Aguascalientes, México, Jueves 13 de Diciembre de 2018
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íMark Twain ha muerto!

17/08/2018 |
Un día de tanto de 1897 –ignoro la fecha- el New York Journal informaba de la muerte del escritor Mark Twain; la noticia causó sensación, dada la popularidad que el de Misuri gozó en vida, especialmente a un tal Samuel Langhorne Clemens, quien se apresuró a escribir un telegrama a la redacción del diario.
Este Clemens era, para más señas, el hombre detrás del pseudónimo de Mark Twain; el telegrama que redactó al leer que había muerto –sin que él se enterara-, decía: ‘Su noticia de mi muerte es muy exagerada Stop’. El escritor moriría, ahora sí en serio, trece años después.
Recuerdo esta anécdota luego de leer en ‘Me acuerdo’ de Perec (una hermosa edición de Impedimenta, con cartas de una vieja baraja francesa en la portada), que cuando Gide murió (en 1951), al siguiente día François Mauriac –que ganaría el Nobel al año siguiente: Gide lo obtuvo en 1947- recibió un telegrama que decía algo así: ‘El infierno no existe. Suéltate la melena. Stop. Gide’.
Hay que recordar que Mauriac fue un santón católico y Gide un ateastro, cuyos libros deben seguir en el Índice de los libros prohibidos. Stop.
Ya que estamos con asuntos macabros y con escritores franceses, también me viene ahora a la cabeza otra anécdota, que no recuerdo quién contó: Boris Vian, que muere al salir del cine; acaba de ver la cinta de Michel Gast inspirada en la más violenta de sus novelas: Escupiré sobre vuestras tumbas.
Por cierto esta novela no es que sea una obra macabra, sino la extraña historia de un negro albino que va a un pueblo a vengar a su hermano: un negro-negro, que fue linchado allí.
Vian no quería que se filmara esa película y solicitó, primero, que no se realizara y, luego, que su nombre fuera borrado de los créditos. El autor del Lobo-Hombre (ese de la canción de La Unión), dicen, no se resistió a la tentación y acudió de incógnito al pase, en Le Petit Marbeuf de París. Hay al menos dos versiones de su muerte, las dos ubicadas en ese cine y ambas el 23 de junio de 1959. Una dice que Vian murió luego de exclamar, indignado ante lo que estaba viendo en la pantalla: ‘¿Se supone que esos tíos son americanos? Una mierda (Le merd)’; la otra, la que yo doy por cierta, que se murió al salir del cine.
Hasta donde se sabe Vian no se ha comunicado desde el más allá y no hay noticias de su paradero.
Otro francés, cuenta su extraño contacto con un muerto y los asuntos de la ultratumba.
Emmanuel Carrère, habla del caso del psicoanalista Luke Rhinehart, de Nueva York, que un día comienza a dejar las decisiones de su vida a un dado de seis caras; eso lo lleva a arruinar su vida familiar, su carrera y su reputación, hasta que termina por fundar una extraña tribu hippie al norte del estado de marras y escribir un libro que, según varias listas, es uno de los 50 más influyentes de la segunda mitad del Siglo XXI.
Tras pasar un par de días en Hudson con él y su esposa, luego de descubrir que Rhinehart es en realidad un tal George Cockcroft, que no es el demente del libro (The dice man, 1971; la edición en castellano es de Malpaso), sino un viejito apacible, casi retirado, que vive gracias a las regalías del libro (de culto y hasta con seguidores por todo el mundo, en la actualidad) y los derecho que le pagó la Paramount (que nunca ha podido filmar el libro).
La noticia de su muerte le llega Carrère por email: signo de los tiempos. Quien participa la muerte de Luke, dice que ‘no le temía a la muerte’ y que le ‘gustaba reírse de ella; pero es que le gustaba reírse de todo’.
Carrère llama a la viuda (¿Ann?) para darle el pésame; ésta le responde y le dice que le da gusto saludarle, pero que está un poco apurada, de tal manera que dice:
-Mejor te paso a George.
El francés se queda de a cuatro y piensa que la viuda ha perdido el juicio, probablemente por la pena. Algo le dice del email que acaba de recibir informándole de la muerte. La mujer debe soltar una pequeña risa: ‘¡Ah, claro! El email… Pero no se preocupe: el que se murió no es George, es Luke.’
El propio George le confirma que está vivo y le explica: ‘es que ya estaba harto del tal Luke’.
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