La percepción social sobre la enfermedad de Parkinson ha dado un giro drástico en los últimos años. Lo que anteriormente se consideraba un padecimiento exclusivo de los adultos mayores, hoy se presenta como una realidad que afecta a personas que apenas superan los 40 años de edad. En un contexto donde la prevención y el conocimiento son las mejores herramientas, los especialistas advierten sobre el incremento en la prevalencia de este trastorno neurodegenerativo.
Un fenómeno al alza en las últimas décadas
En los últimos cinco lustros, la prevalencia de la enfermedad de Parkinson se ha duplicado a nivel global. Se estima que alrededor de 6.5 millones de personas en todo el mundo padecen esta condición. Aunque el IMSS reitera que el riesgo aumenta considerablemente después de los 60 años, la incidencia en pacientes jóvenes —incluso menores de 40 años— es un tema que requiere atención prioritaria en la agenda de salud pública.
En el marco del Día Mundial del Parkinson, conmemorado cada 11 de abril, instituciones de salud han intensificado el llamado a la concientización. La neuróloga Alejandra Calderón Vallejo, especialista del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), enfatiza que, aunque no existe una cura definitiva para este padecimiento progresivo, la calidad de vida puede mejorar significativamente mediante tres pilares: una detección en etapa temprana, un estilo de vida saludable y, fundamentalmente, el acompañamiento cercano del círculo familiar y social.
Identificación de síntomas: ¿Qué señales observar?
Para lograr un diagnóstico oportuno, es crucial que la población aprenda a reconocer los signos iniciales. La doctora Alejandra Calderón destaca que los síntomas suelen ser sutiles al principio, pero progresivos:
- Temblor de reposo: Es un síntoma característico donde el temblor ocurre cuando la mano está quieta; al tomar un objeto o realizar una actividad, el movimiento disminuye o desaparece. Además, es asimétrico, es decir, comienza más fuerte en un lado del cuerpo y progresa con el tiempo.
- Alteraciones motoras y físicas: Se observa una notable lentitud de movimientos (bradicinesia), rigidez muscular e inestabilidad al caminar.
- Cambios sutiles: Los pacientes pueden notar que su escritura se vuelve más pequeña (micrografía), su voz se escucha más suave o “quedita”, y su expresión facial se torna seria o rígida.
- Sentidos: La pérdida de olfato es otro indicador que debe ser motivo de consulta médica.
La importancia de la empatía y el soporte emocional
El lema de la efeméride de este año, “Imagina cómo sería tu vida con Parkinson”, busca fomentar la empatía en la sociedad. Según la neuróloga del IMSS, la evolución clínica de los pacientes está intrínsecamente ligada a su entorno emocional.
“Pacientes que vemos que tienen un buen acompañamiento, un buen grupo social, la evolución es mejor, porque tienen quien esté pendiente de ellos. Si tenemos un familiar que tenga esta enfermedad, justamente este año el lema de esta efeméride es concientizar qué sentirías si fueras tú el paciente y qué podemos hacer para apoyarlo”
Calderón Vallejo subraya que, si bien el paciente mantiene su independencia en las fases iniciales, el soporte emocional y el apoyo en actividades cotidianas son factores determinantes para una mejor respuesta al tratamiento.
Atención multidisciplinaria en Aguascalientes y el país
Ante este panorama, el Seguro Social cuenta con equipos multidisciplinarios desplegados en los tres niveles de atención. El objetivo es ofrecer un abordaje integral que va más allá de la neurología. Estos grupos de trabajo están conformados por especialistas en:
- Neurología y Neurocirugía
- Psiquiatría y Medicina Interna
- Medicina de Rehabilitación y Nutrición
- Medicina Familiar
Esta estructura permite atender las diversas aristas de la enfermedad de Parkinson, garantizando que el paciente no solo reciba tratamiento farmacológico, sino un seguimiento clínico completo que ayude a ralentizar el avance del padecimiento. La invitación para la ciudadanía es clara: ante cualquier síntoma sospechoso, la detección temprana es la diferencia entre una vida con calidad y una evolución acelerada de la enfermedad.
