Pese a que la Dirección de Regulación Sanitaria del ISSEA diera a conocer que Aguascalientes se encontraba libre de bebidas alcohólicas adulteradas, dueños de bares, antros y merenderos manifestaron que dicho problema aún persiste.
“Esta situación no es algo nuevo, lo que pasa es que antes se daba en bebidas de baja gama, venía muy adulterado el Centenario Plata y el Etiqueta Roja, llegaban y te decían ‘tengo del bueno y del caro’”, indicaron los antreros.
En este sentido, dijeron que en algunos lugares había promociones que se referían a esas marcas; “afortunadamente pasaron de moda y ya no es muy común eso, ahorita son los preparados, que es una combinación de bebidas energéticas con alcohol como los azulitos y cubanitos”.
Apuntaron que esto “no es nuevo”, pero ahora comenzaron a circular marcas de alta gama adulteradas como el Don Julio 70, el 1800 cristalino o Buchanans.
A pregunta expresa de quiénes eran los que llegaban a ofrecer dichos productos a los bares y antros, los empresarios del sector explicaron que es una situación bastante rara porque existen proveedores que están ya establecidos, pero creemos que a la par de estos llegan algunos que ya se mueven dentro del medio y que aunque no pertenecen a una distribuidora tienen cajas con el producto.
A pesar de dicha situación dijeron no tener la certeza de que la delincuencia organizada pudiera tener relación con esto, ya que se desconoce cuál sería el margen de ganancia con la venta de bebidas alcohólicas adulteradas; “por ejemplo, si una botella de Don Julio 70 te cuesta mil pesos, ahí la puedes comparar en 500 pesos”.
Asimismo, apuntaron que los vendedores de estos productos pueden ser personas cercanas al círculo de los empresarios; “hay gente muy conocida que se dedica a vender hasta los condimentos pirata para preparar las bebidas, ya no es solamente el vino”.
Advirtieron que aceptar este tipo de ofertas «por fuera», atraídos por el bajo costo, no sólo pone en riesgo la reputación y la licencia de funcionamiento de los establecimientos, sino que representa un peligro latente para la salud de los clientes, quienes confían en la legitimidad de los productos que consumen dentro de los locales formales.