En Aguascalientes, el agua potable cumple con las normas oficiales mexicanas, sin embargo, ello no significa que esté exenta de riesgos potenciales, pues entre los principales contaminantes que pueden encontrarse en el agua del Estado destacan los fluoruros en concentraciones elevadas en algunas zonas, así como metales como plomo, arsénico o mercurio al extraerse agua de mayores profundidades. A esto se suman los llamados contaminantes de preocupación emergente, como residuos de fármacos, pesticidas y productos de cuidado personal, que no siempre son eliminados por completo en los procesos de purificación.
Roberto Rico Martínez, investigador del Departamento de Química de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), advirtió que la exposición prolongada a ciertos compuestos puede generar afectaciones a la salud, dado que altas concentraciones de fluoruro pueden provocar fluorosis dental y daños óseos.
El plomo, incluso en niveles bajos, puede impactar el desarrollo cognitivo infantil y disminuir el rendimiento escolar, algunos contaminantes emergentes han sido asociados en estudios con alteraciones hormonales, enfermedades renales y otros padecimientos crónicos.
Aunque actualmente el agua distribuida cumple con la normatividad, el reto es mantener la vigilancia constante y proteger el acuífero, del cual depende prácticamente el 100 por ciento del suministro en la Entidad.
Fluoruros: el problema histórico del agua hidrocálida
El investigador Roberto Rico explicó que uno de los problemas más serios que ha enfrentado históricamente Aguascalientes es la concentración de fluoruros en el agua. La Norma Oficial Mexicana establece un límite máximo de 1.5 miligramos por litro, no obstante, en zonas como Calvillo se han reportado niveles de hasta 4.5 miligramos por litro o incluso superiores, es decir, hasta tres o cuatro veces por encima de lo recomendado.
“Calvillo es donde tienes problema con los fluoruros, en México la norma de fluoruro en agua potable está en 1.5 miligramos por litro, eso es lo que debe de tener, abajo de 1.5 miligramos por litro, pero hay zonas de Calvillo donde se ha reportado hasta 4.5 o más miligramos por litro de fluoruros”, explicó.
En bajas concentraciones, el fluoruro favorece la salud dental, pero en niveles elevados puede provocar fluorosis dental, es decir, manchas en los dientes y, en casos prolongados, afectaciones óseas. En el municipio capital, particularmente en el fraccionamiento Morelos, también se han detectado valores elevados.
“En Aguascalientes lo que hace MIAA es diluir el agua para estar debajo de esos valores. En el Municipio capital en Morelos es donde se han encontrado los valores de fluoruro más altos para el municipio capital”, indicó.
¿Es seguro beber el agua directamente de la llave?
Aunque el agua cumple con las normas oficiales, el investigador Roberto Rico recomienda el uso de filtros domésticos o el consumo de agua embotellada, especialmente ante posibles problemas en tuberías antiguas que pueden desprender sedimentos o metales.
“El agua potable cumple con las normas mexicanas, tiene que cumplir, porque si no sería un problema tremendo, ahora hay otros problemas que tienen que ver con las tuberías, muchas tuberías se han estado cambiando últimamente en el centro de la ciudad, yo seguiría recomendando a las personas comprar agua embotellada, estamos muy lejos de hacer lo que hacen los europeos que es consumir el agua directamente de la llave, a menos que tengas un filtro en tu casa”, detalló.
El plomo es uno de los contaminantes que más preocupan a nivel internacional. Actualmente, sólo se permite la presencia de menos de 20 microgramos por litro en agua potable. La exposición prolongada puede afectar el desarrollo cognitivo en menores, impactando incluso su rendimiento escolar.
Además, existen los llamados contaminantes de preocupación emergente, entre ellos residuos de fármacos, pesticidas y productos de cuidado personal. Estos compuestos, aunque presentes en concentraciones bajas, han mostrado efectos adversos en estudios con animales y podrían representar riesgos para la salud humana a largo plazo. Muchos de ellos aún no están incluidos en las normas oficiales mexicanas.
