Redacción14/03/202013min440

Moisés Díaz Jiménez

"El arte no tiene límites ni fronteras"
Un pintor fuera de serie, sencillo, auténtico, disciplinado, trabajador, tenaz y con un gran sentido creativo. Moisés creció en una familia humilde, llena de carencias, lo que le enseñó a luchar por lo que quería. La necesidad lo orilló a trabajar desde muy chico, a los nueve años aprendió a coser a máquina, a planchar y a hacer trabajos de sastrería.
Maestro ¿cómo descubre sus habilidades y gusto por la pintura?
Fue mi padre quien me descubrió y quien me impulso en este mundo, cuando aún era muy chico veía que me gustaba dibujar y que además tenía habilidades. Fue él quien me empezó a comprar lápices de colores y lápices para dibujar. En aquel tiempo mi abuelita conservaba varios almanaques donde estaban las pinturas de Jesús Helguera y mi papá me decía vas a copiar este almanaque, el primer trabajo que hice fue el de La Leyenda de los Volcanes.
En su familia, ¿había artistas o alguien que se inclinara por alguna expresión del arte?
Pues mi abuelo era bohemio, zapatero de oficio, le gustaba la opera, la opereta, zarzuela y estaba muy cercano al arte, siempre escuchaba rock, música clásica, era muy buen dibujante, pero terminó como abarrotero.
Mi padre también fue diseñador, él era sastre y por su propia cuenta empezó a estudiar y diseñó patrones de corte y confección para ropa masculina y femenina. Era una especie de diseñador autodidacta, tenía mucha habilidad para diseñar y dibujar, era un gran matemático erudito todo de manera autodidacta.
¿Dónde y cómo inicia su formación artística?
A finales de los sesenta mi papá me llevó a tomar un taller de dibujo y pintura en la Casa de la Cultura, aunque en la primaria nos daban manualidades, carpintería, decoración de cerámica, recuerdo que la primera pintura ya más formal la hice al terminar la primaria, era una imagen de un japonés con un farol, un paisaje muy oriental de aquellos que venían enumerados y se iban rellenando, conforme el número indicaba el color. Fue el primer contacto que tuve con la pintura.
Más tarde empecé a trabajar en una fábrica textil porque hacía falta el dinero en la familia, mi abuelo decía que yo era un ‘obrero clasificado’, siempre seguí tomando cursos de pintura, combinaba mis horarios, en la fábrica estaba en el departamento de acabados, el contacto con el color y los hilos me estaban involucrado más con las artes visuales, ya estaba más comprometido con la expresión textil. Duré 19 años en la fábrica, así estudié la preparatoria, fue un tiempo muy pesado, la escuela, la fábrica y mis estudios de pintura me formaron en la disciplina y la lucha constante.
Maestro, ¿usted maneja alguna técnica en especial?
Es una técnica mixta, es una mezcla de lo que es el grabado y la pintura, una mezcla de serigrafía, oleo, materiales de dibujo, acrílico, encaustos, es lo que llaman ahora el mestizaje de las técnicas, ahora le han puesto como muchos nombres. Para llegar a esto tuve que aprender grabado, serigrafía, grabado en hueco, técnicas de grabado, diseño, vitrales. Pasé por varios maestros muy importantes y reconocidos.
¿Ha tenido la oportunidad de estudiar en el extranjero o en otras ciudades de la República?
Toda mi formación la he hecho en esta ciudad, en 1981 mi amigo Sergio Zamarripa y yo estábamos interesados para pedir una beca e irnos a Holanda, queríamos ir por un año a la Universidad de las Artes. Fuimos a la Embajada de Holanda en la CDMX, nos hicieron una entrevista y nos cacharon que no sabíamos mucho inglés y ahí fue donde nos agarraron en corto, nos dijeron que volviéramos el año siguiente. Fue una experiencia que nos marcó, íbamos muy limitados, salimos desanimados, traíamos lo mínimo, ni para comer, compramos un pastelito y un juguito de latita y ya, nos regresamos.
El maestro Juan Castañeda nos decía que si estábamos tan animados para irnos a Holanda que porque no nos íbamos a la CDMX a perfeccionarnos en lo que queríamos ser, pero le pensamos y no, aquí nos quedamos. Nunca nos decidimos.
 
