Jueves 2 de Septiembre de 2010
Opinión
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¿Leer salva?

01/09/2010
Más que suponer, creo firmemente que los libros no detienen las balas, sobre todo contando con los calibres que ahora usan las armas de los bestias que tienen al país sumido en el miedo. También creo firmemente que el señor Zambrano, el que dice que los que huyen de Monterrey (y de Juárez, de Reynosa, de Tijuana y hasta de aquí) son unos cobardes, hace mucho que no sabe lo que es salir a la calle sin ir en un auto blindado y rodeado de guardias armados y entrenados.
Sin embargo sé, pues se probó con éxito, que la cultura tiene un efecto balsámico en los tejidos sociales podridos por la violencia. Lo contaba hace unas semanas cuando hablaba de mi visita a la nueva biblioteca y lo cuento a quien me quiere escuchar. La experiencia en Medellín, Colombia, está allí para quien quiera comprobarlo: bibliotecas y transporte público decente, como una manera eficaz de combatir el fenómeno de la violencia irracional.
Justo alineaba ideas para luego usarlas en este artículo, cuando la noche del domingo, en la bíblica modorra de ese día de guardar (Gutiérrez Nájera), me cayó a las manos el artículo de Villoro para El País («Vivir en México, un daño colateral»), un texto salpicado de certezas atroces, de datos vergonzosos y de una nueva censura a la estrategia del presidente. Como este país es ya impensable sin las metáforas, qué mejor que el texto de Villoro para expresarlo: «Estábamos sentados en dinamita y Calderón un cerillo para comprobarlo».
Pero el artículo me vino al dedo por dos cosas: habla de bibliotecas y de mi querido Daniel Sada, que justo en estos día estrena su nuevo libro de cuentos. Sobre las bibliotecas Villoro recuerda las experiencias colombianas de los dos alcaldes matemáticos de Medellín y Bogotá: Fajardo y Mokus (éste último el candidato que perdió las presidenciales colombianas justo hace unas semanas), que «entendieron que las bibliotecas combaten la violencia». Antes de eso Villloro había escrito que «recuperar el tejido social pasa por la cultura». Lo digo por si alguno de los que suele no hacerme caso, le da por atender los argumentos del citado.
Escribo ésto justo cuando ayer, lunes, se inauguraron las instalaciones de la nueva biblioteca Central, la que está en la zona de los que fueron los talleres ferroviarios y de la que ya consigné hace no mucho sus virtudes. Es evidente que no atendí la invitación, que agradezco, pero sé que la inauguración estuvo a todo tren, por decirlo a tono. No fuí porque a mí esas ceremonias me repelen, pero que quede constancia de que allí hay un regalo para esta ciudad y su gente.
Como mis alcances y mis esfuerzos son más modestos, yo de alguna manera me uniré a los festejos; los de las letras, no los del Bicentenario, en un par de eventos que se celebran esta misma semana: el primero mañana por la noche y, el segundo, la noche del viernes. Ambos se celebran en el CIELA, de la calle de Allende -casi con Alarcón-, son gratuitos y una buena oportunidad de empaparse un poco de letras.
El jueves estará aquí mi amigazo Alejandro Sandoval y mi querida Marianne (monarca absoluta de un reino no tan lejano), para que él presente su novela El Destierro, recién salida de las prensas del Grupo Norma y que trata de... Pues de un destierro y un regreso, digo por decir algo; el que quiera enterarse que la lea. Yo la recomiendo.
Como parte de estos festejos literarios, que debo atribuir a mi obstinación y al apoyo del ICA, de Víctor González y de Eudoro Fonseca, el viernes se presenta, en el mismo lugar, el muy esperado volumen de cuentos de Daniel Sada, coeditado para México por Anagrama, Colofón y la UANL.
De Daniel y su literatura, que tanto encandiló a Bolaño, se pueden decir bien muchas cosas, aunque luego de terminar, justo la noche de ayer, el libro, quiero adelantar sólo que es una fiesta. Un lujo que narra con flores tan extrañas como gozosas todo lo que pasa allí donde se supone que no pasa nada; allí donde pasa de todo.
Yo que soy de pocas fiestas y menos de andar invitando gente a fiestas ajenas, me quiero tomar la libertad de invitarlo a usted. Nos quejamos de las pocas opciones que tenemos aquí de gozar de eventos de calidad y no está de más darle un gozo al cuerpo. Entiendo que allí habrá libros para comprar y firma de volúmenes por parte de los autores.
Ya decía yo que no puedo afirmar que un libro en el pecho sea el escudo salvador para esos sonidos estridentes de las noches que tanto nos lastiman. Sí puedo decir que otro gallo nos cantaría si leyéramos un poco más. He aquí la oportunidad de ir a escuchar y conocer dos voces originales que nos cuentan y nos muestran espejos dónde vernos para luego volver a reconocernos.
Y si usted es de esos despistados que dice que se alegra y se entretiene con mis cosas, con éstas que está aquí leyendo, pues figúrese lo que va a disfrutar si se atreve a leer a estas dos plumas célebres, que son las de dos hombres generosos.