Redacción11/06/20203min140

El Ayuntamiento de Tánger pinta la fachada de la emblemática Plaza de Toros

Varios operarios trabajan en las obras de revoco y pintura que actualmente se llevan a cabo en la Plaza de Toros de Tánger (Marruecos), la única del continente africano junto a la de Melilla. EFE/Abdelhakim Yamani

Rabat, 11 jun (EFE).- La Plaza de Toros de Tánger, la única del continente africano junto a la de Melilla, está recibiendo una mano de pintura y un lavado de imagen en estos días, previa al gran proyecto de restauración del coso.

Según explicó hoy a Efe el vicealcalde de Tánger, Driss Rifi Temsamani, las obras van a consistir únicamente en una intervención sobre la fachada -un revoco seguido de una capa de pintura-, que va a durar “entre dos y tres semanas”.

“La plaza está situada en una avenida principal, es lugar de paso del rey cuando viene a Tánger, también de los turistas”, explicó el vicealcalde para justificar las obras, unas obras que entran además dentro de un plan urbanístico general en la ciudad de refacción de varias avenidas.

Sin embargo, el gran proyecto de restauración para convertir la plaza en un espacio mixto -para acoger actividades comerciales y culturales- todavía tardará, sin que exista una fecha concreta porque “los trámites son muy lentos”, añadió.

Al tratarse de un “monumento nacional” desde su declaración en 2016, el ministerio de Cultura tiene voz en el proyecto, al igual que el ayuntamiento (propietario del lugar) y la wilaya o delegación del gobierno, por lo que los trámites administrativos son complejos y largos, “y es imposible dar una fecha”.

La Plaza de Toros fue construida en 1950, en época del Protectorado Español sobre Marruecos, y solo sirvió como ruedo taurino durante seis años; el resto de su vida ha sido sala de conciertos, ring de boxeo y hasta campamento de internamiento de emigrantes.

Actualmente abandonada y con una enorme higuera que ha crecido en su interior, sirve de cobijo a cuatro familias que viven irregularmente en el ruedo, asegurando tener derechos por ser los descendientes del último acomodador que trabajó en el coso en la efímera vida taurina del lugar.

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