Ya se alertaba en este espacio, al comenzar el año, sobre la tentación que habría de resurgir para incorporar como tema de la campaña politicoelectoral el muy trillado expediente del título de concesión de agua.
Demagógica y engañosa calificó ayer la propuesta de la remunicipalización del servicio, la precandidata trialiancista a la alcaldía, Lorena Martínez Rodríguez.
El discurso político tiene que ir a mucho más y dejar al margen asuntos como este que en su momento dieron dividendos para quienes supieron capitalizar el estado de ánimo que dejó en los usuarios la privatización del agua entubada.
No por conocido es menos oportuno decir que el PAN aprovechó el enfermizo rencor antisalinista y predispuso el ánimo de muchos ciudadanos contra el PRI, pues de ese sello político eran las administraciones federal, estatal y municipal del momento.
Aunque aldeana, la maniobra blanquiazul cuajó. Uno de los suyos llegó por primera ocasión a la presidencia municipal, y a continuación obtendría este partido el Poder Ejecutivo.
Mas la población ya asimiló por completo el impacto económico que supone un servicio público concesionado y lo que menos le interesa son discusiones de algo que no tiene reversa.
La concesión llegó para quedarse, aunque si Lorena Martínez, como todo apunta, es la futura alcaldesa tendrá el reto de adecuar los términos del título a las exigencias de la hora y del futuro inmediato.
Por ejemplo, no podrá aplazarse por más tiempo un esquema técnica y financieramente de impecable configuración, para sustituir cientos de kilómetros de tuberías en mal estado y con ello poner fin al derroche del recurso hidráulico a través de tantas «fugas».
La posición de la precandidata es ya inconfundible de frente a este asunto. Resulta definitivamente inviable, ha dicho, recuperar para la administración local la prestación del servicio.