No es lo óptimo, pero una cifra promedio de 600 colocaciones laborales por día de ninguna manera resulta desdeñable y menos cuando se viene de un largo período que fue de vacas magras en materia de nuevas oportunidades laborales, combinado con despidos por la obligada reducción de plantillas de trabajadores y con el cierre de empresas durante lo más aciago de la crisis económica que por cierto todavía no está superada.
Es bueno apuntar esto último para que nadie caiga en la autocomplacencia, ni piense que las cosas tan desarregladas en el 2009 van ya sobre el camino de su reorganización. Lo que en el lapso de unos meses se vino abajo, resultará complicado ponerlo otra vez en pie, pues para empezar tendrá que consolidarse el incipiente proceso de recomposición.
La dirección estatal del Trabajo tiene en estos momentos datos que contrastan totalmente con el panora reciente de falta de oportunidades de trabajo. Importante es mencionar, no obstante, que así como reaparecen las ofertas para la contratación de personal, también ha regresado la evidencia de que muchos de los cesantes tienen una destreza manual poco desarrollada y una casi nula voluntad para sujetarse a períodos de preparación intensiva.
La llegada de nuevas inversiones, pero más la restitución de plazas en empresas que fueron encogidas cuando arreciaron los problemas de la reducción de mercados, contribuyen a despejar un horizonte que no hace mucho se pintó de un tono oscuro. Pero cuidado con festinarlo, porque es necesario todavía hacer bastante más en función de estabilizar una economía que sufrió repetidos zarpazos y estuvo al borde del colapso.
El sector empleador debe, por cierto, aprender de los tropiezos y aceptar que no fue buena táctica doblegarse ante la indolencia y la flojera de trabajadores que no aspiran a nada y se conforman con lo poco que ganan. Los programas internos de capacitación tienen que ser recuperados y darles incluso incontrastable fortaleza en razón de hacer posible una mayor productividad y una más alta eficiencia.
Con plantillas laborales altamente preparadas las fábricas serán más competitivas cualesquiera que sean las circunstancias de la economía. Esto acaba de confirmarse en Aguascalientes, donde mientras la crisis se ensañaba con negocios de frágil estructura, en cambio era resistida por factorías que nunca abandonaron la preparación de su personal y que en este momento son las que dan visos de ser las primeras en salir de sus agobiantes problemas.
Nadie debe marearse sin embargo con los primeros signos de que se está a punto de abandonar la angustiante situación, sino que más bien deben ser tomados como un acicate para reñir con más decisión las batallas que vendrán por delante. Los empresarios por vocación tienen perfectamente registrado que la economía se mueve por ciclos y que a un período de auge le sigue un lapso de decaimiento. Para todo se debe estar alerta: para administrar la bonanza, mucha o poca, y también para sortear los momentos de grandes dificultades.
En cada centro de trabajo la fortaleza se llama la nómina de trabajadores. Necesariamente hay que acendrarse en su vertebración y en su actualización, detalle éste que lamentablemente sólo se sigue, aquí, en un contado número de casos.