Aguascalientes, México, Lunes 23 de Octubre de 2017
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Si te vienen a contar

06/01/2017 |
Pensaba pasar de largo el asunto del gasolinazo.
¿Para qué decir nada?, pensaba yo, ¿si cada mexicano es un experto en el tema?
En corto intenté razonar con alguno sobre la necesidad de poner el asunto, por irritante y ofensivo que resulte, en contexto. Razonar ya no es una opción en este país y lo cierto es que nadie me contrató ni de vocero de Pemex, ni de abogado del diablo. Por lo menos a mí no me avisaron.
Supongo que hay que decir que acostumbrados que estamos al Ogro benefactor, que dibujó Paz ya hace tanto, los golpes de realidad los encajamos mal los mexicanos. Ya Eliot señalaba que los humanos resistían muy poca dosis de verdad, aunque en el caso de los mexicanos –seres casi ficticios acostumbrados a vivir en la mitología-, esa dosis se reduce a nada.
El asunto se resume, si le creemos al presidente y a los suyos, en que este país vive una economía de ficción y no hay estabilidad posible –sobre todo ante la irrupción del agente Trump- si no ponemos de una buena vez los pies en la tierra.
Haberlo dicho antes; porque también es cierto que nos habían prometido lo contrario: ya existe el YouTube.
Concedamos eso: es doloroso, pero es necesario. Algo así como: tenemos que sacarle las entrañas, pero es por su bien.
Claro que estamos irritados –de hecho estamos más que eso, pero mi refinada educación me impide usar ciertas palabrotas que estoy pensando-, aunque también hay que entender:
Uno: que varios de los que se están colgando de las protestas, especialmente los panistas y los perredistas, también avalaron el trancazo, y sin chistar.
Dos: que en este país nos acostumbramos a un Estado benefactor y nunca entendimos de dónde salía el dinero.
Concedido lo que haya conceder y dicho lo anterior, también hay que ser muy claros: ya duele tener que mantener a ese Estado y a sus satélites parasitarios, a ciertas castas y clientelas, a los partidos, a los sindicatos de burócratas (especialmente maestros y petroleros) y a otra legión de rémoras, como para luego soportar noticias sobre los cientos o miles de millones que se robó tal o cual ex-gobernador corrupto.
Yo sería de la opinión -que nadie me ha pedido- de apretarnos el cinturón en aras de una economía equilibrada, unas finanzas con los pies en el suelo y todo lo que quieren y gustan, pero si a cambio dejamos de tratar de rellenar ese barril sin fondo que son los miembros del Congreso de la Unión, los partidos políticos, los parásitos del INE, los nuevos millonarios del IFAI, nuestros jueces de lujo (tan de lujo que parecen ser la cúspide de la nueva nobleza), los gobernadores que se venden las playas del país, los que saquean sus estados y en fin toda la tropa de corruptos.
También sería de la opinión de reiterar que, para nuestra mala fortuna, esos señores sólo son un síntoma de cómo andan las cosas nacionales.
Nunca se me olvidará la lección que me dio un día el señor Julio María Sanguinetti: “los políticos uruguayos no son corruptos, porque los ciudadanos uruguayos no lo son”.
De rateros disfrazados de luchadores sociales y de los chismes de verdulera que circulan en las redes, ya ni hablamos.
Ya está, ya lo dije. Poco más que agregar… Salvo una cosa (que ya se me estaba olvidando).
Hasta donde entiendo no he sido nominado por ningún partido, coalición o grupo independiente a la presidencia de México; si no me enteré de eso –seguro porque no pasó-, menos me di cuenta en qué momento fue que gané las elecciones federales y me convertí en el jefe del Ejecutivo.
Tampoco me he enterado –porque yo no me entero de nada-, en qué momento fui elegido gobernador del Banco de México, designado secretario de Hacienda, nombrado ministro de la Suprema Corte, votado para representar a mi distrito en el Congreso, o para portar el estandarte de este bello estado –que tampoco- en el Senado de la República.
No tengo a la mano mi nombramiento de asesor presidencial, ni aquel que me hace miembro del Consejo de Pemex –a menos de que en una de esas estuviera yo dormido cuando me nombraron director de la paraestatal-, ni el acta que revela que me convertí en presidente nacional del PRI o dirigente de la bancada perredista en San Lázaro.
Lo digo, porque con todo mundo iracundo, ya me cansé de los que llegan a preguntarme:
-¿Cómo ves la puñalada que nos están dando?
Y lo hacen en un tono como si yo hubiera recomendado, votado u ordenado el gasolinazo… y de paso la elección de Trump (yo no soy elector en los Estados Unidos tampoco, lo juro), la salida del Reino Unido de la UE, los atentados de Turquía, la guerra en Siria y hasta la derrota del América en la pasada final del futbol mexicano.
Yo se los juro que yo no fui.
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