El deshilado y bordado persisten, resisten y subsisten en Aguascalientes

Matilde Arteaga

Manos artesanas en Aguascalientes se niegan a dejar morir una tradición centenaria que combina paciencia, historia y una laboriosidad única que cautiva al turismo internacional.

El alma de Aguascalientes vibra en cada creación artesanal. A pesar de los embates de la industrialización y la producción de ropa en serie, el deshilado y bordado se mantienen vigentes como un símbolo de identidad cultural. Aunque se enfrentan al riesgo de extinción, estas técnicas textiles continúan siendo un pilar del arte popular, preservadas por manos hidrocálidas que trabajan para México y para el mundo.

El epicentro de una tradición en vías de extinción

Aunque actualmente existen diversas comunidades que fabrican estos artículos, el municipio de Calvillo es reconocido históricamente como el epicentro de esta tradición. No obstante, es precisamente ahí donde la situación es más crítica.

La señora Juanita García, propietaria de Bordados y Deshilados en el centro de Calvillo, compartió con HIDROCÁLIDO la cruda realidad que enfrenta el sector. A sus 87 años, y a pesar de las dificultades visuales, Juanita sigue al frente de su negocio, aunque reconoce con pesar el declive:

“En Calvillo, los talleres están muriendo, los jóvenes no quieren seguir. En parte porque son mal pagadas y, por otro lado, porque prefieren estudiar otras carreras o trabajar en las fábricas”, señaló la artesana originaria de San Tadeo.

Juanita, quien llegó a surtir hasta 200 blusas al mes a diversas regiones, lamenta que el interés por este oficio se haya perdido entre las nuevas generaciones, a pesar de existir capacitación técnica en instituciones como el CECATI.

La calle Nieto: Un refugio para el arte hidrocálido

Mientras los talleres en las comunidades disminuyen, la calle Nieto en la capital del estado sigue funcionando como el aparador principal para que los turistas admiren y adquieran estas piezas. Tiendas de abolengo centenario, como la Casa Sánchez, han operado por más de 105 años sin cambiar su esencia: ofrecer productos deshilados y bordados hechos por manos locales.

Durante la reciente Feria Nacional de San Marcos, fue evidente el interés del turismo mundial —incluyendo visitantes españoles, orientales y norteamericanos— por las técnicas de filigrana, punto de cruz, rococó, punto de gancho y crochet. Para estos viajeros, las piezas no son solo manteles o prendas de vestir; son obras de arte valoradas por su finura y complejidad.

En establecimientos como Cuquita Alba (la Casa Nieto), se pueden encontrar desde las tradicionales guayaberas y caminos de mesa, hasta el mantel “Jesús y Corona”, utilizado en las iglesias. La encargada de este lugar, Alma, permitió documentar la riqueza de un trabajo que, pese a las adversidades, persiste.

Un legado histórico como Patrimonio Cultural

De acuerdo con datos del Municipio de Aguascalientes, el deshilado en el estado tiene raíces profundas que se remontan al siglo XVII, consolidándose como tradición en el siglo XIX. Esta técnica de origen español fue adoptada y enriquecida por mujeres indígenas y mestizas, transformándose en lo que hoy es considerado Patrimonio Cultural del Estado.

El proceso, que requiere una precisión manual extrema para extraer hilos de lino o algodón y formar patrones geométricos, es una muestra de la resistencia cultural. Cada pieza es una perseverante tarea que combina paciencia, historia y herencia familiar.

Aunque los costos varían entre los 350 y los dos mil pesos, dependiendo de la dificultad técnica, quienes adquieren estas piezas saben que están comprando una parte de la historia de Aguascalientes. El deshilado y el bordado son, sin duda, una tradición que se niega a desaparecer, demostrando que mientras haya manos dispuestas a crear, el alma de Aguascalientes seguirá vibrando en cada hilo.