La tradición de hacer calaveras de barro se remonta en Aguascalientes a alrededor de 180 a 200 años, considera el artesano Rosalío Estrada de Lira, quien junto con su esposa, Guadalupe Lozoya, heredó la usanza de su suegra, Camila Zamora, quien a su vez recibió la estafeta de su madre, que también elaboraba estas tradicionales calaveras de barro, cuya hechura se va perdiendo año con año porque ya casi nadie quiere fabricarlas, según lo comentó en entrevista a HIDROCÁLIDO.
Destacó que en el anterior taller de Doña Camila se llegaban a elaborar seis mil calaveras al año para surtir los pedidos de varios estados del país, así como municipios de Guanajuato, como San Miguel de Allende y León, entre otros, además de que venían por las cargas de calaveras de otros estados de la República, por lo que su suegra empezó a fabricar para enviarlas a otros lados, más que para venderlas en el Estado, aunque también mantenía su puesto en la Feria del Hueso, que se colocaba en las inmediaciones del Parián, en donde por muchos años estuvo esta tradicional venta de calaveras de barro, con muchas figuras que se han ido perdiendo, pues comentó que es difícil hacer los esqueletos y que éstos, por ejemplo, él es el único que los hacen porque se componen de diez piezas que han de unirse con alambre.
Comentó que no es fácil hacer calaveras, sin embargo, el oficio lo aprendió a los 20 años y por lo tanto tiene 62 años de hacer estas típicas figuras tan emblemáticas de las celebraciones de Día de los Fieles Difuntos en todo el país y que en Aguascalientes han tenido presencia gracias al trabajo de este taller que por varias generaciones ha realizado las calaveras de barro, para los cuales cuenta con todos los moldes de figuras para elaborar en su taller de la calle Doctor Alberto del Valle.
En realidad, la elaboración de calaveras en Aguascalientes tiene una antigüedad indeterminada, puesto que a decir de Don Rosalío, también la abuela de su esposa fabricaba estas calaveras, y él, al contraer nupcias con Guadalupe Lozoya, comenzó a hacer calaveras en el taller de su suegra, en donde se fabricaban miles de calaveras anualmente, pero al fallecer Doña Camila y quedar su casa en manos de otros familiares, el antiguo horno fue inhabilitado y ahora él trabaja en su propio horno que él fabricó, en donde realiza en cada horneada alrededor de 600 calaveras.
Todo el año acopia leña y las va fabricando poco a poco para enviar su producción al puesto de calaveras de la familia, llamado La Catrina Elegante, en donde atiende su hija Adela.
Comentó que él realiza todo el proceso: desde amasar el barro, hacer las figuras, cocerlas y pintarlas para que después ocupen un lugar en la Feria de los Muertos, en donde por desgracia ya venden más ropa que calaveras y otros productos.
LA TRADICIÓN VA MURIENDO LENTAMENTE
Debido a esta circunstancia y la falta de interés de las nuevas generaciones de elaborar calaveritas de barro, es que la tradición va muriendo lentamente y año con año son menos los puestos en donde se venden estas creaciones tan propias de la tradición mexicana del Día de Muertos.
A sus 82 años, nuestro entrevistado todavía se siente útil y agradece que lo busquen para conocer su labor creadora, misma que por años le ha dado vida a una tradición en riesgo de extinción.




