Aguascalientes, México, Domingo 23 de Septiembre de 2018
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Video killed the radio star

10/08/2018 |
La chaviza y la momiza, dos categorías ya caducas; las del tiempo en que yo era de la primera, ahora que estoy metido en la segunda. Qué mala onda –diría el Vulgarcito y ahora nadie que no tenga más de 40 sabría de qué diablos estamos hablando.

Pero vamos con Bruce Woolley –que es un nombre también olvidado- cantando aquello de: ‘In my mind and my car, we can’t rewind we’ve gone to far…’; luego Woolley que cantaba esto en el 79 y arrasaba en las listas de la radio en Canadá se une a The Buggles, graban su video y, consagración eterna que luego dura diez, veinte años, son el primer videoclip que transmite esa antigualla que era la MTV.

MTV: cinco años más tarde encendíamos la televisión, la trinitron de la Sony, localizábamos el satélite con la parabólica (¡qué modernos éramos!) y escuchábamos a Mark Knopfler y a su Gibson Les Pauls (aclaro que es una guitarra), cantar eso de ‘You play the guitar en MTV’, mientras unos monos creados con pixeles burdos cargaban refrigeradores, en una prefiguración del Minecraft que jugaban mis hijos, hace unos pocos años, fascinados con lo que ellos consideraban que era la manera antigua –del siglo XVIII- de jugar a los videojuegos.

Entonces alguien nos dijo que éramos, vestidos con pantalones de pinzas, zapatos de escote, camisas hawaianas y sacos de hombreras, la Generación X, sucesores de aquellos ‘babyboomers’ y que, pasada la crisis del petróleo y la época del bienestar nos convertiríamos en ¿alguien en la vida’, con nuestras computadoras personales, nuestros walkman, donde escuchábamos a Billy Idol, hablábamos de la computadoras Burroughs y saltábamos en las fiestas escuchando (‘Met a girl called Lola and I took her back to my place’) a los Kinks.

¿Y luego qué nos pasó?

Vaya usted a saber, pero detrás de nosotros llegaron otros y luego de ellos otros más. Después de esa X que nos hacía The X youngs, los de la generación Y, nacidos mientras nosotros estudiábamos como sumar dos más dos en Basic y a los que luego se les dijo que eran los Millennials, según alguna clasificación nacidos entre el 80 y el noventa y tantos.

A estos Millennials no les acompaña buena prensa; les llaman también como miembros de la generación de Peter Pan: niños perpetuos, que ya no supieron nada de los Beatnik, los hippies, ¡los Beatles!; son una especie –dicen y generalizar nunca es bueno- de nuevos nihilistas, que ven la vida con desdén por las pantallas de sus ‘teléfonos inteligentes’.

Lo cierto es que cambiaron los hábitos de consumo y comenzaron a desconfiar de la democracia (aquí fueron los que votaron masivamente a López Obrador); se les acusa de matar (no tan figuradamente) a numerosas industrias: la telefonía fija, el correo postal, el taxi, el videoclub, a los periódicos.

Pero ahora un nacido en 1980 es ya un tipo de 38 años y parece que son historia vieja; agárrense que ya llegaron los ‘iGen’, o sea los miembros de la generación Z (en estricto orden alfabético y ante el drama de que parece que ya no hay futuro).

Se supone que son una quinta parte de la población, son más nativos digitales que sus antecesores y son hijos del crack del 2008, de tal manera que, dicen también los estudiosos y los ociosos como yo, son profundamente desconfiados respecto al porvenir: no por nada han crecido escuchando que ya nos acabamos el planeta y no les dejamos nada.

‘Tienen bajas expectativas, no son tan confiados’, cito la cita de una Jean Twenge profesora de Psicología de la Universidad de San Diego (me vuelo la ídem de Bloomberg); parece que les interesa la fama, el dinero y, en cambio, tienen poco sentido de comunidad y les importa un rábano los asuntos que podemos llamar como espirituales.

Tal vez, y esto es ya pura ciencia ficción, la siguiente generación, la de los que están naciendo justo ahora, sea definida como se hace con los huracanes: comenzando de nuevo con la letra a, de tal manera que en veinte años –y eso quizá ya no lo vean mis ojos; recordemos que soy ya de la momiza-, nos lleguen unos seres angelicales que vuelvan a escribir cartas, que pondrán de moda de nuevo el zen y que proclamarán la necesidad de restituir las monarquías y los imperios (los teléfonos celulares serán prohibidos y su uso causa de decapitación).