El encarecimiento del gas golpea con fuerza los bolsillos en Aguascalientes por la guerra

José Luis Bonilla

La escalada de precios en los energéticos no da tregua en el mercado local de Aguascalientes. El tanque de gas butano de 30 kilogramos oscila actualmente entre los 585 y los 610 pesos, una situación que está impactando de forma severa en la economía de las familias y de los miles de negocios de alimentos que dependen de este combustible indispensable para su operación diaria.

De acuerdo con diversos actores del sector, el encarecimiento de este producto básico no es un fenómeno aislado ni responde a decisiones caprichosas de los empresarios locales. La principal causa detrás de este reajuste constante se encuentra en los efectos colaterales de la guerra en Medio Oriente, un conflicto internacional que continúa desestabilizando los mercados globales del petróleo y, por consecuencia directa, encarece todos sus derivados, incluido el gas licuado de petróleo (gas LP).

Un impacto directo al gasto familiar en Aguascalientes

Las plantas gaseras que operan en la entidad no se han quedado a la zaga de lo que ocurre con otros combustibles altamente demandados, como la gasolina y el diésel. Ante las fluctuaciones internacionales, las compañías se han visto en la necesidad de ajustar los precios del energético hacia arriba semana con semana, lo que se traduce en un golpe constante al poder adquisitivo de los ciudadanos.

“El gas está subiendo, cada ocho días nos marcan nuevos precios y quien paga los platos rotos son los consumidores, en este caso las familias que son las que resultan lastimadas en su economía por lo caro del gas”, coincidieron en señalar empresarios gaseros y empleados de las compañías del ramo que cubren el mercado local.

Esta dinámica de aumentos semanales genera una enorme incertidumbre financiera en los hogares de Aguascalientes, donde el presupuesto destinado a los servicios básicos debe reajustarse constantemente para hacer frente al encarecimiento de la vida diaria, restando recursos para otras necesidades prioritarias como la alimentación, la salud y la educación.

¿Cómo se determinan los precios del gas LP en la entidad?

A diferencia de otros combustibles que cuentan con regulaciones o esquemas más estrictos, en el caso del gas butano no existe un precio unificado ni tampoco topado, a diferencia de lo que ocurre con la gasolina verde y ahora también con el diésel.

Por lo regular, son los sábados por la noche cuando se establecen y entregan los nuevos tabuladores de precios, los cuales entran en vigor de manera oficial a partir del domingo. Esta falta de un tope generalizado permite que las tarifas varíen ligeramente entre los diferentes expendios, situándose actualmente en el rango de los 585 a los 610 pesos por el cilindro tradicional de 30 kilos.

En ese sentido, los gaseros que pidieron omitir marcas indicaron que el aumento del calorífico “no es por gusto y tampoco fortuito”, sino resultado de los incrementos en los precios internacionales del petróleo que impactan en todos los derivados de ese elemento. Las empresas del sector, argumentan, operan bajo márgenes donde no están dispuestas a absorber las pérdidas financieras derivadas de la recepción de un producto cada vez más costoso en los centros de abasto nacional e internacional.

El papel de los distribuidores y repartidores ante el ajuste semanal

La cadena de distribución también resiente los efectos de esta volatilidad. Los repartidores y empleados encargados de llevar el combustible directamente a los domicilios y comercios locales operan bajo una estructura vertical en la que sus márgenes de maniobra y decisión son nulos respecto a las tarifas finales aplicadas al consumidor.

A su vez, los distribuidores consultados indicaron que a ellos únicamente se les entregan los nuevos precios cada que aumenta y que es por lo regular los fines de semana. “Los directivos de las empresas de gas no nos dicen a los repartidores nada, se limitan a marcarnos los nuevos precios del tanque relleno y del gas a granel que se comercializa en expendios y en las mismas gaseras”, indicaron.

Esta desconexión operativa evidencia que los trabajadores de campo solo fungen como el último eslabón de una cadena afectada por choques macroeconómicos internacionales ajenos al control local, teniendo que lidiar directamente con el descontento de los consumidores ante los constantes incrementos reflejados en el costo del tanque.

Panorama desalentador: el gas seguirá subiendo

Las perspectivas a corto y mediano plazo para la economía doméstica no son alentadoras. Los factores geopolíticos globales continúan marcando la pauta en los mercados energéticos, sin visos inmediatos de una estabilización en la región del Medio Oriente que permita relajar las presiones sobre el costo de los hidrocarburos.

En ese sentido, los trabajadores y distribuidores mencionaron que “a como está el conflicto de Medio Oriente”, lo más seguro es que el precio del gas licuado de petróleo seguirá aumentando y que las familias y los comerciantes que utilizan al gas como producto primario tendrán que seguir comprando cada vez más caro el calorífico.

Para el sector comercial de alimentos —que incluye desde pequeños restaurantes y fondas hasta puestos callejeros y panaderías en Aguascalientes—, este panorama representa un desafío mayúsculo que pone en riesgo su rentabilidad, obligándolos a absorber el golpe financiero o a transferir una parte del incremento al consumidor final, lo que a su vez alimenta las presiones inflacionarias en la región.