VECINDADES: recuerdos de un México que se fue para no volver

Deniz Orduña

Un modelo de vivienda que emergió en México en el siglo XIX fueron las conocidas como vecindades y en Aguascalientes las más antiguas tienen más de 100 años y se llegaron a contabilizar cerca de 200 para el siglo XX.

Las vecindades se volvieron populares debido a que se podían albergar varias familias en un mismo lugar. Estas viviendas prevalecieron hasta la década de los 70, pero en Aguascalientes se conoce que siguieron en funcionamiento hasta los 90, cuando se conoció que ahí vivían mujeres indígenas conocidas como las “Marías”, que lamentablemente eran explotadas y obligadas a pedir dinero en los cruceros.

Las vecindades más populares en la ciudad de hace un centenario fueron la de Carreón, La Constancia, Relámpago, El Refugio, San Pedro y la que prevaleció por más tiempo, la de La Purísima, ubicada en el barrio del mismo nombre.

El inmueble de La Purísima tiene 120 años de existencia, cuenta con 40 cuartos, que a lo largo del tiempo ha sido utilizado como cuartel, hospital, cabaret y, hasta antes de cerrar sus puertas, fueron cuartos habitación.

Por su antigüedad y el sinnúmero de personas que la habitaron, no pueden dejarse de lado los acontecimientos e historia que ahí ocurrieron y que ahora forman parte de las famosas leyendas urbanas.

Los multifamiliares de aquella época fueron nombrados de acuerdo a los apellidos de los propietarios o eran referencias populares por la apariencia de la calle o rasgos distintivos de las mismas.

Otras vecindades se ubicaron en otros puntos de la ciudad, como en calles aledañas a la estación del ferrocarril, la calle De la Mora, Larreategui, Hornedo y Juan de Montoro. Las condiciones de vida en estos lugares eran poco salubres; además, contaban con uno o dos baños y lavaderos para todos los inquilinos. Otro problema fue el hacinamiento, debido a que llegaron a vivir hasta cinco personas en una habitación.

PRESENCIA PARANORMAL EN LA PURÍSIMA

Lo que la gente cuenta es que por la zona de los lavaderos, ubicados abajo de las escaleras, que no podrían faltar en las vecindades, existe un pasadizo que lleva a la entrada de las cuevas de Juan Chávez.

En historias de fantasmas, se comenta que se aparecía un niño llorando; se escucha que rezan el rosario o que arrastran cadenas en una de las habitaciones; que una joven embarazada se quitó la vida colgándose; una mujer con tacones que sube y baja por las escaleras y hasta un charro que deambula por la vecindad. Incluso videntes han visitado la vecindad para constatar presencias paranormales.

UN DESAFÍO PARA LA CONSERVACIÓN

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene catalogada la finca como un monumento histórico por tener más de 100 años, lo que implica que no se le puedan hacer modificaciones.

El estatus de monumento histórico otorgado por el INAH a fincas como la de La Purísima representa una moneda de dos caras: es un escudo contra la demolición, pero también un reto financiero para sus propietarios. Al estar prohibidas las modificaciones estructurales, el mantenimiento de techos de viguería y muros de adobe resulta sumamente costoso, lo que ha llevado a que varias de estas antiguas vecindades se mantengan en un estado de “abandono suspendido”. Este deterioro, lejos de borrar su importancia, añade una capa de nostalgia y melancolía que atrae a fotógrafos y cronistas interesados en capturar la esencia de un Aguascalientes que se niega a desaparecer.

LOCACIÓN DE CINE

La vecindad de la Purísima ha atraído la atención de directores y productores de cine, ya que ahí se realizó el rodaje Barrio 13, primera y segunda parte; además de la película Platicando con la muerte.

EL OCASO DE UNA ERA SOCIAL

A pesar de su relevancia histórica, el declive de las vecindades comenzó con la modernización urbana y la llegada de nuevos esquemas de vivienda social. Lo que antes era un centro de efervescencia comunitaria, donde las puertas siempre estaban abiertas y la solidaridad entre vecinos era la regla, fue cediendo ante la búsqueda de privacidad y la expansión de los fraccionamientos en la periferia.

Hoy en día, muchas de estas estructuras en el centro de la ciudad lucen fachadas cansadas y letreros de clausura, resistiendo el paso del tiempo como mudos testigos de una organización social que ya no encaja en el ritmo acelerado del siglo XXI.

EL LEGADO DE LA CULTURA POPULAR

Más allá de las paredes de piedra y cal, el verdadero legado de las vecindades reside en la cultura popular hidrocálida. En estos pasillos se forjaron tradiciones, se compartieron recetas que hoy son parte de nuestra gastronomía y se consolidó el lenguaje de barrio, que aún resuena en zonas como El Encino o La Purísima.

La vecindad no era solo un techo, era una escuela de supervivencia y convivencia, donde el patio central funcionaba como la plaza pública del hogar; un microcosmos donde las alegrías y tragedias de una familia eran compartidas por todas las demás bajo el mismo cielo de cantera.

HACIA UN FUTURO DE CONSERVACIÓN

El futuro de estos espacios pende de un hilo entre la rehabilitación y el olvido. Algunos proyectos culturales y turísticos proponen rescatar estas fincas para convertirlas en centros culturales, museos de sitio o incluso hoteles-boutique, que respeten su arquitectura original.

Al rescatar una vecindad, no sólo se restaura un edificio, sino que se recupera la memoria colectiva de Aguascalientes. Mantenerlas en pie es asegurar que las futuras generaciones comprendan que mucho antes de los edificios de departamentos modernos, la ciudad latía con fuerza en los lavaderos comunes y en los susurros de aquellos pasillos centenarios.