Aguascalientes, México, Lunes 24 de Septiembre de 2018
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Don Pascual ronda la Gremial

Luego de su muerte, aseguran los vecinos, Pascual ronda su casa reclamando a los que pasan sus pertenencias; hoy en día la casona está en ruinas, y muchos jóvenes y señores que se han atrevido a pisar la propiedad coinciden en que un señor alto resguarda la entrada. (hidrocalidodigital)
30/10/2012 Don Pascual Guerrero fue su nombre, hombre solitario, uraño y amargado que desquitó sus malos sentimientos con varias familias de la colonia Gremial.
En la calle 20 de Noviembre de la citada colonia hoy existe una casona vieja, ya en ruinas que perteneció a un señor rico, que poseía una gran almacen de alimentos, él se encargaba de vender sus productos y distribuirlos a varias tiendas pequeñas de la zona.

FAMILIA

Hijo único, su madre, cuenta la gente siempre fue una señora amable de muy buenos sentimientos, educada en un colegio de monjas y gustaba de ayudar a los demás.
Su padre don Regino, comenzó como repartidor de leche; más tarde puso una panadería, donde además del pan vendía quesos que él y su esposa hacían, a base de trabajo y sacrificio llegaron a formar un buen patrimonio para aquellos tiempos.
Pascual estaba comprometido con una joven de su colonia y un día antes de casarse su padre fue asaltado y asesinado, ello impidió la boda de Pascual, ese trágico evento llenó de odio y rencor el corazón del joven.

NUEVOS TIEMPOS

Pascual y su madre decidieron deshacerse de la panadería y dedicarse al comercio de abarrotes, abrieron bodega y contrataron empleados que se harían cargo de trasladar la mercancía, repartirla y atender el negocio.
Muy lucrativos resultaron los abarrotes, Pascual duplicó su fortuna y se hizo dueño de varias propiedades.
Como se dedicaba de tiempo completo a “cuidar lo que su padre le dejó” así decía él, decidió no casarse y trabajar para honrar la memoria de su papá.

OTRO GOLPE

Cuando Pascual tenía ya cerca de 50 años, su madre falleció, dice la gente que el espíritu y bondad de la familia Guerrero desapareció.
Sumado al golpe de la pérdida de su padre, la soledad que dejó la partida de su madre, Pascual cambió sus sentimientos por resentimientos y odio a la vida.
La casona de la 20 de noviembre se volvió sombría, fúnebre y la gente hasta temor tenía de pasar junto a esas paredes.
Pascual se transformó en un señor uraño que peleaba cada centavo a sus clientes, que no daba descanso a sus trabajadores y los castigaba con largas jornadas a su servicio y una paga miserable.
Muchos comenzaron a quejarse de él, pero la necesidad de alimentar a sus familias era imperativa.

MUERTE

Cercano a los 70 años Pascual falleció estando solo en su casa, su cuerpo fue encontrado por uno de sus sirvientes luego de dos días, entre empleados lo sepultaron como Dios manda al lado de sus padres.
El negocio, la casa y todas las posesiones de Pascual quedaron sin dueño; como nadie reclamó nada y no había quien se hiciera cargo de ello, los empleados decidieron tomar su paga con muebles, mercancía y otros insumos.
Se dice que en la recamará de Pascual existía un baúl lleno de dinero, joyas y varias pertenencias de la familia, el cual fue robado por algún trabajador.

APARICION

Luego de su muerte, aseguran los vecinos, Pascual ronda su casa reclamando a los que pasan sus pertenencias, hoy en día la casona está en ruinas y muchos jóvenes y señores que se han atrevido a pisar la propiedad coinciden en que un señor alto resguarda la entrada a la casa.
De igual forma los habitantes de la calle aseguran escuchar por las noches que alguien arrastra un baúl lleno de monedas y joyas.
La esencia de las ruinas es escalofriante, muchas personas de la tercera edad que aún de niños les tocó conocer a Pascual ven con respeto y miedo la propiedad, pues no olvidan el cáracter y maldad que el señor imponía a todos los que se le acercaban.
Gloria Delgado Muñoz
hidrocalidodigital