Jueves 2 de Septiembre de 2010
Opinión
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Calidad escolar

02/09/2010
Esta semana se dio a conocer a nivel central la más reciente evaluación de aprovechamiento educativo, que abarcó prácticamente una larga década, y los datos presentados ratificaron de nueva cuenta la marcada diferencia, en cuanto a niveles cualitativos, de la enseñanza en colegios de paga y planteles públicos. ¿Pero por qué esa distancia si planes y programas son idénticos?. Aunque moleste,la respuesta tiene un nombre:SNTE.
Los docentes de las instituciones particulares no pierden tiempo importante en asuntos gremiales, sino que lo emplean íntegramente en el ejercicio responsable de la cátedra. Al interior de estos planteles existe, asimismo, un totalmente confiable mecanismo de supervisión que confirma que se trabaja todos los días en favor de la enseñanza y si no se hacen rápidamente correctivos de fondo.
Tampoco estos profesores se inventan «conquistas» como los días de no clases para concurrir, supuestamente, a reuniones de coordinación y de ajuste de objetivos. Se sujetan al calendario oficial del IEA y cumplen a cabalidad la encomienda, lo cual se traduce en una mejor capacitación intelectual de los miles de alumnos puestos bajo su guía.
¿Qué pasa mientras tanto en el otro frente, el más voluminoso por cierto?. El sindicato magisterial impone por completo las reglas y no siempre es a favor de la educación. Sus representados gozan de canongías que no se compensan sin embargo con un mayor rendimiento en el aula, según lo ratifican todos los análisis.
La modesta calidad escolar en primarias y secundarias de gobierno -con pocas excepciones- se refleja en una preparación inadecuada de alumnos, que al arribar a las preparatorias acusan rezago de conocimientos. Generalmente esa deficiencia no alcanza a ser superada en los tres años de bachillerato y los adolescentes que llegan a planteles de nivel superior se hacen acompañar de un muy limitado bagaje de herramientas intelectuales.
Los rectores de casi todas las universidades locales y de otras instituciones de educación superior expresan con frecuencia su decepción por la deficiente instrucción escolar de los muchachos que reciben de la prepas. Y lo que sucede al final de sus estudios en la enseñanza superior es que egresan con marcadas limitaciones, lo que los coloca en desventaja en un mercado laboral restringido y, de hecho, disponible sólo para los no tan mal preparados.
Culpar en importante medida de estas deficiencias al sindicato de maestros no resulta exagerado, porque la Organización utiliza su poderío para bloquear en más de un sentido la actualización de conocimientos de los profesores. Se argumenta mucho en respaldo del SNTE, pero en los hechos está probado que si su influencia fuera debidamente empleada, la calidad escolar estaría en otra altura.
Lo innegable es que en la generalidad de los colegios se alista de forma más completa a los estudiantes y, al final del camino, para éstos son las mejores oportunidades de trabajo. Quien tenga dudas podría recurrir a la agenda de Cámaras empresariales y ver allí que casi todos los que ocupan puestos gerenciales o de dirección salieron precisamente de instituciones educativas privadas.
No es, ni remotamente, asunto de élites económicas, sino una realidad fácilmente comprobable.