“Somos la suma de todos los que conocemos” es la frase que da inicio a El Viaje Infinito, una propuesta de danza contemporánea que apuesta por la inclusión y la experimentación sensorial. La obra, dirigida por Ángel Luna Pedroza, presenta a intérpretes con discapacidad visual en una coreografía guiada únicamente por el sonido y el contacto físico, en un entorno completamente a oscuras.
La función se desarrolla durante poco más de 40 minutos en total oscuridad, en un intento por igualar las condiciones entre público y artistas, agudizando los sentidos del tacto y el oído. Diez bailarines, vestidos de negro y blanco según su capacidad visual, ejecutan una coreografía sincronizada sin depender de la vista, dejando al espectador construir imágenes a partir del sonido y la descripción narrativa.

La escena culmina en un dramatismo absoluto cuando se apagan las últimas luces y el Teatro Antonio Leal y Romero queda completamente a oscuras. La resonancia de la danza y la música permanece, dejando una huella sensorial en el público, en su mayoría adolescentes conmovidos por la experiencia.
Ángel Luna, al cierre de la función, agradeció al público y al equipo detrás del montaje, haciendo énfasis en el esfuerzo y compromiso de los artistas con discapacidad que conforman el elenco.

Un proceso creativo desde la memoria sonora
En entrevista con JLMNoticias, José Ángel Luna compartió el origen de El Viaje Infinito, una idea que germinó en 2017 como parte de su tesis, basada en el sonido y el contacto como herramientas principales de expresión escénica.
La obra está construida sobre tres pilares: ubicación espacial, contacto físico con el compañero o el suelo, y percusiones corporales. Estos elementos han sido registrados como propiedad intelectual y refinados a lo largo de los años hasta consolidarse en esta propuesta que fue seleccionada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en 2023.

La música original fue compuesta por el maestro Heber Cruz, de Monterrey, a partir de recuerdos sonoros de los propios bailarines: cantos tradicionales, el ruido del tren, tambores, y los sonidos propios de las vivencias familiares. La conexión con la memoria auditiva se convierte así en un hilo conductor de la obra.
Un viaje personal convertido en arte
El nombre El Viaje Infinito tiene un significado íntimo para su creador. Representa el trayecto migratorio que su padre realizó hacia Estados Unidos, cuyas historias—marcadas por gritos, disparos, cercas electrificadas y peligros— formaron un imaginario sonoro que inspiró la pieza. “Cuando nos morimos, no es que dejemos de existir. Nuestro viaje continúa en quienes tocamos con nuestras acciones”, explicó Luna.

Inclusión como eje central
La convocatoria para seleccionar a los intérpretes con discapacidad visual se realizó en coordinación con el DIF municipal. La intención fue clara: demostrar que una persona con ceguera puede aprender y crear desde otros sentidos, a través de la exploración guiada por la voz, el contacto y el sonido.
Ángel Luna subraya que esta obra no busca «verse bonita», sino generar una experiencia sensorial tanto para los intérpretes como para el público. “Se trata de valorar lo que tenemos y lo que podemos crear con ello”, apuntó.
Los ensayos se desarrollaron durante cuatro meses, seis días a la semana, con un compromiso total por parte de los participantes, muchos de los cuales pisaban por primera vez un escenario.
Voces del escenario
Óscar Márquez, de 38 años, perdió la vista hace seis años. Reconoce que al inicio sintió miedo y nerviosismo, pero su gusto por el baile lo impulsó a continuar. “Aunque mi cara no lo exprese, esto me hace feliz”, confiesa.

José de Jesús Martínez , de 46 años, trabajó como mesero y chofer antes de perder la vista. Ahora, tras superar el desafío de integrarse a una coreografía mediante técnicas de conteo, celebra su inclusión en el proyecto. “También nosotros podemos participar, solo necesitamos más espacios”, expresó.

Eduardo Ulloa Moreno, de 32 años, tiene discapacidad múltiple, pero eso no impidió su adaptación al elenco. Su mayor reto, según comparte con humor, fue “cargar a algunos compañeros” durante ciertas escenas.
Temporada en cartelera
El Viaje Infinito se presenta del 7 al 11 de abril en el Teatro Antonio Leal y Romero, con funciones a las 9:00 y 11:00 de la mañana. El acceso es limitado a 200 personas por función. Tras esta temporada, se prevé una gira por diversos municipios del estado.


