Exhorto contundente de la Iglesia Católica ante el proceso electoral de 2027
Ante la efervescencia política que comienza a vivirse de cara a los próximos comicios, Monseñor Juan Espinoza Jiménez, Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, lanzó una fuerte y directa exhortación a quienes tienen la mira puesta en las elecciones del 2027. Durante su homilía dominical, el jerarca católico exigió a los aspirantes a una candidatura ser sal y luz en su actuar público, recordándoles que la política debe entenderse como un ejercicio de servicio a la ciudadanía y de respeto absoluto a la dignidad de las personas, y no como un medio para servirse del poder, pactar con la violencia o ceder ante las presiones del dinero y el crimen.
Rechazo tajante a la corrupción y al uso político de la fe
Con la claridad y contundencia que le caracteriza en sus mensajes litúrgicos, y tras pedir permiso a los asistentes para dirigir una palabra exigente a quienes ya trabajan en busca de las candidaturas para la sucesión gubernamental y los diferentes cargos políticos en juego para el 2027, el pastor de la Iglesia Católica profundizó en lo que significa verdaderamente asumir este compromiso.
Monseñor Juan Espinoza Jiménez pidió a los aspirantes rechazar rotundamente la corrupción, el clientelismo político, la mentira, la manipulación de los pobres y, de manera muy enfática, el uso de la fe como propaganda política. En alusión al mensaje del Evangelio dado a conocer en los recintos religiosos, recordó que la misión de los aspirantes creyentes debe centrarse en defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, proteger a las familias, trabajar por los sectores más necesitados y promover el bien común en todo momento.
“Ojalá que mis hermanos creyentes hijos de esta Diócesis, que tienen capacidad, están preparados y que tienen fe, que quieran lanzarse a las candidaturas, cumplan con su misión correctamente y hagan vida este Evangelio de ser sal para la tierra y luz del mundo”, subrayó el Obispo de la Diócesis de Aguascalientes.
Advertencia contra la violencia y la ambición en la vida pública
Sin recurrir a parábolas, el jerarca católico advirtió que existe una contradicción radical entre el llamado a ser sal y luz y las prácticas deshonestas que lamentablemente permean en la política. Afirmó que se traiciona dicho principio cuando se pacta con la violencia, cuando se normaliza la corrupción, cuando se legisla en contra de la dignidad humana o cuando la conciencia personal se vende por ambición.
Para ilustrar este compromiso ético, el Obispo sentenció de forma directa: “Un político cristiano que no vive el Evangelio en la vida pública, no es luz sino oscuridad y no es sal sino sal desabrida que pierde su sabor, escandaliza y perjudica al pueblo”. En su mensaje, reiteró el deseo de que aquellos fieles católicos con vocación de servicio que decidan participar en las elecciones desempeñen su labor con rectitud y apego a los valores morales.
El poder como instrumento de servicio y no de beneficio personal
En el núcleo de su mensaje dominical, Monseñor Juan Espinoza Jiménez insistió en que quienes buscan candidatearse deben tener muy claro que el objetivo principal no es la búsqueda del poder por el poder mismo.
“A ellos, a estos hermanos que dicen yo quiero candidatearme, les digo, sean sal y luz para el mundo. Y ello significa ante todo no buscar el poder por el poder o para servirse, sino servir al pueblo. Significa rechazar la corrupción, el clientelismo, la mentira, la manipulación de los pobres y el uso de la fe como propaganda política”, reiteró ante los feligreses.
Llamado a los votantes y deberes del político cristiano
Hacia el final de su intervención, el Obispo de la Diócesis de Aguascalientes extendió su llamado a la ciudadanía y a los votantes, exhortándoles a no participar en prácticas de corrupción, a negarse a vender su conciencia y a mantenerse firmes en la defensa de la verdad y la dignidad humana ante cualquier circunstancia.
Finalmente, Monseñor Juan Espinoza Jiménez concluyó que para un político cristiano, la verdadera esencia de ser sal y luz radica en gobernar con estricta justicia, absoluta transparencia y total coherencia moral, sabiendo escuchar a los pobres, defendiendo la vida desde la concepción hasta su fin natural, protegiendo a las familias y, sobre todo, teniendo la fortaleza necesaria para resistir las presiones del dinero y del crimen.
