Las autolesiones representan un problema de salud mental delicado que no debe minimizarse, ya que estas conductas de riesgo pueden escalar de manera peligrosa hasta llegar al suicidio. En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Concientización sobre las Autolesiones, especialistas en la materia han emitido una advertencia seria sobre cómo este comportamiento afecta principalmente a los adolescentes de 12 a 17 años, convirtiéndolos metafóricamente en kamikazes de su propia integridad.
Comportamientos que no deben normalizarse
Durante esta fecha dedicada a la visibilización, profesionales de la salud mental recalcaron que estas prácticas ocurren con una frecuencia mayor a la que comúnmente se cree, abarcando tanto a jóvenes como a personas adultas. Sobre el particular, el neuropsiquiatra Adrián de Burgos señaló que no se debe minimizar ni eludir por los padres de familia y los maestros la conducta de los menores y adolescentes que se muerden constantemente las uñas o que se provocan desde rasguños, mordeduras y en casos extremos heridas de consideración.
Este tipo de prácticas que suelen ser más comunes de lo que se cree, no son para nada normal, por lo que en estos casos quienes se autolesionan deben ser atendidos y sometidos a tratamientos psicológicos o incluso psiquiátricos, para impedir su autodestrucción.
Origen y definición del Día Mundial de la Concientización
La Organización Mundial de la Salud ha destinado la fecha del 1 de marzo para visibilizar y señalar la importancia de prevenir y atender a las personas que se autolesionan.
Al respecto, los especialistas refieren que la autolesión se define como un acto consciente y deliberado de hacerse daño en alguna parte del cuerpo, por lo que las lesiones pueden comenzar siendo muy sencillas como morderse, arrancarse el cabello, las cejas o las pestañas, rascarse excesivamente, tropezar o colocarse en situación de caerse, morderse o cortarse las uñas constantemente. Otra manera de autodañarse consiste en quemaduras aparentemente accidentales, con cigarrillos, cerillos, o tomando objetos calientes.
Niños y adolescentes, los sectores más vulnerables
Las estadísticas y la observación clínica demuestran que las autolesiones se han convertido hasta cierto punto en una conducta típica de los adolescentes entre los 12 y 17 años, los cuales al lastimarse, el dolor les hace fijar su energía en la herida y en su sensación y con ello buscan distraer la atención de problemas personales o familiares.
Al respecto, el neuropsiquiatra Adrián de Burgos explicó que debido a su juventud, quienes se autolesionan no han logrado adquirir la suficiente madurez emocional para superar los conflictos familiares como violencia familiar, peleas entre sus padres, rivalidad fraterna, mala situación económica, así como dificultades personales como bullying, acoso por parte de adultos familiares o ajenos, mal ambiente escolar y decepciones amorosas.
La importancia de la intervención oportuna
Identificar estas señales a tiempo permite que el entorno cercano actúe con rapidez, evitando que el problema evolucione hacia escenarios irreversibles. Este tipo de conductas para nada pasan desapercibidas por los familiares y amigos, aunque la solución se debe buscar en el apoyo psicológico o buscar la salida a su conflictiva familiar o personal, utilizando su inteligencia, su capacidad emocional y el apoyo de su familia.
La advertencia de los expertos se mantiene firme ante la necesidad de erradicar la indiferencia institucional y doméstica frente al sufrimiento emocional de las nuevas generaciones. “Es muy importante detener las autoagresiones, porque si no se resuelven adecuadamente pueden evolucionar a daños mayores e incluso el suicidio”, advirtió el especialista.
