Punto de no retorno, nada es igual

Hidro (3) (1)
Te presentamos la quinta entrega de nuestro especial "Voces desde el encierro".

El viaje resultaba perfecto para salirnos de la rutina, viajar juntos con los amigos y la familia nos había resultado en los últimos años gratificante, a mi esposo y mis hijos les agradaba la idea, la convivencia mejoró mucho entre nosotros, nos convertimos en personas más sabias y hasta cierto punto congruentes, respetábamos los espacios, la individualidad de cada quien, además viajar con mis amigas siempre había sido un reto, para descubrirnos más, para renovar nuestros lazos y compromisos, nunca nos imaginamos como íbamos a terminar, la aventura superó nuestras más obscuras expectativas.

Mis amigas son muy especiales, cada una con un sello muy característico.

Durante el vuelo a Perú, teníamos reservado visitas guiadas a Machu Pichu y a Nazca, estábamos todos muy emocionados, en una escala me di tiempo de leer, de revisar las noticias, no había muchas novedades en México, quizás lo único que me llamó la atención fue un virus que descubrieron en China, y que al parecer se estaba propagando por Europa; los asiáticos son especialistas en esas investigaciones, supongo por los millones de personas que viven en sus principales ciudades.

El hotel que reservamos les pareció a todos una maravilla, nos paramos todos esperando que la recepcionista nos atendiera, de pronto miré a Ana y levantó el pulgar derecho cuando observó todos los detalles tan elegantes que nos rodeaban; Lili caminó lerdo para poder inspeccionar uno de los restaurantes, regresó emocionada y me abrazó -está perfecto- me dijo al oído. Lety bromeaba con algunos cuadros, y los gorros tejidos que vimos en el trayecto al hotel -parecen pitufos multicolores. Nena fue de las primeras en preguntarme lo del virus asiático, ella estaba con el ceño endurecido, no daba crédito a lo que estaba sucediendo en España e Italia, me cuestionó de una manera muy discreta y elegante, supongo para no crear incertidumbre en los demás; Vero se nos quedaba mirando de refilón con ganas de preguntarnos de qué estábamos hablando, le sonreí con discreción para darle a entender que no se preocupara -te lo explico después- comenté a media voz. Ella me torció la boca, y se alejó de prisa a buscar algo o a alguien del grupo, no lo sé, me dio pena no poderle aclarar las cosas, supuse que no era el momento ni el lugar adecuado.

Yo me sentía cansada deseaba dormir para recargar las pilas para estar lista para el día siguiente. Antes de retirarme me acerqué a Vero y le comenté lo que había sucedido en la recepción -no era nada amiga, sólo que Nena me preguntó la opinión del coronavirus ese que apareció en Europa, y no quería preocupar a nadie- suspiró relajada – ¡ah! Era eso ok, pues nada que ver donde estamos, miles de kilómetros nos separan de esa situación – es correcto -le contesté dándole un abrazo de esos reparadores.

Prendí la televisión desganada, me hacía falta un baño para poder conectarme con todo, di cinco pasos rumbo a la regadera cuando la voz del conductor en el programa de noticias daba un anuncio desgarrador, parece que el mundo había cambiado en esas nueve horas que dormí ¡el virus llegó a América Latina! Se reportan los primeros casos en México, en Brasil, Argentina y en la capital de Perú, la Organización Mundial de la Salud, con sus siglas OMS advertía de la peligrosidad de contagios masivos, algo similar a lo que sucedió con el H1N1 en el 2009.

Me bañé de prisa para buscar a mi familia, el corazón empezó a latirme con más fuerza, dejé el glamour de lado y me coloqué de prisa unos pantalones de mezclilla y una blusa, la primera que encontré; con poco maquillaje salí al pasillo y como si nos hubiéramos comunicado con la mente, aquello que llaman telepatía aparecieron frente a mi Vero y Lety, ambas traían la cara desencajada, hablaban a tumbos de la situación, respiré un par de veces para tratar de hablar con serenidad no quería entrar ni en conflicto ni en pánico. A Lety se le acabó la sonrisa, y Vero afianzada a mi mano con fuerza, como si yo fuera un roble y ella necesitara de mi fuerza. Nena no tardó en aparecerse, se le hizo extraño que no llegáramos al restaurante, ya que por lo general desayunábamos juntas.

  • ¿Cómo ven esto? – pregunté con sinceridad para saber la postura de cada una.
  • Mal, hay mucha incertidumbre, creo que las autoridades no saben qué hacer.
  • Escuché que están cerrando negocios, que la gente empieza a usar tapabocas, hay campañas de que lo mejor es quedarse en casa.
  • Coincido con ustedes lo mejor será ir a buscar a los demás y empezar a tomar decisiones juntos, como un equipo, todo tiene que estar bien – recalqué con un tono no muy convincente.

Todo empezó a suceder como si el destino se hubiera puesto en modo turbo, las noticias, las muertes, la desinformación, los comentarios encontrados de las autoridades, de golpe me enteré de que mis hijos y mi marido habían salido de compras, usualmente esa era nuestra costumbre, buscar las artesanías o los detalles para la casa, para después no andar con el Jesús en la boca, su ausencia complicaba mis decisiones. Los que estábamos decidimos reunirnos en una parte del restaurante que estaba más aislada, Lili y Vero estaban enfrascadas en una discusión interesante, cancelar todo o esperar. Todos querían opinar, unos miraban las noticias en el celular, otros en las tabletas, la cifra de muertos aumentaba considerablemente y los contagios igual.

