Lamentablemente por el hartazgo de la violencia que sufren las mujeres, las ha llevado a tomar justicia por su propia mano o utilizar las acciones sociales para exponer a personas acosadoras, violentadoras o deudores alimentarios, señalaron integrantes del Colectivo Cultivando Género.
“Estamos hartas porque hay un sistema que no nos escucha, que nos expone y que sigue la producción de las violencias. Vivimos en el mundo de no pasa nada para las mujeres”, dijeron.
Mencionaron que por más que las funcionarias porten sus pañuelos morados en la mano, significa que sean realmente aliadas a las causas o que estén trabajando por éstas; por ejemplo, ante las denuncias de acoso en los Centros de Justicia, les indican a las mujeres que no existen las suficientes pruebas para juzgarlo, “ese trabajo le corresponde a ti, Centro de Justicia, buscar las evidencias para garantizar ese acceso”.
Otro problema, señalaron, es el hecho de que a las mujeres que acuden a solicitar una orden de protección se les niega, que regresen en un par de meses, pero en el caso de que se las otorguen, ya no se las vuelven a renovar.
Por lo anterior, cuestionaron si realmente vale la pena denunciar ante los casos de feminicidio y de violencia de éste y el año pasado, “cuando el sistema no nos cree”.
Apuntaron que los procesos para realizar las denuncias son muy complicados y únicamente se pueden realizar en un horario de atención hasta las tres de la tarde, cuando la mayor parte de las mujeres se encuentra laborando.
Por último, señalaron que las empresas tampoco acompañan ni comprenden la situación en la que se encuentran sus trabajadoras que requieren de ir a presentar la denuncia, que además reporten el salario real que los deudores alimentarios están percibiendo y que tengan protocolos ante casos de acoso y hostigamiento laboral.

