Aguascalientes, México, Martes 17 de Julio de 2018
Seguir a hidrocalidod en Twitter   RSS  
           
 

El resumen

29/12/2017 |
Como ahora el par de lelos que seguimos en las redacciones de los medios nos entretenemos haciendo recuentos de lo que ha sido el año que se termina el domingo y como no estoy para exprimirme los sesos –mientras medio mundo está rascándose la barriga vaya a saber usted dónde-, va aquí a vuelo de pájaro el resumen personal del 2017.
El primero de enero, lo de siempre: amaneció el mundo igual que en la víspera, aunque con la novedad de que aquí había nuevas autoridades, lo que al final resultó en lo que resultó; he dicho y que así sea.
Yo estaba listo para irme de vacaciones. Había dispuesto lo que correspondía: reservaciones, billetes de avión, un pase de temporada para hacer algo de snowboard y etcétera. Unos días antes de irme me enteré que me acababan de invitar a un baile al que yo no quería asistir, sólo para comprobar que si los pleitos son malos por naturaleza, no hay nada peor que los pleitos ajenos.
Se me ocurrió la mala idea de pagar el Predial de la que es su humilde casa (que en realidad es en parte mía y en parte de una institución hipotecaria), que supongo que es una cosa buena y una muestra de que soy un ciudadano responsable; luego me enteré que por esa sencilla razón me convertí en un especulador inmobiliario y en dueño -¡háganmela buena!- de todo el coto donde vivo.
Pasó febrero y pasó marzo. Los días se fueron haciendo cada vez más largos y las temperaturas más tibias. Pronto llegó la Primavera, lo que como sea significó que había sobrevivido otro invierno.
Cuando avanzaba a abril, y como mi concurso aquí servía para muy poca cosa, tomé la sabia decisión de largarme lo más lejos que me dejaba mi presupuesto y alejarme de esa cosa nauseabunda (literalmente) y vulgar que es la Feria. No falto a la verdad, ni estoy insultando a nadie: nauseabunda porque así huele todo aquel asunto y vulgar porque creo que el éxito de los festejos se mide ahora, básicamente, por el número de vulgo que se puede meter en la zona –y el dinero que dicen que genera y que nunca sabremos a dónde va a parar.
Me fui a Toronto con mi prole –lo que convierte a esa vacación en una actividad proletaria-, y me la pasé muy bien; hasta que se llegó el mal momento de regresar, ya en mayo.
A principios de junio me dijeron que en una rifa de la que no compré boleto me acababa de sacar un tigre de premio. Junio y julio me la pasé haciendo planes para ver cómo iba yo a asumir ese asunto.
El dos de agosto me entregaron a la fiera y así, haciendo contorsiones, me he pasado los meses restantes tratando de que no me toquen los zarpazos.
Poca cosa más: no me saqué la lotería, dejé otro libro que escribía a medias, me leí 5 de los seis tomos de la obra de Knausgaard, el librote ese de Stach y alguna cosa más que cayó en mis manos (incluido el emocionante librito de unas conferencias de Borges sobre el Tango); como dijo hace tiempo uno de esos enemigos gratuitos que me caen del cielo: tampoco este año me dieron el Premio Nacional de Poesía… Supongo porque tengo muchos años sin escribir nada de poesías.
Despido el año con el orgullo de tener el peso que tenía hace un año, con algunas canas de más y un par de achaques nuevos.
Lo más triste fue la muerte de mi amigo Juan Pablo y lo más afortunado fue que mi primo la Chata sobrevivió y sobrevive a un episodio como al que al primero le costó la vida. ¿La familia? Pues afortunadamente bien y muchas gracias.
Poca cosa más.
Editoriales pasadas