa para recordarle a los europeos, ahora que reciben una ola de emigración desde lugares en guerra (Siria) o de miseria extrema (África subsahariana), que ellos mismos, no hace mucho, andaban buscando refugio por medio mundo –por ejemplo cuando la Segunda Guerra.
Parece que el argumento ve paradójica la circunstancia que los emigrados, que suelen llevar prosperidad allí a donde tienen que escapar en una situación extrema (hambruna, guerra, desastres naturales), llegan a convertirse en una carga.
Imaginen una casa de gente generosa. Llega el tío que sabe carpintería y arregla los tejados; luego la tía con su prole, uno de los cuales es un comerciante nato; poco después unos parientes lejanos, entre ellos un cocinero de alta escuela que los regala con manjares… El problema es que la casa algún día va a ser insuficiente.
Pero no entremos al asunto de la migración; hasta donde estamos, parece que los que llegan de otro país todavía tienen cupo y siguen enriqueciendo a la sociedad de acogida; vayamos al asunto del turismo.
Hace días, ante las protestas que se van reproduciendo en España, y ahora en Italia, contra el turismo masivo, un diario español se preguntaba, en el encabezado de un reportaje: ¿Cuántos turistas caben?
Yo no dejo de asombrarme con las cifras, que creo exageradas, que dan las autoridades locales cada vez que se acaba una feria abrileña; empeñados en plantear que una fiesta es mejor si a ella acuden cientos, miles o millones de personas, hace poco hablaban, como si fuera gracia, que en los festejos de este año tuvieron –y yo sigo sospechando de la manera que dicen que los cuentan-, siete millones de personas que entraron al recinto ferial.
El asunto es que las ciudades turísticas, o las que tienen algún festival o feria que atraiga a los visitantes –peor si son como los de aquí, que vienen básicamente a empinar el codo-, tienen unos límites, un número de plazas hoteleras… Más recientemente una oferta de habitaciones particulares, pero que de cualquier manera es limitada.
Finalmente la casa de la familia, por generosa que sea, se llena. Los baños son insuficientes, el consumo de agua se dispara y a los que antes eran bienvenidos, se les acaba aplicando el doloroso refrán ese de que el pariente y el arrimado…
El problema al fin de cuentas, no será de la posición ante los turistas y los migrantes, sino ante nosotros mismos; se trata de entender que nos estamos acabando el espacio habitable del mundo –y sus recursos, por si alguien lo ha olvidado.
Mientras conseguimos cómo colonizar la Luna y Marte –que en eso estamos-, habrá qué pensar que una solución, equivalente a acampar en el patio trasero, será la de irnos a vivir al mar o a las llanuras de los desiertos.