Aguascalientes, México, Lunes 16 de Julio de 2018
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聲geles y querubines

22/12/2017 |
No quiero meterme en camisa de once varas, aunque debo decir que creo, y sinceramente, que los ángeles gozan de una buena prensa que no acabo de entender.
Cuento esto en el hilo de mi artículo anterior, donde sigo la idea de que ver un milagro debe ser algo aterrador; lo mismo pasa si se nos aparece, así de la nada, un ser del llamado más allá, pues nunca hay manera de saber si se trata de un ser benigno o de una aparición del chamuco, o de la momia, o de un vampiro o de quienes ustedes quieran y gusten –si es que existe gente de ánimos tan templados y de gustos tan extraños.
Antes de llegar al alucinante relato del profeta Ezequiel, que no es un profeta cualquiera, repito que está uno muy tranquilo baboseando en casa o caminando (por causas incomprensibles) en un páramo oscuro y ¡hop! Que se nos presenta la aparición. No sé a quién le puede causar eso gracia.
Lo de la buena prensa que no entiendo, en el caso de los ángeles, es sólo de hacer un repaso de las apariciones de estos seres en el pasado, para ver que la mayor parte de las veces su llegada de la nada no se corresponde con la imagen que tiene aquí la gente de esos seres.
La primera vez que a los humanos se les presentó un ángel ya es aterradora, pues se trataba nada menos que del mismísimo Luzbel, que será todo lo diablo que ustedes gusten pero –y si no me creen vayan a la biblia y al muy recomendable Libro de Job- pero al fin un ángel; y no es que se apareciera así nomás detrás de una nube, sino que se presentó ante la señora doña Eva, madre de la humanidad, según la leyenda, nada menos que disfrazado de víbora. Ya el asunto así de entrada es como para que le den a uno escalofríos.
Pero no sólo se trata de que a uno le salga una serpiente detrás de los matorrales, cosa asaz asustadora de por sí, sino que se trataba de una serpiente que caminaba erguida (como para que ahí mismo caiga uno fulminado) y que, para más colmo, hablaba.
No sé porque me acordé de una suegra que yo tenía y que no tenía nada de angelical.
Para no hacer el cuento largo, que si no aquí nos vamos a estar por meses, la segunda vez que se aparecieron estos seres luminosos a los humanos, otra vez a la ya citada Eva y al atolondrado de Adán, fue cuando llegaron los querubines a hacer el desalojo judicial de los jardines del Edén, en cuya puerta –que nadie ha visto jamás- dicen que anda una espada voladora para achicharrar a aquel que, en el caso de dar con la dichosa puerta, quiera meterse para adentro –con perdón.
Ahí mismo en el Génesis, 19 capítulos más adelante, estaba el buen Lot rascándose la barriga afuera de su casa cuando de la nada se aparecieron unos fulanos, que no eran fulanos sino ángeles. Dice el relato que: “llegaron a Sodoma al atardecer”; ya sabemos que tampoco traían las mejores intenciones: iban nada menos que a hacer llover fuego para dejar la ciudad reducida a cenizas.
Y así podemos seguir pero lo que quiero es llegar a Ezequiel, a propósito del libro “A time for everything” de Knausgaard, que es una especie de remake de la Comedia de Dante, que narra las aventuras de un tal Antinous Belbri; esto hasta donde sé pues el libro no está traducido y jamás lo he visto en mi vida –aunque he visto reseñas en inglés en Internet.
“Miré a los seres vivientes…” dice el profeta (Libro de Ezequiel, 1, 15-18), lo que ya descarta de entrada de que se trate de ovnis, como dicen algunos alucinados o de Transformers, como quise suponer yo, muy a la ligera, debo reconocerlo.
Los “seres vivientes” están rodeados de unas ruedas que abren la tierra y se elevan; tienen cuatro caras y la extraña capacidad de caminar a la vez para cuatro lados, todo esto bajo unos aros luminosos que volaban encima de sus cabezas y que “estaban llenos de ojos” y estaban rodeados con fuego…. Coincidirán conmigo que a uno se le aparecen esos seres y lo menos se le queda la boca chueca y los ojos bizcos.
Y como ya nomás me quedan dos líneas para un epílogo, digo que si se trata de apariciones yo paso y si la cosa va de milagros, qué tal que un día y nos sale por allí un presidente honesto, austero, enérgico pero dialogante (o mejor dialogante pero enérgico), legalista, enemigo a muerte de los corruptos y, lo más milagroso, dispuesto a encabezar un Gobierno de unos mexicanos que son también pura gente decente… Creo que será más fácil, mucho me temo, ver que se vuelvan a abrir las aguas del Mar Rojo.
Felices fiestas.
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