¿Cuántas obras tiene y cuáles considera que son las más representativas?
 
Desde 1969 a la fecha ya perdí la cuenta, pero son más de mil obras, algunas las conservo y otras andan en el extranjero, en Italia, Madrid, en la CDMX, en el mundo. 
De las más representativas, tengo muchas, conservo con la que gané el primer concurso a nivel nacional que de hecho no tiene título, me marcó mucho por la posibilidad de seguir luchando de seguir adelante y es representativa para mí porque fue como un punto de partida para lo que yo quería hacer realmente. La obra es un torso femenino que saqué de un pequeño dibujito como de 10 cm de un curso que estaba tomando en ese entonces con el maestro Joaquín Dimayuga. Es una pintura de figuración entre cubismo y algo de expresionismo, collage, esa pintura me marcó y me dio la posibilidad de seguir creando.
 
Maestro, ahora, ¿qué siente al ver que usted no pudo salir del país y sus obras están en otros países?
 
El arte no tiene límites, rompe fronteras, esquemas, el arte ejerce libertad en todos los sentidos, es gratificante saber que mis obras tienen presencia, tienen peso, si no estoy yo ahí, ah está mi obra presente y eso es más significativo.
 
¿De qué hablan sus obras?, ¿qué es lo que transmiten a la sociedad?
 
Soy un tipo solitario, me relaciono con mucha gente pero al final del día soy un personaje solo, voy por las noches percibiendo, detectando cosas que me inspiran y me sirven para mi trabajo. Mis obras hablan mucho de lo que yo siento, de lo que padezco, de lo que no padezco, del frío, del calor, de las emociones, de lo que tengo cerca, de lo que tengo lejos. Siempre son una expresión mía. Siempre son representaciones de nuestra misma vida, aquellos que digan que parten de cero, no es cierto, todo tiene que partir de lo que tú ves, de lo que tú vives, sientes. Si no, no tienen esa posibilidad de decir algo, las obras no nacen de la nada, todo lo que le llamen arte desde las épocas de las cavernas que a lo mejor no sabían que era arte, pero ya existía hasta nuestros días, toda la problemática social, lo que está padeciendo el ser humano, por ende te atañe a ti como parte de una sociedad, de una familia, todo incide en lo que uno va a decir, crear y hacer.
 
¿Cuáles son sus mayores satisfacciones?
 
El hecho de haber logrado hacer cosas en el arte y por el arte, de tener el reconocimiento de gente especialista en ser críticos del arte, de compañeros pintores, sensibles a todo esto, de haber conocido gente que me ha dado herramientas y que me ha motivado para seguir en esto, gente que me ha dicho lee esto, ponte a trabajar, no aflojes. Si te hieres el amor propio trata de ir más arriba, si estas convencido de que quieres esto, no hay de otra, a darle. Mi padre me lo dijo, “si vas hacer algo en esto, trata de hacerlo lo mejor que puedas, no te quedes en medio”.
 
Por último ¿qué viene para usted?, ¿que nuevos retos tiene?
 
Este año hay un Trienal que será en Tijuana, y es internacional. Estamos preparándonos para participar en bienales nacionales. Me falta hacer cosas, romper mis propios esquemas, no conformarme, la gente que nos dedicamos a las cuestiones creativas no tiene que conformarse, el que se conforma ahí quedó. Me interesa romper mis propios esquemas, ya tengo un lapso de tiempo en que estoy trabajando la serigrafía, sigo trabajando las mismas técnicas pero estoy rompiendo el esquema que tenía de la figuración, la pintura expresionista, los textos, la caligrafía, las cuestiones de tipografía y estoy tratando de que mi trabajo sea más fuerte. De repente te llegan a decir ‘hay qué bonito’ y eso es lo que más te duele porque llega a ser bonito, pero ¿y luego?. Entonces uno busca un mensaje más potente, que mis obras tengan algo más qué decir y eso estoy tratando de hacer ahorita.
 

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