Cambia de actitud

20/05/2013 |
Inicio manifestando que, en verdad, tengo las mejores referencias de la señora Barkigia y del consejo del IEE; de su prestigio y de su trabajo. Lo digo para evitar malos entendidos: que conste.
Lo demás: que soy un demócrata de los de toda la vida y un entusiasta promotor de sufragio, es también sabido, de tal manera que me preparo para seguir con atención la monserga esa de las campañas -y como todos me voy a hartar de ver cómo cuelgan su cochinero por toda la ciudad-, para en su día estar a la primera hora en mi centro de votación a depositar mi voto.
Como siempre me decidiré por los candidatos que menos me molesten. Mucho espero que a ninguno se le ocurra la tontería esa de contratar empresas de esas que le llaman a uno por teléfono los domingos a las seis de la mañana. Suena el teléfono a esas horas y a uno le da por pensar que nos llaman para decirnos que a la tía Rogelita la acaba de atropellar un urbano, sólo para enterarse de que el candidato a diputado de tal distrito y de tal partido tiene un mensaje "muy importante"para nosotros.
En su día habrá que inistir en viejas taras de nuestra democracia, sobre todo en sus siempre excesivos plazos. Llegará el día en que las mentadas precampañas estén prohibidas -y castigadas con prisión y trabajos forzados, de ser posible-, que las campañas se limiten a un par de semanas y el período entre una elección y la respectiva llegada al cargo se limite a unas cuantas semanas.
La ciudadanía lo agradecerá por dos cosas: primero por el ahorro de recursos que eso significará y luego porque nos evitará campañas que parecen confeccionados por verdaderos incompetentes que se las dan de genios y son una amenaza para la salud mental de todos nosotros.
Justo un genio de esos fue el que fue a timar a los del IEE con su campañita esa de invitación al voto y que hace que los sufridos ciudadanos pensemos con nostalgia en los tiempos aquellos en que el buen Herodes causó la famosa escabechina de niños.
¿Quién fue el autor de esa idea? ¿Alguien en sus cabales piensa que la gente va a ir a votar porque un niño con voz de bembo nos lo recomienda o nos lo ordena?
Los filóntropos del Kmer Rojo ya nos demostraron que los niños pueden ser crueles y despiadados, pero lo de este anuncio raya ya en un crimen de lesa humanidad y debería ser causa abierta en el Tribunal Internacional de La Haya, para que el autor y los responsables de su difusión en millones de spots de la radio -y de paso el escuincle ese- sean juzgados de la manera más sumaria posible.
No sé cuantas veces me tengo que tragar ese anuncio por cada trayecto que hago en auto. Hay tardes en que, rendido de cambiarle a la radio para escucharlo en todas las frecuencias, decido hacer el viaje de regreso a casa apagando el aparato y chiflando la bonita Marcha de Zacatecas y pensando linduras de esos otros genios que dicen llevar los asuntos de la movilidad vial.
Luego los hay que se extrañan de que la gente de estos rumbos manifieste alarmantes signos de locura y uno acabe hablando solo cuando va en la calle. Una infamia.
Yo hace tiempo me dediqué, con relativo éxito, a lo de las encuestas electorales. Tanto que, contra la opinión de tantos que me tacharon de agente de la KGB, pronostiqué con exactitud y oportunidad aquella célebre derrota del entonces Partidote, en las municipales del 95. No lo hago más porque parece que en los partidos encajan bastante mal estos pronósticos y a mí me suelen sentar peor las majaderías que me dicen.
Aún así y sin miedo de incurrir en una ilegalidad -me acabo de leer la ley completita antes de atreverme a hacer este artículo- realicé una pequeña encuesta sobre la opinión que entre los ciudadanos genera el anuncito de marras. Nueve de cada diez encuestados quiere caerle a patadas al niño -lo que es una barbaridad, hay que decirlo- y el resto quieren de plano mandarlo a las Islas Marías a pedirle a los presos que cambien de actitud -con los riesgos que eso implica para esa pobre criaturita.
Yo, que soy siempre un fanático de la moderación, pienso que incluso ese infante puede ser una víctima de explotación: no debe ser lícito, ni decente someter a un escuincle -por muy sangroncito que parezca- al escarnio público y a los peligros más insospechados. Por lo demás no estoy de acuerdo con esos que piden violencia y me conformo con que sencillamente le callen la boca.
Y es que en el fondo los que creen que con esas payasadas la gente va a ir a votar, siguen dominados por ese poensamiento porfirista que supone que la gente es tarada y la ciudadanía es menor de edad, tanto que necesitamos -según consta- que nos vuelvan locos con mensajes condescendientes donde nos explican las bondades de ir a depositar nuestros sufragios.
Ya no me meto en asuntos más peliagudos como el de preguntar cuánto costó la gracia, mientras me entero que el repudiable anuncio de la radio tiene uno correspondiente para la televisión local, lo que ya debe ser una forma nada refinada de tortura norcoreana. Nunca en la vida me he felicitado tanto por no ver nunca las televisoras locales.
Lo que no sé es si el asunto va de que el anuncio ese se tenga que transmitir otros tantos millones de veces de aquí a las elecciones y luego el IEE tenga que destinar una millonada para pagarnos el psiquiatra a todos los que ya andamos viendo monos y escuchando voces. Yo por ejemplo esta mañana me desperté y juraría que en mi habitación se escuchaba la voz de Carlitos Gardel cantando corridos de bandoleros famosos.
