“Recibo con profunda emoción y gratitud esta presea especial de Aguascalientes”, manifestó desde la tribuna del Congreso del Estado de Aguascalientes Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, España, tras recibir la medalla especial al Mérito Cívico.
Lo anterior ante la presencia de la gobernadora del Estado, Tere Jiménez; legisladores federales y locales, excepto los de Morena; así como otros invitados especiales. La política española señaló que Aguascalientes representa una tierra admirable, que celebra cuatro siglos y medio de historia, trabajo y tradiciones; “la recojo a nombre de los ciudadanos de la Comunidad de Madrid, quienes sentimos por México un verdadero, profundo y sincero afecto”.
Recordó los inmensos lazos entre ambas naciones, ya que cada vez hay más españoles viviendo en México y mexicanos en España. Además, agradeció la hospitalidad por parte de la gobernadora de Aguascalientes, Tere Jiménez, por impulsar dicho reconocimiento, tras señalar que la mandataria es una mujer valiente y entregada al servicio público.
La política y periodista indicó que dicho evento es un reflejo de que las relaciones entre naciones no se sostienen únicamente a través de tratados protocolarios, sino también por millones de historias personales cotidianas: amigos nuevos, artistas, canciones, películas y conversaciones en torno a una mesa.
Al tiempo que la invitada especial dirigía sus palabras, afuera del recinto legislativo se escuchaban consignas y protestas en contra de la entrega de dicho reconocimiento; asimismo, en punto de las 11 de la mañana comenzaron a sonar todos los celulares de los presentes con la alerta de simulacro de sismo.
Sin embargo, Isabel Díaz Ayuso continuó diciendo que México y España son parte de una misma familia, con idioma, una religión y valores compartidos desde hace cinco siglos; “hay quienes quieren renegar de ello e incluso encontrar en el pasado respuestas y quizá excusas en los problemas de hoy”, manifestó luego de decir que mientras unos ven problemas, otros ven oportunidades.
Y apuntó que quienes no quieren asumir esta realidad suelen tener una profunda aversión por la libertad y la pluralidad; “necesitan dividir entre buenos y malos a los ciudadanos. Buenos los que asumen de manera oficial todo aquello que se dicta desde el poder aunque no sea cierto y que todo lo nuestro es un fallo. Y malos los que se sienten orgullosos de habernos encontrado y mezclado hasta ser hoy una comunidad de 600 millones de almas”.