  • No podemos hablar todos a la vez – dijo Lili con fuerza.
  • Es verdad, debemos de llevar un orden y como en la primaria levantar la mano por favor – comentó Nena.
  • Totalmente de acuerdo.
  • Sí por favor.

La cara se me iluminó cuando vi llegar a Emilio, corrí a abrazarlo necesitaba sentir su aliento, su cariño. Tomé su mano y lo llevé a donde estaban los demás. Nos sentamos y pedimos de la carta el desayuno, necesitaba alimento para que mi cerebro funcionará con normalidad; mis amigas y sus familias dejaron de pelear, todos nos quedamos callados se formó un silencio espectral de esos que nadie quiere sentir en la piel, supongo que asumimos el riesgo que estábamos viviendo, estábamos atrapados en un país hasta cierto punto desconocido, con reserva de avión, paseos, tours, que no sabíamos si podíamos tomar. Cuando terminamos el ultimo bocado aparecieron mis hijos, el más grande de ellos ¡nos compró cubre bocas para todos! El de en medio llevaba unos pequeños botes de gel antibacterial que empezó a repartirnos, le di un enorme beso, estaba sorprendida por su capacidad de reacción a ellos no les importaba nada, tomaron sus propias decisiones, lo primero que se les ocurrió fue protegerse y protegernos.

Pasamos varias horas ahí en medio de aquella incertidumbre, el gerente del restaurante apareció un par de veces, como si fuera un fantasma estaba pálido y dubitativo, hablamos de muchas cosas, de los diferentes escenarios que podían suceder, uno, el más favorable parecía imposible, el dos estaba más apegado a la realidad, el último escenario era el peor, quedar aislados del mundo, sin poder abordar el avión de regreso a casa y que nos sacaran del hotel a la calle. Nadie podía creerlo, pero justamente eso nos sucedió, a la mañana siguiente el botones y el gerente del hotel fueron a buscar a todos los huéspedes para invitarnos a desalojar, porque las autoridades sanitarias del país determinaron que los extranjeros eran los culpables de que el virus llegará a su país.

¡De un solo plumazo pasamos de ser visitantes gratos y bienvenidos a ser los más odiados! Salimos del lugar amenazados, y nosotros igual, señalando que íbamos a poner una queja en la agencia de viajes, con las autoridades de nuestro país, y mil cosas más, su decisión cambiaba nuestras vidas y a nadie parecía importarle. Entre mis amigas hubo llanto, frustración, coraje, las tranquilas, se intranquilizaron, las soñadoras aterrizaron de golpe a la realidad, las serias se pusieron más serias y la mamá de todos se quedó muda, en un mundo nuevo, frío y miedoso. Se prohibía el contacto social, los abrazos, los besos, todo, las calles se empezaron a quedar vacías aquello simulaba perfectamente una escena dantesca, los comercios bajaron sus cortinas, la gente se escondía de si mismo, de su propio reflejo.

Caminamos varias cuadras como vagabundos, los taxis no querían recoger pasaje, los medios de transporte desaparecieron, algunos jinetes empezaron a circular, caballos y burros con algunos costales, gente que los jalaba de pie, gente que llevaba prisa y el alma en un hilo. A doce cuadras nos topamos con una posada, una señora de edad avanzada barría la banqueta, como si quisiera espantar los malos espíritus, su mirada se clavó en la mía, como si fuéramos amigas de otros tiempos, de otra vida.

  • ¿Se quieren quedar aquí? – preguntó con absoluta seguridad – Andan levantando gente, no pueden andar por las calles de esa manera pásense por favor.
  • Mil gracias – contesté de prisa y sin pensarlo demasiado me metí a ese pasillo mal iluminado, al fondo de una pequeña fuente brotaba agua cristalina. No sé porque, pero pensé en mi madre, su recuerdo me llenó el cuerpo de esperanza, de fe, de tranquilidad, tal vez el agua cayendo, tal vez el brillo de los ojos de esa misteriosa mujer, no lo sé.

Pasamos ahí tres días, batallando con la comida, con las bebidas, todo se empezó a escasear, las personas en la agencia de viajes no nos daban ninguna solución, al mes nos volvimos clandestinos, escurridizos, nos organizábamos para salir a comprar despensa, refrescos, agua embotellada; aprendimos a rezar en grupo, agradecimos infinitamente el poder estar ahí juntos, con nuestras diferencias y experiencias, cada quien sumo, nadie restó, fue una aventura que duró un mes más de lo previsto, donde el mundo finalmente nos demostró su fragilidad, el punto de no retorno para la humanidad llegó con avisos casi invisibles.    

Ya nada será igual.

Mónica Pérez Muñoz

Nació en Guadalajara

Es comunicóloga y miembro del Colectivo Six Pack

“VOCES DESDE EL ENCIERRO” es un especial de 7 cuentos cortos de autores miembros del “Colectivo Six Pack”. (5 de 7)

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