Inicio manifestando que, en verdad, tengo las mejores referencias de la señora Barkigia y del consejo del IEE; de su prestigio y de su trabajo. Lo digo para evitar malos entendidos: que conste.
Lo demás: que soy un demócrata de los de toda la vida y un entusiasta promotor de sufragio, es también sabido, de tal manera que me preparo para seguir con atención la monserga esa de las campañas -y como todos me voy a hartar de ver cómo cuelgan su cochinero por toda la ciudad-, para en su día estar a la primera hora en mi centro de votación a depositar mi voto.
Como siempre me decidiré por los candidatos que menos me molesten. Mucho espero que a ninguno se le ocurra la tontería esa de contratar empresas de esas que le llaman a uno por teléfono los domingos a las seis de la mañana. Suena el teléfono a esas horas y a uno le da por pensar que nos llaman para decirnos que a la tía Rogelita la acaba de atropellar un urbano, sólo para enterarse de que el candidato a diputado de tal distrito y de tal partido tiene un mensaje "muy importante"para nosotros.
En su día habrá que inistir en viejas taras de nuestra democracia, sobre todo en sus siempre excesivos plazos. Llegará el día en que las mentadas precampañas estén prohibidas -y castigadas con prisión y trabajos forzados, de ser posible-, que las campañas se limiten a un par de semanas y el período entre una elección y la respectiva llegada al cargo se limite a unas cuantas semanas.
La ciudadanía lo agradecerá por dos cosas: primero por el ahorro de recursos que eso significará y luego porque nos evitará campañas que parecen confeccionados por verdaderos incompetentes que se las dan de genios y son una amenaza para la salud mental de todos nosotros.
Justo un genio de esos fue el que fue a timar a los del IEE con su campañita esa de invitación al voto y que hace que los sufridos ciudadanos pensemos con nostalgia en los tiempos aquellos en que el buen Herodes causó la famosa escabechina de niños.
¿Quién fue el autor de esa idea? ¿Alguien en sus cabales piensa que la gente va a ir a votar porque un niño con voz de bembo nos lo recomienda o nos lo ordena?
Los filóntropos del Kmer Rojo ya nos demostraron que los niños pueden ser crueles y despiadados, pero lo de este anuncio raya ya en un crimen de lesa humanidad y debería ser causa abierta en el Tribunal Internacional de La Haya, para que el autor y los responsables de su difusión en millones de spots de la radio -y de paso el escuincle ese- sean juzgados de la manera más sumaria posible.
No sé cuantas veces me tengo que tragar ese anuncio por cada trayecto que hago en auto. Hay tardes en que, rendido de cambiarle a la radio para escucharlo en todas las frecuencias, decido hacer el viaje de regreso a casa apagando el aparato y chiflando la bonita Marcha de Zacatecas y pensando linduras de esos otros genios que dicen llevar los asuntos de la movilidad vial.
Luego los hay que se extrañan de que la gente de estos rumbos manifieste alarmantes signos de locura y uno acabe hablando solo cuando va en la calle. Una infamia.
Yo hace tiempo me dediqué, con relativo éxito, a lo de las encuestas electorales. Tanto que, contra la opinión de tantos que me tacharon de agente de la KGB, pronostiqué con exactitud y oportunidad aquella célebre derrota del entonces Partidote, en las municipales del 95. No lo hago más porque parece que en los partidos encajan bastante mal estos pronósticos y a mí me suelen sentar peor las majaderías que me dicen.
Aún así y sin miedo de incurrir en una ilegalidad -me acabo de leer la ley completita antes de atreverme a hacer este artículo- realicé una pequeña encuesta sobre la opinión que entre los ciudadanos genera el anuncito de marras. Nueve de cada diez encuestados quiere caerle a patadas al niño -lo que es una barbaridad, hay que decirlo- y el resto quieren de plano mandarlo a las Islas Marías a pedirle a los presos que cambien de actitud -con los riesgos que eso implica para esa pobre criaturita.
Yo, que soy siempre un fanático de la moderación, pienso que incluso ese infante puede ser una víctima de explotación: no debe ser lícito, ni decente someter a un escuincle -por muy sangroncito que parezca- al escarnio público y a los peligros más insospechados. Por lo demás no estoy de acuerdo con esos que piden violencia y me conformo con que sencillamente le callen la boca.
Y es que en el fondo los que creen que con esas payasadas la gente va a ir a votar, siguen dominados por ese poensamiento porfirista que supone que la gente es tarada y la ciudadanía es menor de edad, tanto que necesitamos -según consta- que nos vuelvan locos con mensajes condescendientes donde nos explican las bondades de ir a depositar nuestros sufragios.
Ya no me meto en asuntos más peliagudos como el de preguntar cuánto costó la gracia, mientras me entero que el repudiable anuncio de la radio tiene uno correspondiente para la televisión local, lo que ya debe ser una forma nada refinada de tortura norcoreana. Nunca en la vida me he felicitado tanto por no ver nunca las televisoras locales.
Lo que no sé es si el asunto va de que el anuncio ese se tenga que transmitir otros tantos millones de veces de aquí a las elecciones y luego el IEE tenga que destinar una millonada para pagarnos el psiquiatra a todos los que ya andamos viendo monos y escuchando voces. Yo por ejemplo esta mañana me desperté y juraría que en mi habitación se escuchaba la voz de Carlitos Gardel cantando corridos de bandoleros famosos.











