Ayer circuló con profusión un video escalofriante: un joven se arroja de un puente de un distribuidor vial en León, Guanajuato, ante la vista de unos horrorizados policías.
Con el correr de las horas se empezaron a conocer detalles del suicidio que quedó grabado en video: el joven era un policía vial en activo y momentos antes de su fatal decisión grabó un sentido video donde pedía a quienes lo conocieran dos cosas: que no estuvieran tristes y que cuidaran su salud mental.
El trágico suceso ocurrió cuando el policía, quien conducía una patrulla que supuestamente llevaba a reparar, detuvo el vehículo sobre el puente y se subió al barandal. A pesar de que al lugar acudieron rápidamente compañeros de la corporación y amigos para dialogar con él e intentar disuadirlo durante varios minutos, el muchacho, de nombre Maciel, consumó el suicidio.
Es terrorífico ver el video, porque el joven ni lo pensó, se arrojó y el ruido que hace su cuerpo al estrellarse en el pavimento es escalofriante, es algo que nadie debería haber visto y nadie debería haber sufrido, como el mismo joven elemento.
Para que ese policía, de no más de 30 años llegara a ese punto, seguramente tuvieron que pasar muchas cosas por su cabeza, que no pudo procesar alguna situación, o varias, que lo llevaron a decidir quitarse la vida.
Como lo mencionamos, el testimonio más crudo es su video, el de la despedida, pues se le nota tranquilo, sereno, sonriendo, incluso en algún punto el policía en su mensaje de despedida, que duró menos de dos minutos, reveló que vivía batallas internas en silencio: “Muchos ya me conocen. Tienen historias conmigo o alguna anécdota… Les quiero dar un consejo. Por favor, siempre tomen como primordial su salud mental”, comenzó diciendo con voz calmada frente a la cámara.
En su mensaje, Maciel explicó que luchaba contra una condición emocional sumamente desgastante: “Llevaba mucho tiempo con una depresión silenciosa que me terminó consumiendo y opté por tomar las peores decisiones, pero ya estoy tranquilo, ya estoy descansando, ya por fin mi mente dejó de sonar”, confesó.
Lo más triste es el final, pues pidió a sus familiares, amigos y conocidos que no lo despidieran con dolor, sino con paz, rescatando el lado humano de su trayectoria de vida: “Quédense con los buenos recuerdos, con las buenas anécdotas. Y el día que me recuerden, puedan decir: ‘Ese Maciel, era un buen tipo’”, concluyó el oficial antes de su fatal desenlace.
Este lamentable hecho debería de abrir un debate sobre la salud mental, esa que pega a tanta gente que no sabe cómo ni a quién pedir ayuda, que se consumen en el día a día enfrentando batallas en silencio. Lo dijo claro: cuiden su salud mental; el dio el consejo, pero no lo tomó.