Sobreexplotación y profundidad de los pozos en Aguascalientes
La extracción del recurso hídrico ha cambiado drásticamente con el paso de las décadas, y es que mientras que a inicios del siglo XX bastaba perforar unos cuantos metros para encontrar agua, hoy los pozos se excavan entre 400 y 600 metros de profundidad, aunque el nivel estático del agua ronda los 165 metros. Esta práctica busca garantizar una vida útil de 30 a 40 años para cada pozo, pero también implica riesgos asociados a la extracción de aguas más antiguas, potencialmente ricas en metales como arsénico, mercurio o plomo.
El investigador del Departamento de Química de la UAA explicó que anteriormente “se perforaban a 100 metros o menos, hay reportes en 1900 que si estabas en la Alameda metías una vara de 30 centímetros y brotaba agua, ahora entre 400 y 600 metros por lo menos y hay lugares de la ciudad y del Estado donde tienes que escarbar más que eso, pero el valor del agua debe andar en realidad por 165 metros, los últimos valores que yo veía eran por ahí de 165 metros, lo que pasa es que excavas mucho más abajo para que ese pozo tenga una vida media de 30, 40 años”, informó.
Esta situación implica un doble reto, por un lado, garantizar la disponibilidad futura del recurso y, por otro, evitar que al extraer agua más profunda se incorporen metales pesados en concentraciones mayores.
Agua de garrafón y regulación sanitaria
El agua de despachadores y garrafón se rige por otra normativa y debe contar con permisos de la autoridad sanitaria federal. La regulación establece controles específicos para asegurar que cumpla con estándares de calidad distintos a los del agua de red. Sin embargo, la supervisión constante es clave para evitar irregularidades en su purificación y distribución.
“Ahí tenemos otro problema, ahí ya tendríamos la regulación que da la Secretaría de Salubridad y Asistencia, que es la que confiere los permisos a estas compañías y debe de monitorear que efectivamente los garrafones cumplan con otra norma mexicana que existe para el agua de garrafón”, manifestó el investigador de la UAA.
Enfermedades y riesgos potenciales en el agua
En Aguascalientes, las enfermedades renales y otros padecimientos se han vinculado en distintos contextos nacionales con la exposición a pesticidas y otros compuestos químicos presentes en el agua. Si bien el Estado cumple con la normatividad vigente, el principal riesgo radica en una eventual contaminación del acuífero, pues al depender casi totalmente del agua subterránea, no existen fuentes alternas significativas.
“En Aguascalientes las enfermedades renales por pesticidas, fármacos, hay muchos compuestos que se les llama compuestos contaminantes de preocupación emergente, son muchos tipos, productos de cuidado personal, farmacéuticos, que ya se ha visto que sí pueden tener efectos serios en animales, inclusive en seres humanos”, detalló Roberto Rico.
Incluso, dijo, “ha habido casos en los niños por ejemplo que su rendimiento escolar es bajo, en un momento dado el plomo, que hoy sólo podemos autorizar el beber el agua con menos de 20 microgramos por litro de plomo, porque en un momento dado el plomo tiene efectos sobre los niños, haciendo que su rendimiento escolar sea muy bajo, entonces sí tenemos ese tipo de problemas”.
El Río San Pedro: de drenaje a recuperación
Durante décadas, el Río San Pedro funcionó prácticamente como un cauce de aguas residuales, no obstante, a partir del año 2000, comenzaron a operar más plantas de tratamiento en el Estado, posicionando a Aguascalientes entre las entidades con mayor proporción de agua tratada en el país.
Gracias a estos procesos, la calidad del agua del río ha mejorado significativamente, sin embargo la prioridad debe ser proteger el acuífero, reducir la sobreexplotación y fortalecer la vigilancia de contaminantes emergentes para garantizar la seguridad hídrica de las futuras generaciones.
“El otro problema es el Río San Pedro, que por muchos años ha sido agua de drenaje la que fluye en el Río San Pedro, a partir del año 2000 empezaron a proliferar más plantas de tratamiento, yo creo que Aguascalientes es uno de los estados donde mostramos más tratamiento de agua en todo el país y gracias a ese tratamiento de agua la calidad del agua del río ha mejorado”, concluyó Roberto Rico.
