Aguascalientes, México, Viernes 21 de Septiembre de 2018
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'Si vas a leer un solo libro…'

31/08/2018 |
Por causas ajenas –ni tanto- a mi voluntad, las últimas semanas he limitado mis artículos a los que escribo los jueves, para que se publiquen los viernes. Un escritor de los serios puede pasarse, como aquel Zuckerman (y no hablo de Leo, sino de Nathan el de Roth: de Roth el de Nueva York, Philip, no el austriaco, Joseph), todo el día dándole vueltas a las frases, a la usanza de Wilde y su famosa coma; es un lujo que no me puedo –y no me quiero- permitir.
Yo básicamente escribía de cuatro cosas, a saber: mis pequeñas desgracias domésticas, mis viajes, mis memorias y de los libros que voy leyendo.
Ahora bien, como a mí ya no me pasa nada: estoy completamente alienado y metido en una nube, pues no sé qué contarles, que tenga el menor interés, a menos que me ponga a inventar que estábame yo paseando en las selvas de Chihuahua y cosas por el estilo.
Hace un par de años recibí una inusual y atractiva invitación. La aerolínea tal que inaugura un vuelo a Tokio y no sé por qué extraños mecanismos deciden invitarme, Vuelos a Houston, a Tokio, hotel… La invitación era inusual porque mi vida es una sucesión de hechos más o menos deliberados y suele estar exenta de sorpresas, menos de las agradables. Comprobado que aquello no era una vacilada me aprestaba a viajar cuando la cosa se torció: una enfermedad de alguien que me obligó a quedarme aquí. Lo mismo pasó el año pasado, por otras circunstancias igual de retorcidas: me quedé con muchas ganas y un billete de avión para ir a Sevilla.
El asunto es que como no pasa nada digno de contarse, pues hasta mis amarguras son comunes y corrientes y viajes ya no tengo, ahora lo que me sucede, mis viajes y hasta mis memorias pasan adentro de los libros que voy leyendo; contando con que leo con alguna rapidez, pero no tanta como para hacer reseñas cada vez que tengo que sentarme a escribir, pues aquí me tienen, leyendo a Bellow, a Perec (al que ya agoté, por ahora), a Binet y a Jonathan Littel, cuyas 'Benévolas' me están dejando en la inopia.
Pero en eso estaba, ante la angustia de haber incumplido el martes (que tampoco es una angustia de esas que matan) y la ansiedad de ver que se acercaba el jueves, cuando me cayó del cielo, por decirlo de alguna manera –de hecho me cayó de Internet-, un articulillo de Savater de la Librotea de El País, donde el entrañable vasco hace una serie de recomendaciones sobre lecturas únicas.
A la voz de 'Si vas a leer un solo libro…', el donostiarra gozoso recomienda, sin caer en el lugar común de: si estuvieras en una isla desierta y…, libros que para él son, supongo, sus preferidos de filosofía, de poesía, de aventuras, de amor, de ciencia ficción, de terror, de tema policíaco, de novela histórica, de humor, hasta llegar a una de esas novelas totales, que es un poco de todo, y que para él es Moby Dick de Melville.
Yo hace tiempo que estoy masticando, por hacer algo y no volverme loco en el bucle donde estoy metido, sentarme a hacer una lista, ordenada cronológicamente y por géneros de lo que hay en mi biblioteca, sobre todo para introducir orden en ese caos y recuperar en la memoria libros leídos ya hace mucho, pues allí están desde aquellos Clásicos que traje de casa de mis padres, aquellas viejas Lecturas Mexicanas que datan de los primeros 80 y, en fin, poco menos que cuatro décadas de lecturas.
Para abrir boca haré un ejercicio como el que propone Savater, aunque a mí Melville me llegó demasiado pronto y sé que no pude entender la grandeza de una obra que para Savater es un libro 'de filosofía, de aventura y terror, histórico y hasta político…'.
Por cierto hace tiempo leí de una novela que Melville no pudo publicar en vida –ni muerto-, cuyo manuscrito fue vendido como papel de desecho a un fabricante de baúles, que usaba esas hojas que compraba aquí y allá para hacer el forro de sus artículos; el resto es imaginar que esos baúles fueron vendidos –con una obra maestra dentro- y sus propietarios los llenaron de levitas, camisas de cuello rígido, calzoncillos y enseres varios, para emprender así un viaje hasta los confines del olvido.