Como cada quien ve lo que quiere ver, desde ayer las versiones de cómo se desarrollaba la agenda de AMLO en Washington daban dos versiones, distintas y diametralmente opuestas, pues mientras los medios afines al mandatario hablaban de los grupos de los que acudieron a sus eventos a apoyarlo, grupos contrarios que se manifiestan sobre todo en las redes, reproducían los videos que mostraban a esos otros grupos que fueron a abuchearlo, mientras que los medios, con matices, reportaban con pretendida imparcialidad actos como el de la visita al monumento a Juárez en la capital estadounidense y luego del primer encuentro con Donald Trump y la posterior conferencia de prensa, donde no se permitieron las preguntas.
Los más conservadores, ahora sí, no pudieron dejar de recordar que justo a don Benito Juárez se le acusa de su acercamiento con los Estados Unidos, potencia que, tras la victoria de Lincoln sobre Lee en la Guerra de Secesión, salvó al régimen Juarista, sitiado por Miramón en Veracruz, donde auxiliado por la Marina que con aquella fragata Saratoga impidió el desembarco de las fuerzas conservadoras que venían de La Habana, pudo romper el sitio, tras el cual se firmó aquel censurado pacto entre el embajador Robert McLane y el canciller juarista Melchor Ocampo.
Viene esto a cuento porque, hablando de encargados de la política exterior, el discurso del mandatario mexicano tras el primer encuentro con Trump, deja leer entre líneas que se minimizaron los daños y que la negociación de Marcelo Ebrard limitó los riesgos antes señalados de que el mandatario estadounidense tuviera uno de sus arranques y exhibiera al mandatario en asuntos tan delicados como el de la migración o los muchos insultos antimexicanos que ha proferido el magnate que gobierna a nuestros vecinos.
Habrá que hacer un desglose del saldo del encuentro, conocer el contenido de la carta compromiso que ambos firmaron y hasta esperar a noviembre si se confirman o no los pronósticos de que Trump no logrará su buscada reelección, para poder entender los efectos de esta visita, cuya polémica previa fue mencionada por AMLO, quien justo habló del entendimiento entre Lincoln y Juárez, y luego del que tuvieron Cárdenas y Roosevelt, mandatarios a los que dice admirar, pero que parece no entender sino superficialmente.
Pero así a bote pronto, hay que admitir que mientras la negociación previa entre Ebrard y el yerno de Trump, limitó a nada los riesgos de un exabrupto contra nuestro país, el discurso que leyó AMLO, seguramente revisado minuciosamente por los negociadores, y que será objeto de censuras de unos y de aplausos de los otros, ponderó la necesidad de una relación bilateral por encima de las diferencias, lo que permitió al presidente mexicano salir del trance sin los pronosticados raspones, salvo por ese pasaje en que agradeció a Trump que ya no insulta tanto a los emigrados mexicanos.
-Luego estuvo ese otro pasaje del desbordado nacionalismo, trasnochado a lo mejor, pero pronunciado para la galería y contando con la receptividad que Trump tiene para esas exaltaciones, lo que permite señalar que así de primera impresión la apuesta de AMLO fue afortunada, por lo menos para efectos de su imagen, que lo fue también para Marcelo Ebrard que se anotó otro tanto a su favor.