Aguascalientes, México, Jueves 22 de Noviembre de 2018
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Luchó por tener una vida normal

“...La vida es el regalo más grande del universo”, dice Lucía (Agencias)
16/10/2012 “...La vida es el regalo más grande del universo”, dice Lucía, una chica que a pesar de vivir con los efectos tardíos de la polio, ama la vida y nunca se ha dejado vencer, con todo y las limitantes que su cuerpo ha tenido que padecer.

LA ENFERMEDAD
Y SU TRATAMIENTO

“Nací el 15 de julio de 1962, fui la cuarta de cinco hijos, todos sanos. Inquieta desde mi nacimiento, caminé antes de lo normal, con esas ansias de explorar el mundo a mi alrededor.
A mis 18 meses, fui afectada por la poliomielitis. Una fiebre alta, dificultades para caminar, respirar y otros síntomas hicieron inminente estar en cuarentena, hasta que pasara la fase inicial.
La ignorancia de aquella época hizo que el medio me viera con cierta peligrosidad, como si pudiera infectar con sólo estar cerca. La polio dejó secuelas en mi pierna derecha, desde la pelvis, por lo que tuve que usar aparatos ortopédicos, muletas y aún aí caminaba con mucha dificultad, sólo unos cuantos pasos.
Durante siete años, diariamente visité un hospital, allí me realizaban ejercicios, inmersión en agua caliente y todo lo que creían podría hacer que la situación cambiara. A mis 8 años tuve mi primera intervención en mi pierna izquierda, para evitar el crecimiento. Luego vinieron más... un injerto del músculo en mi pierna, en el cual tuvieron que hacer una larga incisión, luego arreglar la rodilla, intentar un estiramiento de hueso con pesas durante cuatro meses, arreglar el pie, porque sólo apoyaba el talón, alargamiento aplicando un método en el cual se fractura la tibia y con 8 pines logran emparejar las piernas luego de 8 meses con el aparato y otros 2 de recuperación.
Injerto de cadera para realizar cirugía en el pie, artroscopía en rodilla izquierda donde diagnosticaron desgaste de cartílago, desbloqueo de túnel carpiano en mano derecha... y un total de 23 intervenciones desde entonces hasta hoy en mis 43 años”.

PREPARACION
LABORAL

“Estudié, pese a las dificultades para ser admitida en un colegio, ya que las religiosas manifestaron que mi enfermedad era “una forma visible de castigo de Dios”. Luego de mucho buscar, al fin fui educada en un colegio de monjas españolas en la ciudad de México, donde logré mantenerme becada durante la primaria y la secundaria.
Me titulé en Psicología Clínica y luego me especialicé en Mercadeo Gerencial. Mi vida profesional fue en ascenso. Me casé, me divorcié y no tuve hijos.
Dictaba conferencias a nivel nacional y tenía energía de sobra para estudiar música, guitarra, nadar, viajar...”.

CRISIS

Hace unos años tuve una crisis que no entendí: inicialmente sentí mucho cansancio y estuve en cama durante una semana. Mientras más descansaba más quería dormir, luego vino una época en la que no dormía, sentía mucho dolor en mis músculos, debilidad que inicialmente traducía en pereza... me costaba ir de mi habitación a la cocina, así que aprovechaba mis movimientos para hacer varias cosas a la vez.
Reumatólogo, ortopedista, neorólogo, psiquiatra, fisiatra, nutriólogo, todos ellos me dieron tratamientos simultáneos que acumularon la módica suma de 29 pastillas diarias, entre ellas un medicamento recetado a pacientes con enfermedad terminal... el cual no terminó conmigo pero sí con mi trabajo.
En la actualidad, mi vida ha cambiado sustancialmente: estoy en silla de ruedas, ya no trabajo en la consultoría empresarial como antes, ahora me dedico a dar clases en universidades, me canso con facilidad, siento dolores musculares que me impiden realizar algunos movimientos, tengo tendinitis en mi rodilla izquierda y me han prescrito injerto de articulación la cual no podré hacer por el momento a falta de recursos económicos.

EL FUTURO

“Me aterroriza pensar en un futuro con más limitaciones y no poder atenderme a mí misma, pero aun cuando he estado en aprietos no me permito desfallecer, sería lamentable en mi caso. He aprendido a descansar cuando puedo y a pedir favores a los demás. He aprendido a conocer mi enfermedad y a enseñarles a quienes me rodean a ayudarme en su momento. He aprendido a amar la vida y a enseñarles a los demás a amarla también.
Definitivamente la polio llegó a mi vida dejando secuelas que me forjaron en la entereza, la valentía, el optimismo y el amor a la vida que comparto en cada cosa que realizo”.
Brenda Zuñiga Acosta
hidrocalidodigital