Estamos entrando a una etapa en donde la rentabilidad ya no puede darse por sentada; lo que está ocurriendo no es un caso aislado sin implicaciones, es una alerta sobre la necesidad de fortalecer la competitividad industrial de México, pero si no generamos condiciones adecuadas, certidumbre, estabilidad y una estrategia clara frente a los cambios globales, estos casos podrían comenzar a replicarse, dijo la presidenta de CANACINTRA, Ericka Muñoz, acerca de la suspensión del pago de utilidades este año por parte de Nissan.
El reparto de utilidades es un termómetro de la salud empresarial, enfatizó.
En cuanto a la cercanía del mes de mayo y la declaración que acaba de hacer Nissan respecto a que no dará utilidades este año, la dirigente empresarial comentó que no estamos en una crisis generalizada, pero que “el anuncio de Nissan es una señal que en México no podemos ignorar, pero no debe leerse como una condición general de toda la industria; sin embargo, tampoco puede desestimarse, es una señal clara de que el entorno industrial está cambiando y que las presiones ya están alcanzando a empresas de alto nivel”.
Anotó que hoy la industria en México enfrenta un momento de alta exigencia, presiones en costos, ajustes en la demanda global, nuevas reglas del comercio internacional y decisiones corporativas que están redefiniendo la operación de las plantas productivas.
“En este contexto, el reparto de utilidades no es un tema de voluntad, sino de resultados reales: es importante explicarlo con mucha claridad porque las utilidades no se determinan por cuánto se vende en una empresa, sino por el resultado fiscal que se obtiene después de cubrir costos, inversiones, operación, impuestos y otros compromisos”.
Es decir, una empresa puede tener altos niveles de ventas y aun así no generar utilidad fiscal, mencionó; “por ello es fundamental entender que el reparto de utilidades responde a la realidad financiera de cada empresa en México; no todas están en la misma condición. Muchas industrias continúan generando valor, empleo y utilidades que serán repartidas con sus trabajadores, pero también es cierto que estamos entrando en una etapa donde la rentabilidad ya no puede darse por sentada”.
Agregó que lo que está ocurriendo no es un caso aislado sin implicaciones, sino que es una alerta sobre la necesidad de fortalecer la competitividad industrial de México y “si no generamos condiciones adecuadas, es decir, certidumbre, estabilidad y una estrategia clara frente a los cambios globales, estos casos podrían comenzar a replicarse”.
Recordó que el reparto de utilidades es un termómetro de la salud empresarial y cuando ese termómetro envía señales distintas, lo responsable no es alarmar, pero tampoco ignorar.
“Hoy más que nunca, México debe enfocarse en proteger su capacidad productiva, cuidar a sus empresas y fortalecer el entorno que les permite generar valor, porque cuando la industria se debilita, el impacto no es sólo empresarial, es económico, laboral y social”.