Aguascalientes, México, Lunes 19 de Noviembre de 2018
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La vida de una neurótica

Cecilia aún no ha superado la mala constumbre de arancarse el pelo; hay temporadas que los nervios, el estres y la depresión ganan y ella reprime todos sus sentimientos quitandose el pelo de su cabeza. (hidrocalidodigital)
20/11/2012 Cecilia de la Cruz es una mujer que a pesar de su juventud ha vivido tantas experiencias que la han dejado marcada, pues aún no supera algunos episodios traumáticos de su niñez con consecuencias que hoy pesan en su vida como si todavía estuviera viviendo esa época.
Cecilia es una muchacha que hoy en día está casada; dice tiene una familia estable, dos hijos y un esposo con el que desea pasar el resto de su vida.

INFANCIA

Ceci es la cuarta de una familia de siete hijos, su padre fue albañil y su madre siempre se dedicó al hogar. Cuando ella tenía ocho años su padre recibió un dinero, cantidad que aprovechó para comprarles ropa a todos sus hijos, también decidió hacer arreglos en la casa, pues era muy pequeña, el plan era construir un cuarto para las niñas y otro para los niños, por lo que temporalmente todos los hermanos ocuparon la misma habitación.
Fue la segunda nuche en que los chicos y grandes compartieron el cuarto, Cecilia dormía en una colchoneta puesta en el piso; dice que no le gusta recordar pero que lo hace para que la gente tenga mucho cuidado con sus hijos. Esa noche su hermano mayor se acercó a ella cuando todos estaban durmiendo para tocarla y abusar de ella; pasmada por el dolor y el miedo, no dijo nada, no gritó ni lloró, otro día se levantó llorando y en secreto fue a contarle a su mamá, quien le dijo mentirosa y luego le dio una paliza, por esa reacción Cecilia no le contó a su papá, pues temía lo peor.

JUVENTUD

Después de aquel hecho tan horrible, Cecilia padeció depresión, no podía dormir, ni convivir con nadie, se hizo antisocial y tenía muchos problemas para concentrarse. A los quince años se fue de casa, pues desde entonces su mamá siempre la hizo menos que a los demás, le daba al final de comer, no le lavaba sus prendas, nunca quería comprarle ropa, zapatos siempre le daba usado, nunca iba a sus festivales de la escuela ni se preocupaba por ir a firmar sus boletas de calificaciones. Cecilia se sentía de lo peor, ella era la mala de la familia.
Cuando le dieron beca para el bachillerato ella se fue a vivir con una tía, quien con cariño la aceptó en su casa, nunca se sintió tan bien en ese hogar como en su propia casa.
En casa de su tía Lolita Cecilia se sintió liberada, normal y aceptada por todos, se había alejado de la mirada de acoso de su mamá y de amenaza de su hermano.

MANIA

Cecilia sabía que por fuera todos creían que era feliz, sin embargo desde aquella noche no lo había sido, el trauma tan terrible dejó secuelas que aún viven con ella. Cecilia aún no ha superado la mala constumbre de arrancarse el pelo; hay temporadas que los nervios, el estrés y la depresión ganan y ella reprime todos sus sentimientos quitándose el pelo de su cabeza.
Dice que por fuera a simple vista todos la ven normal, sin embargo es cuestión de que observen su mirada para que se den cuenta que en su corazón existe una gran tristeza y dolor que a pesar de las terapias y apoyo en grupo no ha superado.

HOY

Cecilia tiene un trabajo, su familia y muchos proyectos, acude a un grupo de Neuróticos Anónimos y a terapia grupal para superar su manía de quitarse el pelo. Aunque ha tenido significativos avances, está en la etapa de que cualquier problema o desilusión por más mínima que sea la hace recaer, dice que sus hijos y su marido le dan fuerzas pero a veces el miedo de desilusionarlos también le provoca ansiedad que recae en su manía.
Gloria Delgado Muñoz
hidrocalidodigital