Aguascalientes, México, Miercoles 18 de Septiembre de 2019
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Y su palabra es la ley

31/10/2018 |
Alguna vez el extinto tirano iraquí Sadam Husein dijo que la ley era 'cualquier cosa que él escribiera en un papel', lo que nos habla de la naturaleza de las tiranías, sea cual sea su justificación.
Por lo demás ya todo está dicho y no entiendo a los que hoy se dicen sorprendidos por el asunto del aeropuerto o las malas mañas exhibidas en esa parodia de consulta 'ciudadana', donde los votos –siempre supuestos- del .7 de electorado decide sobre asuntos capitales para el país. Por lo demás ya quedamos advertidos: a esto nos tenemos que acostumbrar.
Debo decir que a mí no me decepciona el proceder de López Obrador: nunca me ilusionó en lo más mínimo.
Ya en su día comentaba ese rasgo que Todorov identifica no entre los tiranos, sino entre sus súbditos –en eso nos acabamos de convertir-: el infantilismo: no necesitamos un presidente, necesitamos un padre que nos guie –aunque sea al despeñadero. Así nos despojamos de cualquier carga que la responsabilidad pueda significarnos.
Hay que reconocer que AMLO y los suyos actuaron con sagacidad: identificaron qué tipo de pueblo somos y qué tipo de gobierno nos merecemos: el que ellos encarnan; lo mismo hicieron los que llevaron a la presidencia al señor Jair Bolsonaro en Brasil. Allí donde hay orfandad, desencanto, rabia, pues qué mejor que una mentira consoladora.
Escribo al vuelo y eso me lleva a ir más allá de ese infantilismo de antes, pues todos estos modernos mesianismos –dicen que por efecto de la crisis global del 98 que destruyó las expectativas de tantos-, nos deben llevar a la 'moral del esclavo' que reconocía Nietzsche en el milenarismo cristiano. La receta perfecta para el desencantado: esperanza.
Había que releer a Nietzsche aunque el riesgo es siempre malentenderlo (o no entenderlo en absoluto), aunque para mentes más elementales no estaría mal comenzar con 'Sumisión', una recientísima novela de Houellebecq que habla de un (no tan) impensable triunfo de los islamistas franceses y el necesario cambio de reglas en la cuna de la Ilustración.
Pero estoy pidiendo demasiado: leer.
Un asunto más, que todo está dicho y más claro que el agua (para los unos y para los otros), pues me preocupa un efecto necesario de lo que nos está pasando y de lo que nos va a pasar. Y no hablo de las voces que alertan de la deriva autocrática y de la falta de diques para la voluntad de los nuevos dueños del país, sino de los nuevos maniqueos.
Una persona a la que yo tengo (tenía) por inteligente, escribió en sus redes un encendido anatema contra los que critican al 'portador de la esperanza del pueblo'. Como soy uno de ellos, me pongo el saco: nos llamó retorcidos, clasistas, enemigos de las causas populares (como si destruir el futuro sea una causa popular), para luego acusarnos –usando el estilo evangélico que reclama el nuevo Mesías- de ver 'la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio'.
Deja claro que el ojo ajeno es el del presidente electo y el propio es el de Peña Nieto. Ergo: si critica usted a AMLO es que es un defensor -¿compinche?- de Peña Nieto, la mafia del poder y en una de esas hasta de los sabios del Sion. O sea, emulando su elevado tono evangélico: el que no está con ellos, está en su contra.
Esto, es obvio, traerá nuevas divisiones en un país que ya está dividido: ustedes y nosotros; los malos y los buenos y etcétera.
Un amigo que conozco se apresuró a viajar a un país remoto hace unos días, me cuenta que al poner sus ahorros –muchos o pocos, lo ignoro-, 'a salvo de lo que se nos viene'. Entiendo que dada la óptica de estos nuevos maniqueos se trata de un 'marrano' como los del exilio cubano.
Es una pena mi condición de pariente pobre y mi ausencia de ahorros, pues en caso contrario, lo digo con toda el alma, agarraba mis dos canicas y ya estaba buscando un lugar igual o más lejano a dónde irme a poner un puesto de mercería.
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