Plaza Fundadores es uno de los puntos de reunión más concurridos y vitales del Centro Histórico de Aguascalientes. Diariamente, familias, turistas y jóvenes transitan por este espacio público, ignorando que bajo sus pies se resguarda un siglo de historia. Este lugar no solo fue un elegante hotel y uno de los cines más importantes de la entidad, sino también el escenario de una de las tragedias más dolorosas que han marcado la memoria colectiva de los hidrocálidos.
El cronista y profesor e investigador del Departamento de Historia de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), Carlos Reyes Sahagún, relata cómo este sitio ha sido testigo fiel de las transformaciones de la capital, logrando conservar hasta nuestros días vestigios arquitectónicos que permiten asomarse a su pasado.
Del Hotel Washington al Cine Colonial

Mucho antes de que la Plaza Fundadores existiera como la conocemos, el predio albergaba al Hotel Washington, uno de los establecimientos más distinguidos y lujosos de la ciudad durante el Porfiriato.
De acuerdo con Reyes Sahagún, el hotel recibió ese nombre debido a que la actual calle Díaz de León era conocida en aquel entonces como calle Washington. Fue alrededor de 1914, tras la intervención estadounidense en Veracruz, cuando la vialidad cambió oficialmente de nombre. El hotel destacaba por su nivel y servicios; incluso publicitaba que en el establecimiento se hablaba inglés, una característica poco común y que evidencia la calidad del lugar.
Con el paso de las décadas, el inmueble perdió su esplendor y fue transformado en el Cine Colonial, aunque no existe una fecha exacta de dicha conversión. Durante años, este recinto fue uno de los grandes cines de Aguascalientes, junto con el Plaza, Encanto, Alameda y Rex. Todos ellos concentrados en el Centro Histórico, convirtiéndose en los principales espacios de convivencia para las familias de aquella época.
“Fue el Cine Colonial y ese fue uno de los cuatro o cinco grandes cines que hubo en Aguascalientes. En otro Aguascalientes muy distinto, más pequeño, y de hecho todos los cines estaban en el centro. Estaba al lado de la plaza, prácticamente donde hoy es un estacionamiento en Juan de Montoro hacia la plaza, en la misma acera”, detalló el cronista.
El 6 de enero de 1955: una tragedia marcada por la imprudencia
La historia del Cine Colonial quedó grabada en el dolor el jueves 6 de enero de 1955. En pleno Día de Reyes, se organizó una función especial para niños, una matiné que ni siquiera había aparecido en la cartelera oficial. Al finalizar la proyección, alguien lanzó un grito que desató el caos absoluto: “¡Se está quemando el cine!”.
Aunque la alarma era completamente falsa, cientos de personas, en su mayoría menores, intentaron salir al mismo tiempo, generando una estampida humana en las escaleras. “En 1955, justamente el Día de Reyes, había una función para niños y entonces alguien gritó que el cine se estaba quemando, lo cual no era cierto, nunca fue cierto. Fue una acción imprudente, tonta, pero que provocó un tumulto en el que murieron niños”, explicó Reyes Sahagún.
El saldo inicial fue desolador: seis personas fallecieron en el lugar y 31 quedaron heridas. En los días posteriores, dos menores más perdieron la vida, elevando la cifra a ocho víctimas mortales. La mayoría de los afectados provenían de familias de escasos recursos, lo que conmocionó profundamente a la sociedad hidrocálida.
La búsqueda del responsable y el colapso de la emergencia
Los días posteriores al incidente se caracterizaron por la búsqueda intensa del responsable, a quien describían como un hombre moreno, de estatura media, que calzaba huaraches y supuestamente habitaba en el Barrio de la Salud. Nunca se esclareció el origen del pánico; algunas versiones señalan el grito de incendio, mientras otras sugieren que alguien gritó: “¡Acá están dando regalos!”, lo que incitó a los niños a correr hacia las salidas.
La tragedia exhibió las precarias condiciones de los servicios de emergencia de la época. La Cruz Roja Mexicana, Delegación Aguascalientes, contaba con una sola ambulancia, obligándola a realizar múltiples viajes. Las instalaciones resultaron insuficientes, y muchos heridos fueron atendidos sobre camillas improvisadas en el piso.
El declive y el nacimiento de la Plaza Fundadores
Pese al luto, el Cine Colonial continuó operando. Hacia 1968, incluso fue objeto de una importante remodelación y proyectó ciclos de cine de arte. Sin embargo, su declive llegó en los años noventa ante la irrupción de las grandes cadenas cinematográficas y el despoblamiento del Centro Histórico.
“El cierre se dio muchos años después. El cine fue víctima, en primer lugar, de la aparición de nuevos formatos… ya nadie aguanta dos películas de un tirón”, manifestó el cronista. Tras cerrar sus puertas, el lugar fue utilizado por años como estacionamiento.
Fue durante la administración de Luis Armando Reynoso Femat (1999-2001) cuando se decidió demoler el sitio para construir la actual Plaza Fundadores. Durante la obra, se rescataron vestigios del antiguo Hotel Washington, como los muros en la esquina de Juan de Montoro y Díaz de León, y detrás del escenario de la calle Antonio Acevedo Escobedo. Hoy, la plaza no solo rinde homenaje a los primeros pobladores de la ciudad, sino que resguarda, entre sus muros, la memoria de un pasado que Aguascalientes nunca olvida.
