Aguascalientes, México, Martes 24 de Abril de 2018
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La voz de la calle

27/12/2017 |
Yo creo que la culpa es de Hesíodo, del que dicen que dijo eso de que la voz del pueblo es la voz de Dios… Así las cosas, si damos por cierto tal barbaridad, el que hable por la gente de la calle está nada más y nada menos que hablando por el mismísimo Todopoderoso. Así se explica, según yo, es atentación de tantos de pensar que su opinión es la perfecta síntesis de lo que opinan los demás.
Los políticos, sobre todo cuando están del lado de la oposición –porque no les queda de otra, no por gusto, las figuras públicas y los periodistas somos muy dados a esos excesos. Así, solemos hablar de lo que “clama el pueblo”, lo que “demanda la Nación”, las “exigencias de las clases populares”, los señalamientos de “la opinión pública” o las exigencias de “la sociedad civil”.
Como nadie nos va a reclamar, pues lo más fácil es apoyar cualquier sandez que se nos ocurra en un ente abstracto y superior.
Cuento esto, ya un poco tratando de sacar de mi cabeza todo este relajito de las fiestas, cuando leo en un diario atrasado que el actor Luna y el otro Gael Algo, demandan la revocación de la polémica Ley de Seguridad Interior, porque “así lo demandan millones de mexicanos”.
Estas barbaridades verbales surgen, a mi entender, de dos vicios muy nuestros: el pensar que ser célebre tiene aparejada una especie de inteligencia superior que convierte a cualquier persona famosa en una atalaya moral –lo que no veo por dónde se sostenga- y la otra, la de pensar que uno es una lumbrera y la gente de la calle, debe caer rendida ante nuestros argumentos.
La pregunta es: ¿Cómo sabe el señor Luna que lo que él opina es la opinión de millones de mexicanos?
Sobre lo de la mentada ley –y hago un paréntesis para que nadie me acuse de estar defendiendo nada-, lo que entiendo son sólo dos cosas: que era una ley que urgía y que según dicen los que de verdad saben de leyes, salió mal por todos los lados.
Y digo que es lo que entiendo yo, porque yo soy muy bruto y mis entendederas no me dan para más.
Anda circulando por allí un video donde Alejandro Madrazo, el del CIDE, pone pintos a unos señores con caras largas, que supongo –porque la verdad no tengo ni idea de quienes pueden ser- deben ser senadores o asesores de senadores o algo por el estilo.
Yo a Alejandro lo tengo por persona inteligente y conocedor de los asuntos de leyes. En mi afirmación no hay ni una pizca de ironía. Bajo esa mi opinión tengo que decir que me figuro que lo que dice es verdad y que la dichosa ley es una barrabasada. No tengo manera –ni ganas- de objetar sus palabras.
Donde ya el asunto me suena mal es cuando asume que está hablando por el pueblo de México, o por una inmensa mayoría que, visto lo visto, ni enterada está que existe una ley que es para algunos como un golpe de estado legal o alguna barbaridad de esa magnitud. Menos comparto su afirmación casi kantiana de que “el pueblo de México no es tonto”.
¿Qué no somos tontos? Perdón maestro, pero no somos tontos, somos requeté pen… tontos. De otra manera no se entiende que tengamos que elegir entre seguir con el PRI, votar a un higadito de moral endeble como Anaya u optar por un profeta menor que busca “el bienestar del alma” aliado con tipos de pensamiento medieval.
Pero estas, al fin, son mis opiniones. A mí se me ocurrieron, yo las escribí y, la verdad, no he elaborado encuestas, ni he salido a las plazas para ver si coinciden con las de la opinión pública, la sociedad civil, la ‘intelligentsia”, o nadie que no sea yo. Tan hablo por mí, que estoy seguro que cuando las lean en mi casa, van a menear la cabeza en señal de reprobación.
Yo lo más cercano que me he sentido a la divinidad, fue cuando leí a Huidobro y me sentía poeta, pero de eso hace mucho.